Cuando hablamos de cuidar la mecánica de un automóvil, la atención suele centrarse de forma casi obsesiva en el motor y la transmisión. Sin embargo, un vehículo es un conjunto de sistemas interconectados donde el bastidor (frenos, suspensión, dirección y neumáticos) soporta de manera directa las consecuencias físicas de nuestras acciones al volante. La conducción es una gestión de energías y transferencias de masas, y cada vez que giramos el volante, frenamos o superamos una irregularidad, estamos sometiendo a los componentes periféricos a esfuerzos que pueden variar drásticamente según nuestra técnica de conducción.
A la hora de valorar la longevidad de un coche, no solo hay que fijarse en la existencia o no de averías en el propulsor, sino también en el mantenimiento de la precisión de su guiado y su capacidad de absorción. En este sentido, un estilo de conducción agresivo o descuidado degrada de forma prematura elementos vitales para la seguridad activa y que, a menudo, pasan desapercibidos hasta que su eficacia ha caído por debajo de los umbrales de seguridad.
Daños en frenos y neumáticos
El sistema de frenado es el principal encargado de disipar la energía cinética del vehículo en forma de calor. Una conducción que abusa de frenadas tardías y contundentes somete a los discos y pastillas a choques térmicos constantes. Si bien los materiales que montan los coches hoy en día están diseñados para soportar altas temperaturas, un uso muy exigente de los frenos puede provocar el alabeo de los discos, generando vibraciones en el volante.
Por otro lado, la forma en que entramos en las curvas define la vida útil de los neumáticos, mucho más allá de la simple profundidad del dibujo. Un conductor que toma un giro a una velocidad alta, hace que el neumático delantero exterior soporte un exceso de carga y deriva. Esto tiene, como principal consecuencia, un incremento del desgaste del hombro de la cubierta, y de toda la banda de rodadura en general.

Transferencias de carga
La suspensión es, probablemente, el sistema que más sufre las consecuencias de una conducción poco técnica. Cada vez que afrontamos un resalto o un bache, los brazos de suspensión, los amortiguadores y, especialmente, los componentes elásticos, trabajan para aislar el chasis. Una conducción que ignora las irregularidades del asfalto a velocidades inadecuadas somete a estos elementos a esfuerzos de compresión para los que no siempre están preparados de forma cíclica.
Un hábito especialmente perjudicial es el de frenar bruscamente justo encima de un bache o un badén. En ese momento, la suspensión ya se encuentra comprimida por la transferencia de carga hacia el eje delantero, por lo que, al recibir el impacto del obstáculo transmite más energía a las copelas y a las rótulas de dirección. Con el tiempo, esto provoca holguras que degradan la geometría de la dirección, resultando en un coche más impreciso o, incluso, que desgasta de forma irregular los neumáticos.
Incluso la dirección asistida sufre el tipo de manejo, especialmente en maniobras de baja velocidad. El hábito de girar el volante con el coche completamente detenido genera una presión hidráulica (en el caso de que la dirección tenga este tipo de asistencia; en la actualidad la asistencia es eléctrica en la mayor parte de los casos) o un par eléctrico excesivo sobre la cremallera y las barras de acoplamiento.
Tipos de conducción y consecuencias
- Frenadas de alta intensidad y detención inmediata: Reduce la vida útil de las pastillas y puede aumentar excesivamente la temperatura de los discos. Los neumáticos también sufren más que se frena de forma más suave.
- Apoyo continuado del pie en el pedal de freno (en descensos): También provoca el sobrecalentamiento del sistema de frenos.
- Giro completo de la dirección: Somete a un estrés máximo a la cremallera de dirección y al motor de asistencia.
- Frenar durante el impacto con un resalto o bache: Hace que la suspensión trabaje con un menor recorrido efectivo, trasladando más energía del impacto a los silentblocks, las rótulas y las copelas del amortiguador.
- Entrada en curva con excesiva carga lateral: Degrada prematuramente el neumático.
- Pasar irregularidades a alta velocidad: Causa fatiga elástica en los muelles y pérdida de eficacia en las válvulas internas de los amortiguadores, degradando la capacidad de filtrado y la seguridad activa.
- Salir desde parado con brusquedad: compromete la vida del embrague y somete a la transmisión a cargas muy elevadas.
Otra vez la transferencias de masas, que no existe si no hay nada suelto. Bueno el combustible y el aceite están en parte libres.
A lo que se refieren es a la transferencia de pesos, no de masas.