El líquido refrigerante, denominado técnicamente como fluido caloportador o anticongelante, es uno de los elementos más importantes para la salud mecánica del motor térmico. Su misión principal es absorber el calor residual generado en la cámara de combustión y transferirlo al aire ambiental a través del radiador, manteniendo el motor en su rango óptimo de trabajo térmico (habitualmente entre los 85 y los 95 grados). Al inspeccionar el vaso de expansión en el vano motor, lo primero que llama la atención visual del conductor es su llamativa coloración, siendo el rosa y el verde los tonos más extendidos en el mercado.
La realidad es que el color del líquido no responde a una escala estandarizada de calidad ni es un capricho estético de los fabricantes del producto. Los tintes son aditivos hidrosolubles introducidos deliberadamente para alertar de fugas en el circuito y, fundamentalmente, para identificar la tecnología de aditivación anticorrosiva presente en la base de etilenglicol o propilenglicol.
Diferentes tipos
La gran línea divisoria entre los refrigerantes tradicionales (asociados habitualmente al color verde o azul) y los modernos (vinculados al rosa, rojo o violeta) está en la naturaleza química de sus inhibidores de corrosión. No obstante, aunque históricamente ciertos colores se asociaban a tecnologías concretas, actualmente el color ya no permite identificar con fiabilidad la composición química del producto:
- Líquido refrigerante inorgánico (tecnología IAT): Es el compuesto clásico utilizado durante décadas en la automoción. Su formulación emplea sales minerales como silicatos, fosfatos o boratos para crear una capa protectora pasiva sobre las paredes metálicas internas del motor. Esta película aísla los componentes del ataque químico del agua, pero sufre una degradación rápida debido al choque térmico constante. Las sales se precipitan y pierden eficacia, lo que obliga a sustituir el fluido cada dos años o 40.000 kilómetros para evitar que los sedimentos obstruyan los finos conductos del radiador.
- Líquido refrigerante orgánico (tecnología OAT): Es el estándar en los vehículos modernos. Sustituye las sales minerales por ácidos orgánicos (OAT) que actúan de forma selectiva. En lugar de recubrir todo el circuito de manera indiscriminada, los aditivos orgánicos reaccionan químicamente solo en las zonas específicas donde se inicia la oxidación o la cavitación (formación de burbujas de vapor microscópicas que erosionan el metal). Al no consumirse de forma masiva, su vida útil se extiende notablemente, alcanzando los cinco años o varios cientos de miles de kilómetros, dependiendo de la especificación. Además, ofrece una protección térmica superior para bloques de motor y culatas fabricados en aleaciones ligeras de aluminio.

¿Se pueden mezclar diferentes tipos?
La existencia de diferentes colores sirve como un código visual de advertencia para el operario de taller y el usuario. La mezcla de tecnologías incompatibles puede provocar reacciones entre los paquetes de aditivos, reduciendo la protección anticorrosiva y, en algunos casos, generando precipitados o depósitos que afectan al sistema de refrigeración.
En la práctica, esta reacción química transforma los fluidos en un lodo espeso y denso que se deposita en las zonas de menor velocidad de flujo del circuito. Las consecuencias mecánicas son graves: obstrucción de los canales de refrigeración de la culata, taponamiento del radiador de la calefacción del habitáculo y fallos por sobrecalentamiento en el termostato. Además, el lodo reduce la capacidad de intercambio térmico global, acelerando el desgaste de los componentes por fatiga térmica y poniendo en riesgo la integridad de la junta de la culata.
Existe un tercer tipo de líquido que es híbrido (HOAT), que combina una base orgánica con una proporción reducida de silicatos para ofrecer una protección rápida en motores de altas prestaciones, empleando habitualmente tonos amarillos o naranjas.
Ante la necesidad de reponer el nivel del vaso de expansión, la norma debe ser rellenar exclusivamente con un producto que cumpla la especificación exacta exigida por el fabricante en el manual del vehículo (como las especificaciones G12, G12+, G12++, G13 o las equivalentes exigidas por cada fabricante), independientemente del color que muestre el envase, puesto que la química interna siempre prevalece sobre la pigmentación visual.
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