Amigas y amigos,

Qué tal están?

He vuelto. Sigue haciendo una temperatura superior a la que debería hacer en esta época del año.

Algún día vere el invierno? Es una buena pregunta para la que no tengo una buena respuesta. Me gustaría pensar que sí, pero no las tengo todas.

Hasta aquí mi parte meteorológico. Pobre, pero honesto.

Y ahora hablemos de cosas que deberían estar viendo. O no.

Para empezar, pueden saltarse la peli de la Coixet. Un amor, se llama.

Es sobre una chica que llega a un pueblo y se encuentra con un tipo que le propone un pacto bastante siniestro. La peli está basada en un libro de Sara Mesa que tampoco me entusiasmó, pero que al menos tenía una atmósfera claustrofóbica tremendamente conseguida. No es mi tipo de libro, pero es un muy buen libro.

La película no es mi tipo de película, pero tampoco es una buena película.

Lo reconozco, hace años que no soporto el cine de Coixet. Me pone muy nervioso la manera en la que hablan sus personajes. Todo me parece vacío, vacuo, inocuo. Solo veo a unos actores siguiendo indicaciones y jamás nada orgánico o que no me parezca impostado. Me es imposible olvidar que hay una cámara de por medio y así es imposible meterse en ninguna película.

Creo que hay ningún director/a que me parezca tan artificial. No en España: en el mundo.

A pesar de ello, siempre trato de entrar a sus películas sin ningún tipo de prejuicio, aunque reconozco que cada vez me resulta más difícil. En esta ocasión, me empeñé en ir al cine con una mente limpia.

Pero nada, no hay manera, a los veinte minutos ya estaba mirando el reloj, pensando que cómo era posible que a pesar de contar con dos intérpretes de la hostia como Laia Costa y Hovik Keuchkerian no te salga ni una escena potable y que acaben hablando como los putos teleñecos, sin alma, ni corazón, ni tripas. Sin nada de nada.

Me acaban importando un pito la aldea, la chica de fuera, el aldeano, los colegas del aldeano y la madre que los parió a todos.

Por si fuera poco, el final es completamente delirante. Como si ya todos estuvieran muy cansados, hubieran tomado algo de metanfetamina y hubieran improvisado. Sin piedad. Total, ¿qué más da?

Así que yo ya les he advertido: si se deciden a ir a verla y les gusta, pues cojonudo; si se deciden a ir a verla y les parece un horror, luego no me digan que no les avisé.

Por suerte, estoy viendo una serie que se llama Lioness: Operaciones especiales en Skyshowtime. Explica los vaievenes de la jefa de un comando de blackops y de su mejor operativa. Difícil saber quién está más chalada de las dos: dos tipas más duras que un yunque y que reparten hostias como Conan en buen día.

Firma la serie Taylor Sheridan, un guionista y director que ha hecho cosas que me han flipado (como Sicario, Wind river, Comanchería o The mayor of Kingstown) y cosas que me han dejado frío al cabo de un rato (como Yellowstone o 1883). El tipo es capaz de lo mejor y lo peor y aquí yo diría que, aunque no es un excelente sí que se acerca al notable alto. Luego tiene varios problemas de que uno se ve obligado a dar diversos saltos de fe, algunos bastante grandes, pero yo juego y me lo paso bien.

Se nota que tienen pasta porque la serie empieza fuerte, las escenas de acción son ambiciosas y el diseño de producción es bien pintón.

Yo creo que es una buena apuesta para esas tardes/noches en que se llega a casa queriendo desconectar.

Pruébenla y ya me dirán.

Y hasta aquí. Porténse bien. Abrazos.

TGR