Olivier François, CEO de Fiat, quiere limitar la velocidad máxima de sus coches más pequeños —500, Panda y Grande Panda— a menos de 120 km/h. ¿Por qué? Porque de esa manera puede instalar sistemas de ayuda a la conducción (ADAS) más económicos. Objetivo último: reducir los costes y el precio de venta. «Demos un paso atrás y dejemos de sobrecargar los coches con equipos costosos» ha dicho el bueno de François.
«Con gusto limitaría mis coches urbanos a lo que actualmente es el límite máximo legal de velocidad en Europa, que es de 118 km/h en promedio. No tiene sentido que tenga que sobredimensionar mis vehículos para superar el límite de velocidad legal». Tiene su punto de lógica.

François asegura que la mayor parte de las tecnologías ADAS exigidas en la actualidad por la Unión Europea están dimensionadas para mejorar la seguridad a alta velocidad. Es absurdo instalar este tipo de equipos tan caros en coches que se conducen principalmente en ciudad.
Esto no supone deshacerse de sistemas como la frenada automática de emergencia, la alerta por exceso de velocidad, el detector de fatiga, los sensores de presión de neumáticos o la alerta por abandono involuntario de carril. No porque no quiera, sino porque todos ellos son obligatorios. Pero lo que sí se puede hacer es utilizar sistemas más simples por no tener que actuar a velocidades superiores a 120 km/h.
Por ejemplo, se puede reemplazar el programador de velocidad activo del Fiat 500 por un programador de velocidad pasivo y te ahorras un radar de largo alcance. También puedes simplificar la alerta por abandono de carril, que como este trabajará por debajo de 120 km/h, no necesitará ser tan avanzado y preciso como uno preparado para intervenir a 180 km/h. Otra fuente de ahorro puede venir de simplificar la fusión de datos de los diferentes sensores, utilizando para ello procesadores menos potentes y baratos. Asimismo, te evitas perder recursos (tiempo y dinero) en realizar ensayos a alta velocidad.

De llevarse a cabo, este recorte de velocidad se hará más evidente en las versiones de combustión de los vehículos afectados (que alguno llega a 160 km/h), que en las eléctricas. Un 500e de 95 CV, por ejemplo, no pasa de 135 km/h. Mientras que un Grande Panda eléctrico de 113 CV está limitado a 132 km/h.
La estrategia de simplificar algunos ADAS para reducir costes no es nada nuevo. Un ejemplo reciente de ello lo llevó a cabo Dacia. El sistema de frenado de emergencia del Dacia Spring modelo-año 2021 utilizaba un radar. En el Spring 2024 el radar desapareció y su función la realiza actualmente una cámara colocada en lo alto del parabrisas (que también se utiliza para la función de advertencia por abandono de carril). Otro caso es el de Tesla, que decidió prescindir de los sensores de ultrasonido para calcular la distancia con los objetos de alrededor durante las maniobras de aparcamiento y delegar esa función en las cámaras.
Y en lo que respecta a limitar la velocidad de sus coches, tampoco es algo original. Volvo lleva ya años con un límite a 180 km/h en todos sus vehículos, si bien en este caso no lo hace por tema de costes, sino de seguridad.
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