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En la evolución constante hacia una conducción más automatizada y cómoda, los pequeños avances de software y gestión electrónica que han ido llegando a nuestros coches lo han hecho para ahorrarnos determinados gestos. Uno de ellos es la necesidad de mantener el pie sobre el pedal del freno durante una detención prolongada, como puede ser un semáforo. Este es el propósito principal de la función Auto Hold, una extensión del freno de estacionamiento eléctrico que, aunque a menudo se confunde con el asistente de arranque en pendiente, ofrece una lógica de funcionamiento distinta y una versatilidad mayor en el día a día.

A diferencia del freno de mano convencional, que requiere una acción física por parte del conductor para bloquear las ruedas traseras, el Auto Hold actúa de forma autónoma una vez activado mediante un botón en la consola central (generalmente identificado con una (A) o el texto «Auto Hold»). Su misión es retener el vehículo una vez que los sensores detectan que el coche se ha detenido por completo, liberando al conductor de la presión constante sobre el pedal.

Diferente del asistente de arranque en pendiente

Es común que muchos usuarios confundan el Auto Hold con el Hill Start Assist (asistente de arranque en cuesta), pero técnicamente no son lo mismo. El asistente en pendiente es un sistema de seguridad que mantiene la presión de frenado durante apenas dos o tres segundos para evitar que el coche caiga hacia atrás mientras el conductor desplaza el pie del freno al acelerador. Una vez transcurrido ese breve lapso, el sistema suelta el freno independientemente de si el conductor ha acelerado o no.

El Auto Hold, por el contrario, es un sistema que actúa por tiempo indefinido. Utiliza la unidad hidráulica del ABS/ESP para mantener la presión en las cuatro ruedas. Si la detención se prolonga en exceso o si el conductor se desabrocha el cinturón o apaga el motor, el sistema suele conmutar automáticamente al freno de estacionamiento electromecánico para garantizar la inmovilidad del vehículo y no sobrecargar el sistema hidráulico. La principal ventaja es que el coche no se moverá hasta que el conductor dé una orden clara mediante el pedal del acelerador (en automáticos) o mediante el juego de embrague y acelerador (en manuales).

¿En qué situaciones sirve de ayuda?

El valor real de esta tecnología se aprecia especialmente en tres escenarios de la conducción cotidiana:

  1. Atascos y tráfico denso: En retenciones donde el vehículo se detiene y arranca cada pocos metros, el Auto Hold reduce significativamente la fatiga que se acumula en el pie derecho. En coches automáticos, evita además la tendencia del vehículo a avanzar por sí solo cuando soltamos el freno en la posición D.
  2. Rampas de salida de garajes y peajes: En estas situaciones, donde a menudo el conductor debe manipular un ticket, una tarjeta o una llave mientras el coche está en pendiente, el Auto Hold garantiza que el vehículo permanezca anclado sin necesidad de usar el freno de mano manual o mantener el pedal pisado en una postura incómoda.
  3. Semáforos de larga duración:  Al detenerse el coche, el conductor puede relajar ambas piernas, sabiendo que el sistema mantendrá la presión de frenado y que, además, las luces de freno permanecerán encendidas, alertando a los vehículos que vienen por detrás de nuestra posición estática.

No obstante, como toda ayuda a la conducción, su uso requiere cierta adaptación. En maniobras de precisión, como el aparcamiento en espacios muy ajustados, algunos sistemas Auto Hold pueden resultar algo bruscos al aplicar o liberar el freno, provocando un pequeño tirón que dificulta el control del coche al milímetro. Por ello, muchos conductores optan por desactivarlo temporalmente en estas maniobras. Asimismo, es imperativo recordar que el sistema debe estar desactivado al entrar en túneles de lavado automáticos de arrastre, donde es necesario que las ruedas giren libremente en punto muerto.