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Al fijarse en el parque automovilístico actual, llama la atención un detalle de equipamiento que parece distribuirse de forma asimétrica entre los diferentes segmentos del mercado. Mientras que la práctica totalidad de los vehículos de tipo SUV, compactos y familiares cuentan con un brazo limpiaparabrisas en la luneta trasera, las berlinas tradicionales de tres volúmenes (con maletero separado) prescinden por completo de este elemento. A primera vista, un conductor podría interpretar esta omisión como un simple ahorro de costes por parte de los fabricantes o como un peaje estético para no romper la fluidez de las líneas de la zaga.

Sin embargo, la realidad es que esta decisión responde directamente a las leyes de la aerodinámica. No es que las berlinas no necesiten limpiar su cristal trasero por capricho, sino que, debido a su fisonomía, el propio flujo del aire ayuda a mantener la luneta libre de agua y suciedad durante la marcha.

Caída del techo

Para comprender por qué un SUV o un compacto requiere obligatoriamente un limpialuneta, hay que examinar cómo se comporta la corriente de aire cuando el vehículo rueda a alta velocidad. En los coches con un diseño de dos volúmenes (donde el techo termina de forma abrupta y vertical en el portón trasero), el flujo de aire que recorre la carrocería se corta de golpe al llegar al final del techo.

Esta interrupción drástica de las líneas de flujo genera una zona de baja presión inmediatamente detrás del vehículo, lo que en dinámica de fluidos se conoce como una zona de succión o vacío aerodinámico. Este vacío aspira las corrientes de aire turbulentas que provienen de los bajos del coche y de los laterales. Al circular sobre asfalto mojado, este remolino posterior succiona de forma constante el agua pulverizada, el hollín de los escapes, el polvo y la suciedad de la carretera, incrustándolos directamente sobre la superficie de la luneta trasera. Sin un brazo mecánico y un sistema de lavado dedicado, la visibilidad hacia atrás quedaría anulada en pocos kilómetros de conducción lluviosa.

Mercedes-AMG CLA 45 4MATIC+. Imagen de km77

Autolimpieza aerodinámica

El escenario físico cambia por completo al analizar la silueta de una berlina clásica de tres volúmenes. En estos vehículos, el aire que fluye por el techo no se desprende de forma caótica, sino que acompaña suavemente la sutil curvatura descendente de la luneta trasera hacia el tercer volumen (la tapa del maletero). Este diseño permite que el flujo de aire permanezca pegado a la superficie del cristal durante más tiempo, barriendo y empujando de forma pasiva las gotas de lluvia gracias a la propia velocidad del coche.

La zona de baja presión y el consiguiente remolino de succión que levanta la suciedad del asfalto también existen en las berlinas, pero se desplazan por completo hacia atrás, localizándose exclusivamente en la pared vertical del paragolpes y los pilotos traseros, lejos de la zona acristalada. Al no existir un vacío tan grande sobre la luneta, el agua sucia pulverizada por las ruedas traseras es menos probable que termine arremolinarse contra el cristal. Por tanto, añadir un motor eléctrico, un brazo mecánico y un surtidor en esa zona no aporta demasiado valor (al menos a velocidades altas) y penaliza ligeramente la aerodinámica.