Lola pregunta en el mensaje que enlazo: ¿Si yo me quiero comprar un coche en qué clave tengo que leer las cosas para acertar?

Voy a intentar responderle.

Siempre pido a nuestos lectores que no se fíen de lo que publicamos en km77.com. Que no den nada por verdad absoluta. Que vayan al concesionario y verifiquen, que tamicen lo que leen bajo la perspectiva de sus gustos personales y sus necesidades. (Hablo de km77.com que es lo que conozco. Yo de usted tomaría las mismas precauciones con todas las informaciones que lea).

Considero que informar bien es muy difícil. De cualquier cosa. De coches, también. Yo conduzco de una manera y usted de otra. Esa diferencia es insalvable y yo no me puedo meter en su piel para saberlo. Usted tiene una fuerza y yo otra, nuestros gustos serán diferentes y sus necesidades de espacio cambian si juega al golf o va a esquiar. (Una amiga me dijo el otro día que la puerta de su coche era muy pesada. Que le costaba abrirla. Nunca he escrito sobre eso porque no sé medirlo, aunque a veces me he fijado.) Por eso, como lo que publicamos tiene un punto de vista muy concreto (por ejemplo a veces yo doy mucha relevancia a la estabilidad y a cómo entra un coche en una curva cuando piso el freno con el pie izquierdo a la vez que acaricio el embrague con el derecho y acelero con sensibilidad pasmosa con la rodilla contraria) es una información que requiere mucho trabajo de desbroce por parte de quien la lee.

Además, no hablamos nunca de fiabilidad que es un dato que quien se vaya a comprar un coche le interesa mucho. Y no hablamos de fiabilidad porque nosotros tenemso los coches sólo durante una semana y no tenemos ni idea de cuánto se avería y por qué.

Por todo eso, la información que damos sobre coches debe tomarse con distancia. Pero hay más.

Hablaba yo el otro día de los regalos de las marcas, pero eso es un minucia en todo lo que afecta a un periodista. A mí, lo que más me afecta, son mis amigos en las marcas. Y los tengo, no lo puedo evitar. A otros periodistas les afectará la publicidad que posibilita su sueldo y a otros los regalos. Y a algunos no les afectará nada.

Yo tengo amigos y amigas en las marcas de coches. Y cuando hablo de los coches de sus marcas tengo que hacer un esfuerzo por olvidarme de que estoy escribiendo de esa marca. No es fácil. Tengo un amigo que me dice a menudo: «Yo creo que no te das cuenta, pero cuando escribes de los coches de mi marca explicas con más contundencia las cosas que no te gustan que cuando escribes de otras marcas».

Es muy posible que tenga razón. Mi esfuerzo porque no me influya la presencia de mis amigos puede afectarme en sentido contrario y hacer que describa con mayor claridad lo que no me gusta de sus coches.

Hacer hincapié excesivo en algo malo es tan perjudicial para los lectores como esconderlo. Un coche puede ser perfecto para alguien y si yo magnifico un detalle poco afortunado, desinformo y alguna persona puede dejar de comprar ese coche que le resultaría muy apropiado para sus necesidades.

Por tanto, cuando en una prueba se habla muy mal de un coche, tampoco hay garantía de independencia. El periodista se puede equivocar o puede tener la intención de maltratar a una marca, por el motivo que sea. Sucede, por los motivos variopintos.

La información perfecta de un coche sería aquella elaborada a medida de cada lector y que no estuviera contaminada por olores ajenos a la información.

En km77.com tenemos la intención de que nuestra información no esté contaminada. Pretendemos que esté enfocada a informar a los lectores de qué coche satisfará mejor sus necesidades. Pero no somos robots. A los periodistas, por mucha voluntad que pongamos, nos influye el entorno.

Yo le pido que no se fíe de nada de lo que lea relacionado con coches. Tampoco de lo que lea en km77.com. Lo hacemos lo mejor que sabemos, pero eso no es garantía de un buen resultado. Antes de comprar uno u otro coche que le interese, vaya al concesionario, pase por lo menos una hora en él. Suba y baje muchas veces, en los asientos de delante y en los de atrás. Póngase a gusto ante el volante, mueva los pedales y la palanca. Mire que todo lo quede a gusto. Fíjese bien en cómo le recogen los asientos. Si tiene bultos especiales, llévelos al concesionario y métalos en el maletero. Abata los asientos y pida que le dejen probar una versión con el motor y el cambio de marchas que tiene pensado comprar.

En fin. la decisión es suya. Contraste la información con la fuente verdadera, que está en los concesionarios. Lea en clave de desconfianza. El dinero es suyo. La responsabilidad, también.