Amigos y amigas,

He llegado arrastrándome hasta esta fecha y este lugar.

Yo les cuento: primero un tío en bici me robó el móvil; luego sufrí una lesión de espalda; luego le encontré un bulto a mi querido chucho en la nuca (ha resultado ser nada, pero el susto ya me lo he llevado) y finalmente, hace un par de días, perdí la cartera en un viaje. Y es que 2020 se me hizo muy largo, pero joder con 2021.

En fin, yo hubiera querido llegar antes a mi cita con ustedes, pero ha sido complicado. Espero que me perdonen. Les prometería que no volverá a pasar, pero me da un poco de miedo fallarles de nuevo como consecuencia de un meteorito que vaya a caer en mi balcón. Así que lo dejaremos en que intentaré no fallarles de nuevo.

He visto un millón de cosas en estas semanas, pero muy pocas que merezcan comentario. Hemos entrado el territorio de las plataformas-estado, en las que todo el contenido se decide en base a la dictadura del algoritmo. Una especie de ente artificial claramente deficitario decide qué mierdas debemos ver y así nos va. Una de espadas mala, una de terror mala, una de acción mala, un drama malo. Eso sí, cada semana nos llegan 50 kilos de cada, para que nadie tenga esa sensación de vacío que se produce cuando nos parece que ya lo hemos visto todo.

Encima, con el 20 aniversario del 11-S han llegado tropecientos mil documentales, todos ellos casi iguales (con excepción del de Spike Lee, que es bastante cojonudo), que explican muy bien esta loca carrera por ofrecer más y más y más. Me temo que vamos a una situación de colapso audiovisual y que pronto pagaremos una o dos plataformas. Obviamente, la reestructuración del sector va a ser traumática. Para ellos, mayormente.

Pero bueno, vamos a algo bueno. O varias cosas buenas.

La primera es que The good fight ha sido capaz de aguantar su impresionante nivel hasta el final. No era fácil, pero vaya gustazo.

La segunda es la nueva entrega de James Wan, responsable de la potentísima franquicia de The conjuring (aquí más conocida como Expediente Warren), que siempre nos regala pelis de terror que -como mínimo- dan algo de miedo. Esta vez, llega con Maligno.

Quiero dejarlo claro: la peli no está a la altura de las dos primeras partes de The conjuring, lo cual es normal, porque estamos hablando de dos peliculones y no cada día es sábado.

La película habla de un chaval que se comunica a través de radios y teles (como si fuera un transformer), pero que tiene un pequeño defecto: le gusta matar todo lo que se mueve.  Ahora en serio, como acostumbra a suceder en las películas de terror, todo arranca con un niño que tiene un extraño problema y que crece para convertirse en alguien que blande un gran cuchillo y tiene planes siniestros.

Como ya he dicho, no le llega a la suela del zapato a The conjuring,  pero tiene cosas interesantísimas a nivel visual, un gran diseño de producción y un villano prometedor. Casi podría jurar que estamos ante otra franquicia, porque gastando cuatro pavos han hecho muy buena taquilla.

 Menos mal que esta semana se estrena Dune (hablaré de ella en breve si es que no me atropella un quitanieves) y la semana que viene llega mi amado Clint Eastwood. A ver si remontamos un poco. Por si acaso, he comprado vino. De perdidos al río.

Como ven, no he hablado de la maldita pandemia, porque tampoco me apetece.

Cuídense mucho, gente.

T.G.