A mediados de marzo de 2021 conocí a Aymar Navarro. Ford, en España, organiza presentaciones de coches y nos presenta también, aprovechando que Astún pasa por Huesca, a un hombre increible. Lo conocí pocos días antes de la prueba que cierra el año de su deporte, el Xtreme Verbier. Aymar vino a Astún a contarnos a un grupo de periodistas en qué consiste su especialidad de esquí, el Freeride. No creo que haya mejor vídeo para conocer el Freeride que el que nos presentó Aymar Navarro aquella noche en un restaurante situado en plena estación de Astún.

Antes de conocerlo, si sólo hubiera visto lo que hace con unos esquís en los pies, lo habría presentado así: Aymar Navarro es uno de esos chiflados que se tira con esquís por los precipicios nevados.

Ahora, después de conocerlo, diría: Aymar Navarro es uno de esos chiflados que se tira con esquís por los precipicios nevados después de mucha planificación y estudio.

El día que lo conocí sólo faltaba una semana para la prueba cumbre de la temporada de Freeride y Aymar Navarro vino a vernos y a esquiar con nosotros a pesar del fuerte golpe que se dio dos días antes, que se ve en el vídeo de arriba, y que le dejó tocada la rodilla. No tengo duda de que está agradecido al patrocinio de Ford, porque ante una prueba tan importante como la que tenía unos días después y con la rodilla tocada nos dedicó tiempo, cariño, clases de esquí y bajadas para nuestro disfrute. Gracias, Aymar. ¡Eres un máquina!

Spanish Freerider

Cuando íbamos en el telesilla, un esquiador lo reconoció desde la pista. Me dejó impresionado. ¿Cómo lo reconcoció? Seguramente por su casco. «Aymar, ¡eres un máquina!» le gritó desde lo lejos. Brutal, porque lo es, y por reconocerlo. Al bajar del telesilla, más cerca de él, muchos jóvenes le pedían hacerse fotos. A todos los complacía con paciencia y cariño. A nosotros, también.

Él no se denomina máquina a sí mismo. No me lo explico. En su página de Instagram se presenta como Spanish Freerider. Miren este vídeo y decidan ustedes cómo quieren llamarlo.


Confieso que yo no conocía que existiera una especialidad que se denomina Freeriding (o como se llame). En ocasiones había visto algún vídeo de algún chiflado, que hoy me parece menos chiflado, bajando por lugares inverosímiles. Vídeos patrocinados que siempre había pensado que llevaban al esquiador sujeto por cuerdas invisibles, como a las marionetas. Siempre pensé que esas grabaciones tenían truco. Que no podían arriesgarse a que murieran tres de cada dos de los que se tiraban por esas paredes verticales con más rocas que nieve.

Y resulta que es cierto. Que son marionetas. Marionetas cuyos hilos principales que les sujetan a la vida son tres: esquiar como dioses, prepararse muy bien físicamente y estudiar meticulosamente cada descenso, para saber exactamente dónde tienen que realizar cada giro, hacia dónde tienen que encarar, dónde saltan, dónde aterrizan, con qué velocidad tienen que ir para tener todo previsto de antemano.

Los ves pasar por algunos sitios que no te lo crees. Ni todo el estudio del mundo, ni la mejor forma física, ni el mayor estudio de la montaña parece que haga sea posible, pero lo hace.

Estudiar la montaña con fotografías

Porque, además, ¿Cómo se estudia una montaña? La primera idea que le viene a uno a la cabeza es que la montaña sólo puede conocerse pasando por el sitio para ver la pendiente, la calidad de la nieve, la anchura del estrecho por el que hay que pasar, los metros de salto y la velocidad que alcanzas. Pero claro, estudiar la montaña a la vez que desciendes un precipicio con esquís en los pies no parece muy recomendable. Puedes tener la seguridad de que cuando la hayas aprendido ya será tarde.

En el Free Ride World Tour, que es el campeonato mundial en el que participa Aymar Navarro, la forma de estudiar la montaña es mediante una fotografía que les entregan unos días antes de la competición. Con esa fotografía tienen que estudiar la línea de descenso que van a seguir. Con el inconveniente añadido de que el punto de vista es opuesto. La fotografía se hace desde delante de la montaña, pero cuando bajas esquiando miras la montaña desde atrás. Eso significa que para verla, tienes que ponerte detrás de la foto, porque de lo contrario lo que al ver la foto te indica hacia la derecha, en la montaña implica ir a la izquierda.

Con esa fotografía, con una inspección visual, y con las herramientas informáticas que ellos quieran, los freeriders eligen su línea de descenso. Elegir la línea es la decisión más importante que deben tomar los competidores. Las líneas más difíciles permiten aumentar la puntuación, pero también tienen mayor riesgo. La fluidez en el esquí, la rapidez, el estilo y otros factores son los que conforman la puntuación, otorgada por jueces que ven desde el punto de vista del fotógrafo el descenso de cada participante.

Aymar Navarro, en Astún, al lado del Ford Mustang Mach E.
Aymar Navarro estuvo con varios periodistas una semana antes de quedar tercero en el Xtreme Verbier a pesar de tener la rodilla tocada por su encontronazo en Fieberbrunn. Y, como nosotros, condujo el Ford Mustang Mach E sobre hielo. Se vio que además de esquiar sabe controlar los derrapes. Gracias, Aymar, por tu cordialidad.

«Lo que hacemos es segurísimo»

Aymar Navarro lo dice convencido. “Lo que hacemos es segurísimo”. Cuesta de creer viendo los vídeos. Pero él convence. Con su seguridad y su aplomo al explicarlo y, sobre todo, al contar las referencias que utiliza en los descensos para orientarse y saber siempre por dónde va.

A mí me parece mágico. Recordar las referencias que observas en una foto y con una inspección visual de la montaña mientras bajas a una velocidad endiablada, con un esfuerzo físico brutal, dejar las referencias atrás y recordar las siguientes y las orientaciones. Árboles, piedras y crestas. Está claro que la memoria es el hilo más grueso que ata a esas marionetas saltarinas a la vida. Es un hilo reforzado por el estudio y la preparación, el conocimiento de la montaña y una capacidad prodigiosa para esquiar.

No recuerdo haber visto nunca un deporte que aparentemente conlleve tanto riesgo como este. Supongo que los habrá. Aymar Navarro sostiene que es muy seguro. A mí me gustaría prestarle mis ojos, y los sensores y procesador de mi cuerpo para experimentar sus sensaciones. Tiene que ser un alud.

Muchas gracias, Aymar, y muchas gracias Ford por permitirme conocer a personas como Aymar.