Seleccionar página


El mareo por movimiento, conocido técnicamente como cinetosis, es uno de los mayores problemas que pueden aparecer a bordo de un automóvil. Diversos estudios demuestran que hasta un tercio de las personas adultas sufren algún tipo de malestar o náuseas al desplazarse en un vehículo, una incidencia que se eleva de forma notable cuando se viaja de pasajero. Este conflicto psicofisiológico, originado por la discrepancia entre la información visual que recibe el cerebro y el movimiento que registra el oído interno, amenaza con intensificarse ante la llegada de la conducción automatizada, escenario en el que los ocupantes tenderán a leer, trabajar o consumir contenidos multimedia en lugar de vigilar la carretera.

Para dar respuesta a este reto, la industria se ha volcado en el diseño de arquitecturas digitales aplicadas a la dinámica vehicular. La multinacional alemana Bosch ha presentado una solución innovadora basada en el software Vehicle Motion Management (VMM). El propósito de esta tecnología es intervenir de manera predictiva sobre las fuerzas físicas y cinemáticas del chasis que desencadenan de forma directa el malestar.

¿Cómo funciona?

Este nuevo dispositivo está totalmente centralizado en la electrónica del coche. Su función es coordinar todos los actuadores del chasis de manera simultánea para suavizar las aceleraciones y movimientos de la carrocería que más contribuyen al mareo de los ocupantes.

El sistema monitoriza y corrige de forma constante el comportamiento dinámico del automóvil en sus denominados «seis grados de libertad». Esto engloba tanto los tres movimientos lineales del vehículo (longitudinal al acelerar o frenar, lateral al cambiar de carril y vertical ante las irregularidades del asfalto) como los tres movimientos de rotación sobre sus ejes físicos:

  • Guiñada: La rotación sobre el eje vertical al describir una curva.
  • Cabeceo: El hundimiento del morro o la zaga ante las inercias de retención y aceleración.
  • Balanceo: La inclinación lateral de la carrocería provocada por la fuerza centrífuga en los giros.

Al unificar la gestión de los frenos, la cremallera de la dirección, la entrega de par de la planta motriz y la dureza de los amortiguadores, el algoritmo es capaz de suavizar las transiciones de carga. Acciones habituales en ciudad o atascos, como las sacudidas intermitentes en fases de parada y arranque (Stop&Go) o el balanceo al trazar una rotonda, se compensan mediante la actuación coordinada de los actuadores disponibles en cada vehículo. El resultado es un desplazamiento más fluido y previsible para el organismo humano, reduciendo así, en gran medida, la fatiga del sistema vestibular de los pasajeros.

Unión de vehículo y software

Una de las particularidades más relevantes de esta herramienta desde la perspectiva de la ingeniería automotriz es que se trata de un desarrollo independiente del hardware. El software de control cinemático está diseñado para aprovechar los actuadores ya presentes en el vehículo, independientemente de que se trate de una suspensión adaptativa, una dirección asistida eléctrica o un sistema avanzado de frenado, lo que facilita su adopción por parte de múltiples fabricantes sobre sus plataformas existentes.

Esta solución se encuadra en la tendencia industrial del vehículo definido por software. Las marcas pueden integrar el código base en la línea de montaje y, posteriormente, permitir que el usuario active la función de reducción de movimientos o actualice sus algoritmos predictivos a través de actualizaciones remotas. El desarrollo abre las puertas a una personalización dinámica en tiempo real, donde el conductor o los propios pasajeros pueden ajustar la respuesta del chasis, priorizando un filtrado de alta suavidad para reducir la posibilidad de que aparezcan mareos o dar un tacto de conducción más realista y ágil, con solo seleccionar un comando en la pantalla multimedia.

Bosch, impulsora de este proyecto, estima que el volumen de negocio derivado del software y los servicios digitales aplicados a la movilidad superará los 6.000 millones de euros en ventas durante los próximos años, consolidando la transición del automóvil desde un producto puramente mecánico hacia una plataforma tecnológica evolutiva centrada en el bienestar de las personas.