Hola amigos y amigas,

Qué tal están ustedes? (como diría Míliki).

Para empezar con mi acostumbrado repaso meteorológico, hoy hace más calor que ayer y lo único que pido es que vuelva a bajar la temperatura inmediatamente.

Hasta aquí mi repaso meteorológico.

Y ahora vamos a hablar de The killer. Yo creo que algo dije en su momento, cuando se estrenó en cuatro cines a lo largo y ancho de la península ibérica, pero ahora que se puede ver en todas las casas de España (que tengan Netflix) es el momento de extenderme un poco más.

The killer es la última película de ese genio llamado David Fincher. Por recordar algunos títulos, este señor es el responsable de obras maestras como La red social, Seven o Zodiac y de películas maravillosas como Millenium, El club de la lucha o Perdida. Incluso sus pelis flojas están muy por encima de la media: lo sabe cualquiera que haya visto el director’s cut de Alien 3.

En fin, que si digo que Fincher es uno de los grandes directores de la historia contemporánea del cine, nadie va a llevarse las manos a la cabeza. Si se lo dicen ustedes a alguien y les lleva la contraria, dejen ustedes de frecuentar a ese alguien.

The killer es su última película, adaptación de un comic francés de Alexis Nolent y Luc Jacamon sobre un asesino sin nombre. Este tebeo bebía -claramente- de El silencio de un hombre, la película de Jean Pierre-Melville, protagonizada por Alain Delon. Considerada una de las grandes obras maestras de la historia del séptimo arte, Le samouraï (como se llamaba originalmente) es un filme de cadencia casi oriental y puede afirmarse a las claras que también es una gran influencia de la última obra de Fincher.

Básicamente, The killer es un filme sobre un tipo que se dedica al asesinato de forma profesional. No sabemos su nombre, ni su pasado, ni tenemos ningún detalle personal que nos permita conocerle en ese terreno. Solo sabemos que es un depredador, un hombre con el que es mejor no cruzarse nunca. De hecho, los primeros 25 minutos de película son una reiteración de los pensamientos del protagonista mientras espera pacientemente para cargarse a alguien en un apartamento en París.

No haré spoilers, solo explicaré lo que puede verse en todas partes, aunque viva uno en una burbuja: el trabajo sale mal y el perseguidor empieza a ver que igual ahora él es el objetivo.

Una peli brutal, quirúrgica, con un diseño de producción alucinante y una banda sonora de los Smiths nada menos.

Otra demostración del inmenso talento del estadounidense, que teje un aparato visual tan imponente que hay momentos en los que es difícil no entrar en trance. Lo curioso es que el filme ni siquiera abusa de la violencia como recurso, sino al contrario: solo hay una auténtica escena de acción que está rodada con una contundencia tan extraordinario que se acaba lamentando que no haya muchas más.

Mención aparte para su protagonista, Michael Fassbender, al que hacía mucho que no veíamos en la gran pantalla y que aquí demuestra una vez más que es uno de los actores más potentes del mundo: está en cada plano y nunca decae. Además, lo hace simplemente a base de magnetismo puro y duro, porque igual dice cien palabras en toda la película.

Su escena con Tilda Swinton es de lo mejor que va a verse este año en cualquier plataforma y solo por ella ya vale la pena echarle un ojo a este peliculón. Es una vergüenza que esa fábrica de churros llamada Netflix no la estrenara como Dios manda, pero bueno.

Hala, si no la han visto no sé a qué esperan.

Abrazos,

TGR