Jaguar acaba de enseñar el interior del Type 01 y, para sorpresa de absolutamente nadie, no se parece a un Jaguar tradicional ni por accidente. Olvídense de la madera oscura, del cuero de club británico de fumadores y de esa sensación que en cualquier momento va a aparecer un señor llamado George con el Financial Times bajo el brazo. El nuevo Jaguar quiere ser otra cosa. Por ejemplo, el vestíbulo de un hotel de diseño en Copenhague.
La protagonista del interior es una enorme espina dorsal que recorre longitudinalmente el habitáculo y divide el coche en cuatro plazas independientes. Esa es la versión poética porque también parece una bionda atravesada, eso sí, elegantemente tapizada. Galería de imágenes del Type 01.
La verdad es que el interior de este Jaguar Type 01 tiene su aquel. Llevamos una década viendo cómo el supuesto futuro del automóvil consiste en pegar una pantalla de 15 pulgadas al salpicadero y llamarlo minimalismo. Jaguar, al menos, ha intentado diseñar un lugar diferente.

El habitáculo tiene una posición de conducción baja, superficies limpias y tecnología que, dicen, aparece solo cuando se necesita, como el retrovisor interior, una pantalla situada en la base del parabrisas, alineada visualmente con los espejos exteriores.
Que no haya pantalla central de 15” no significa que no la haya de ningún tipo, porque hay tres. Además de la del retrovisor, el conductor, solo él, tiene una gran pantalla tras el volante. Y existe otra, pequeña, para manejar la climatización en la consola, porque puedes inspirarte en la arquitectura monumental y el travertino milenario para diseñar, pero tarde o temprano alguien necesita subir la temperatura a 23 grados.
Y ojo, no vaya a haber una cuarta. La referencia a la tecnología que aparece solo cuando se necesita y esta imagen del prototipo parecen dos pistas de un escape room.
Creo que da igual si este interior gustará a los antiguos clientes de Jaguar porque el Type 01 parece diseñado para personas que nunca pensaron en tener un Jaguar, y eso explica tanto su riesgo como su interés. ¿Demasiado conceptual para un coche de producción? Posiblemente lo sea. ¿Mucho más interesante que otro habitáculo gris con dos pantallas flotantes? También. Pero lo diferente, cuando se convierte en extravagante, puede atraer a un tipo de cliente al que un vulgar Bentley Continental GT le aburre. Yo, si tuviera mucho dinero y ganas de diferenciarme, podría tener este coche para cuando voy a jugar al casino de Mónaco, darme un paseo en mi yate atracado en Puerto Banús o cualquier otra actividad exhibicionista.
Jaguar decidió que insistir en competir en la división Nostalgia Plata era una forma directa de descender (y desaparecer), con elegancia, eso sí. Así que este polémico cambio de rumbo puede que sea su salvación. Así lo piensan ellos, desde luego, si no, no estarían aguantando todos los comentarios desde que se vio el prototipo sin una ingesta excesiva de barbitúricos. A mí me gustaría que acertasen, aunque solo sea como premio al riesgo que han tomado.
Jaguar enseñará el Type 01 el 6 de octubre en Nueva York. El tiempo dirá si este coche acaba siendo un error monumental o la salvación de Jaguar. Al menos, parece un error que alguien se ha molestado en diseñar pensando en algo distinto.
Todo lo que sea ir en contra de los interiores horteras de Mercedes me parece un acierto
No hay que fliparse. Te dicen que es el hermano del LUCE, el siguiente Serie 7, la novedad de Tesla o de Xiaomi —en principio, cada marca más dispar que la anterior— y, oye, te quedas tan normal.
Porque de un tiempo a esta parte cuesta cada vez más distinguir quién ha diseñado qué. Donde antes cada fabricante se empeñaba en tener una identidad propia, ahora parece que todos han llegado a la misma reunión con el mismo PowerPoint: cuatro líneas tensas y una pantalla dentro que podría servir de cine en un polígono industrial. Cambie usted el logo y a correr.
Y aquí es donde aparece la paradoja: cuanto más dinero, tecnología y talento se supone que se invierte en diferenciar un coche, más coches terminan pareciéndose entre sí. La diferenciación, que otrora era poco menos que una cuestión de honor, ha pasado a ser un inconveniente de producción. Mejor no arriesgarse demasiado, no vaya a ser que al cliente le dé por pensar.
Sin duda, es una buena base para uno de esos acalorados debates de barra de bar, cerveza en mano, rodeado de colegones a los que nos gusta quemar gasolina como si no hubiera un mañana, aunque luego nuestro coche de diario sea un SUV con etiqueta ECO o, en el mejor de los casos, una ranchera. Porque la pasión por el automóvil tiene estas contradicciones: defendemos el V8 con lágrimas en los ojos mientras calculamos cuánto nos queda para que se encienda el testigo del AdBlue.
El caso es que, en un mercado cada vez más agónico, parece que la estrategia ganadora consiste en jugar al camuflaje. Si todos se parecen, nadie se equivoca. O, mejor dicho, el comprador puede equivocarse perfectamente, pero quizá en ese error acierte con tu concesionario.
Y así seguimos: diseñando coches que quieren parecer nuevos sin resultar demasiado diferentes, modernos sin parecer extravagantes y premium sin ofender al departamento de marketing. Una especie de concurso de disfraces en el que todos han decidido ir vestidos de coche.
Luego nos preguntamos por qué cada lanzamiento provoca menos entusiasmo que el anterior. Será que, después de ver veinte veces la misma receta con distinto logo, hasta el más cafetero empieza a echar de menos aquello de reconocer un coche a doscientos metros sin necesidad de leer la matrícula.
Qué tiempos aquellos en los que un fabricante quería que supieras que era suyo.
Ahora parece que lo importante es que no sepas muy bien de quién (0N10 es.
…madre mía…