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El desarrollo de los sistemas de suspensión ha estado históricamente ligado a la búsqueda del equilibrio perfecto entre estabilidad y confort. Durante décadas, una suspensión blanda garantizaba un filtrado excelente de los baches a costa de balanceos importantes en curva, mientras que un tarado firme mejoraba la dinámica sacrificando la comodidad de los ocupantes. La llegada de los amortiguadores adaptativos de control electrónico mitigó este dilema al variar su dureza en milisegundos, pero seguían sufriendo una gran limitación: no podían anticiparse al estado de la vía.

Para dejar esto atrás, la ingeniería automotriz ha desarrollado la suspensión activa predictiva. Esta tecnología rompe el principio de causa y efecto en el chasis, permitiendo que el vehículo prepare la respuesta de la suspensión antes de que la rueda entre en contacto físico con la imperfección de la calzada.

El sistema se apoya en un entramado de cámaras de alta resolución en el parabrisas que escanean el relieve del asfalto en tiempo real. Mediante algoritmos de visión artificial, calcula la geometría tridimensional de baches o resaltos y cruza los datos con la velocidad del coche. Sin embargo, la manera de ejecutar la orden de la centralita cambia mucho según la tecnología y la gama del vehículo.

Tipos de amortiguaciones activas predictivas

El objetivo de aislar la carrocería del asfalto se puede alcanzar mediante distintas soluciones técnicas, ofreciendo resultados y niveles de eficacia muy diferentes:

  • Muelles helicoidales con amortiguadores adaptativos predictivos: Es la solución más simplificada y frecuente en segmentos premium de acceso. El vehículo conserva los muelles helicoidales tradicionales, pero la información de las cámaras modifica instantáneamente los pasos de aceite (compresión y extensión) de las válvulas del amortiguador antes del impacto. El coche no varía su altura ni genera fuerzas ascendentes, pero mitiga el golpe con un tarado blando de la amortiguación y recuperando la firmeza inmediatamente después. Un ejemplo claro de esta tecnología es el sistema DS Active Scan Suspension utilizado por DS Automobiles (como en el DS 7) o el grupo BMW en sus suspensiones adaptativas electrónicas.
  • Suspensión neumática con control predictivo: Es el que suele haber en algunas berlinas y SUV de gama alta. Aquí, el muelle helicoidal se sustituye por una balona de aire comprimido que trabaja en consonancia con la amortiguación regulable. Ante una irregularidad, el sistema adapta la respuesta de los amortiguadores y puede modificar las características elásticas de la suspensión neumática para mejorar el aislamiento de la carrocería Esto ofrece una adaptación mayor al terreno que el sistema anteriormente comentado. Es la solución empleada por firmas como Audi (Predictive Active Suspension).
Explicación del funcionamiento de las suspensiones activas predictivas. Imagen generada por IA
  • Sistemas plenamente activos

En la cúspide de la ingeniería de chasis se encuentran los sistemas plenamente activos. A diferencia de las tecnologías anteriores, un sistema activo es capaz de generar fuerzas mecánicas independientes en cada rueda para contrarrestar las irregularidades del terreno o las inercias de la conducción en milisegundos.

En este escenario vemos las balonas neumáticas con potentes actuadores electromecánicos o hidráulicos situados en cada esquina del coche, alimentados por redes eléctricas secundarias de 48 voltios para suministrar los elevados picos de energía necesarios. Al detectar un resalto, los actuadores aplican fuerzas adicionales sobre la suspensión para minimizar el movimiento que la irregularidad transmitirá posteriormente a la carrocería. Superada la cresta, empuja la rueda hacia abajo para buscar el contacto con el plano de la calzada.

El exponente de referencia en este campo es el sistema Road Surface Scan + E-Active Body Control de Mercedes-Benz (disponible en modelos como el Clase S o el GLE). Esta tecnología permite que la carrocería permanezca muy estable, eliminando en gran medida no solo los movimientos bruscos provocados por los baches, sino también el cabeceo al frenar y el balanceo en curva. Con ello se logra un efecto que incrementa la seguridad activa al mantener constante la carga vertical que soporta cada neumático contra el suelo para garantizar la máxima capacidad de guiado y frenada en cualquier circunstancia.