Seleccionar página


Al examinar de cerca el frontal o la zaga de cualquier automóvil moderno, llaman la atención pequeños elementos circulares o poligonales perfectamente enrasados en la moldura plástica. A menudo pasan desapercibidos por compartir el mismo color de la carrocería, pero en otras ocasiones destacan como tapas discretas o huecos ciegos.

Estas tapas y orificios obedecen a tres necesidades críticas en el desarrollo del automóvil: requisitos de remolque, seguridad y homologación, la integración física de sistemas de ayuda a la conducción y la optimización de costes en las matrices de inyección de plástico.

Argolla roscada de remolque

La presencia más habitual de estas tapas, casi siempre una pieza redonda o cuadrada de unos cuatro a seis centímetros de diámetro situada en uno de los laterales del paragolpes delantero y trasero, corresponde al acceso al anclaje de remolque de emergencia.

A diferencia de los vehículos clásicos o todoterrenos puros con chasis de largueros, que contaban con ganchos de acero visibles y soldados permanentemente por debajo de la carrocería, los turismos modernos de estructura monocasco eliminaron estos salientes por dos razones técnicas determinantes:

  • Aerodinámica y estética: Suprimir ganchos exteriores reduce vórtices parásitos en los bajos y permite trazar paragolpes envolventes.
  • Seguridad pasiva y protección a peatones: La normativa de homologación en colisiones exige limitar salientes y elementos rígidos potencialmente peligrosos y favorecer superficies capaces de reducir las lesiones en caso de atropello.

Tras esa tapa desmontable (que suele liberarse presionando en una muesca o con un destornillador) se encuentra una rosca o alojamiento solidario con la estructura resistente del vehículo. En el juego de herramientas de a bordo o junto al kit antipinchazos en el maletero, el vehículo incluye una argolla roscada de acero. Este perno debe atornillarse firmemente en caso de avería para que la grúa o un vehículo de rescate pueda tirar del coche sin deformar el faldón plástico ni arrancar las molduras aerodinámicas.

Sensores y modularidad industrial

Existen otros pequeños discos circulares de menor tamaño repartidos de forma simétrica a lo largo de la superficie del parachoques:

  1. Transductores piezoeléctricos de ultrasonidos: Estos orificios dan espacio a los emisores y receptores de los sensores de aparcamiento y de los sistemas de estacionamiento automatizado. Funcionan emitiendo pulsos de alta frecuencia, y miden el tiempo que tarda la señal en regresar al rebotar contra un obstáculo. Suelen incorporar elementos de desacoplamiento o fijación que ayudan a aislar el sensor de las vibraciones del paragolpes.
  2. Tapas telescópicas de lavafaros: En determinados sistemas de alumbrado de alta intensidad (como LED o xenón), especialmente cuando el flujo luminoso de la luz de cruce supera los límites establecidos por la normativa, puede ser obligatorio un sistema de limpieza de los faros. Bajo estas tapas rectangulares se ocultan los eyectores, que emergen cuando el sistema de lavado de faros entra en funcionamiento (en sistemas sujetos a UNECE R48, el umbral clásico de referencia ha sido 2000 lúmenes para la obligatoriedad del sistema de limpieza).
  3. Matrices compartidas de inyección de plástico: Fabricar un molde de inyección para un paragolpes completo exige inversiones elevadas. Para abaratar la producción entre las diferentes versiones de un mismo modelo, los fabricantes crean una única matriz que prevé las ranuras para radares de control de crucero adaptativo (ACC), cámaras periféricas o sensores laterales de ángulo muerto. Si la unidad sale de fábrica en un acabado básico sin ese equipamiento opcional, el hueco se cubre con una moldura plástica ciega, optimizando la cadena de montaje sin alterar la línea de corte de la carrocería.

En definitiva, lejos de ser meros caprichos estéticos o imperfecciones del ensamblaje, cada una de estas tapas y orificios sintetiza el complejo equilibrio de la ingeniería automotriz contemporánea.