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En la búsqueda constante por maximizar la eficiencia volumétrica y el rendimiento de los motores de combustión interna, los ingenieros de desarrollo recurren a una serie de fenómenos de la dinámica de fluidos que optimizan el llenado y la evacuación del cilindro. En este sentido, uno de los más relevantes es el barrido de gases. Aunque este concepto se asociaba tradicionalmente a la arquitectura de los motores de dos tiempos, su aplicación técnica en los motores de cuatro tiempos modernos, especialmente los equipados con turbocompresor e inyección directa, es crítica para eliminar la masa de gases quemados y mejorar el par motor a bajo régimen.

Intercambio de gases

El barrido de gases es el proceso mediante el cual la mezcla fresca entrante (aire o mezcla de aire y combustible) ayuda a empujar fuera de la cámara de combustión los gases residuales fruto de la combustión previa, justo en el momento en que el pistón finaliza la carrera de escape e inicia la de admisión.

Para que este fenómeno ocurra en un motor de cuatro tiempos, es imprescindible que exista un intervalo donde las válvulas de admisión y las de escape permanezcan abiertas de manera simultánea en el Punto Muerto Superior (PMS). Este instante técnico se conoce como cruce o solapamiento de válvulas.

En ese breve espacio de tiempo, si la presión en la toma de admisión es ligeramente superior a la presión existente en el colector de escape, el flujo de aire fresco entra a alta velocidad en el cilindro. Por un efecto puramente dinámico y cinético, este torrente de aire nuevo arrastra y expulsa los últimos restos de gases quemados que habrían quedado atrapados en el volumen muerto de la cámara de combustión. Al limpiar completamente el cilindro de incombustibles, se evita que los gases calientes residuales diluyan la carga fresca del siguiente ciclo, lo que incrementa notablemente la eficiencia volumétrica y permite introducir una mayor cantidad de masa de aire útil para la siguiente combustión.

Protección térmica

Con el desarrollo de los sistemas de distribución variable (como el VVT, VANOS o VTEC) y la llegada de la sobrealimentación mediante turbo con inyección directa de gasolina, el barrido de gases ha pasado de ser un fenómeno pasivo a un proceso gestionado activamente por la ECU o unidad de control del motor.

En los motores sobrealimentados a bajas revoluciones, cuando el conductor demanda una aceleración fuerte, la ECU ajusta los variadores de fase del árbol de levas para maximizar el cruce de válvulas. Al mismo tiempo, el turbocompresor genera una presión positiva en la admisión. Esta diferencia de presión fuerza un flujo de aire fresco que atraviesa el cilindro directamente hacia el colector de escape sin llegar a quemarse. Este exceso de flujo de aire aumenta la masa gaseosa que alimenta la turbina del turbocompresor, reduciendo de forma radical el retraso en la respuesta del turbo y permitiendo generar más par motor.

Además del beneficio en rendimiento, el barrido de gases cumple una función esencial de protección térmica de componentes. Los gases de escape en un motor de gasolina moderno a plena carga pueden superar los 950 °C, una temperatura límite para la integridad estructural de los álabes del turbocompresor y la cerámica del catalizador. El aire fresco introducido durante el barrido actúa como un fluido refrigerante interno que reduce la temperatura pico de los gases de escape.

En algunas situaciones de carga extrema, la centralita inyecta una cantidad extra de combustible durante este proceso para que su evaporación absorba el calor latente de la cámara, garantizando que tanto las válvulas de escape como la turbina del turbocompresor trabajen dentro de sus márgenes térmicos de seguridad sin comprometer la fiabilidad mecánica.