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Al analizar la estética de los coches modernos de cerca, sobre todo si centramos la atención en las esquinas de los pilotos traseros llama la atención la presencia de pequeñas protuberancias, crestas o aletas plásticas integradas en el propio policarbonato transparente. A primera vista, podría parecer que se trata de un mero recurso estético para aportar agresividad visual o de un nervio estructural para reforzar el plástico ante posibles impactos. Sin embargo, su origen responde estrictamente a las leyes de la dinámica de fluidos.

Muchas de estas protuberancias actúan como generadores de vórtices o como pequeños deflectores aerodinámicos destinados a controlar el comportamiento del flujo de aire justo en el momento en que se separa de la carrocería.

Reducción del avance y consumo

Cuando un automóvil circula a alta velocidad, el aire fluye rozando la superficie de la carrocería, una zona de contacto que los ingenieros conocen como capa límite. Al llegar a las esquinas traseras o a las zonas de caída abrupta del diseño (puntos críticos donde se ubican los pilotos), el flujo de aire tiende a perder velocidad y a separarse de la superficie de forma caótica. Este desprendimiento prematuro genera una gran zona de baja presión inmediatamente detrás del vehículo, creando un efecto de succión o viento de cola negativo que incrementa drásticamente la resistencia aerodinámica.

Los generadores de vórtices de los pilotos traseros resuelven este inconveniente de forma pasiva. Estas pequeñas aletas introducen intencionadamente una microturbulencia controlada en el flujo de aire, creando diminutos remolinos. Este aire en rotación consigue pegarse con más fuerza a la curvatura de la tulipa, retrasando el desprendimiento de la capa límite y logrando que las líneas de flujo cierren de forma más suave detrás del coche. Al canalizar el aire de manera más limpia, se reduce el coeficiente de arrastre aerodinámico.

Protección

Por último, la gestión de las corrientes de aire tiene un impacto práctico directo en la visibilidad y el mantenimiento del propio coche. Cuando la parte trasera de un vehículo carece de control aerodinámico, la zona de baja presión posterior succiona el polvo, el agua de la lluvia y la suciedad en suspensión de la carretera, que se asienta sobre la superficie de las ópticas. Al desviar y peinar el flujo de aire mediante estas pequeñas aletas plásticas, los ingenieros buscan que la suciedad pase de largo sin arremolinarse contra la lente, garantizando que las luces de posición, freno e intermitentes permanezcan limpias y visibles para el resto de los usuarios.

Aletas en los faros

Aunque la zaga es la zona más crítica para la gestión del flujo de aire, cada vez es más habitual encontrar estas protuberancias en el perfil de los faros delanteros. En la sección frontal, la misión de estos apéndices no es retrasar el desprendimiento de la capa límite, sino preparar y dirigir el flujo de aire antes de que recorra los laterales del vehículo.

Las aletas en los faros peinan el aire que choca contra el frontal, reduciendo las turbulencias que se generan en la parte delantera del vehículo. Al minimizar los remolinos, se mejora levemente la eficiencia aerodinámica, así como el ruido que llega al habitáculo.