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Al adquirir lubricante para el motor, la mayoría de los usuarios centra su atención en el índice de viscosidad SAE (como 5W-30 o 0W-20). Sin embargo, este parámetro únicamente describe cómo fluye el fluido a distintas temperaturas de trabajo, sin aportar información sobre la calidad de su base química, su resistencia a la degradación ni su compatibilidad con los componentes internos del motor y los sistemas de escape. Para determinar el rendimiento real del lubricante, es indispensable acudir a las especificaciones de rendimiento, entre las que destaca la clasificación ACEA (Association des Constructeurs Européens d’Automobiles).

Clasificación por letras y números

A diferencia de las normas estadounidenses API, ACEA establece sus propios requisitos de prestaciones y procedimientos de ensayo para los lubricantes destinados a los motores y sistemas de tratamiento de gases utilizados en el mercado europeo.

La normativa clasifica los aceites mediante una letra que designa la aplicación principal y un número que define su nivel de exigencia técnica y formulación química:

  • Clase A/B (A3/B4, A5/B5 y A7/B7): destinada a motores de gasolina y Diesel ligeros que requieren aceites con un contenido relativamente elevado de SAPS, siglas de Sulphated Ash, Phosphorus and Sulfur (cenizas sulfatadas, fósforo y azufre). Estos componentes proceden principalmente de determinados aditivos del lubricante y pueden resultar perjudiciales para los sistemas de tratamiento de gases de escape.
  • Clase C (C2 a C7): son aceites formulados con límites controlados de SAPS (Low o Mid SAPS) para reducir el impacto del lubricante sobre los sistemas de postratamiento de gases, como los filtros de partículas y los catalizadores.

Las cenizas procedentes de los aditivos del aceite pueden acumularse en los sistemas de filtrado de partículas y reducir progresivamente su capacidad. Por ello, los motores que requieren aceites de la familia C deben utilizar lubricantes que cumplan la categoría especificada por el fabricante.

  • Clase E: Reservada para vehículos industriales pesados y maquinaria de transporte Diesel.
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Qué pasa si eliges mal

El dígito numérico que acompaña a la letra no indica una calidad superior escalonada, sino un paquete de propiedades termodinámicas concreto, donde la viscosidad a alta temperatura y alto esfuerzo de cizallamiento (HTHS, medida a 150 °C) juega un papel determinante.

Las normas como ACEA A3/B4 o C3/C4 exigen un valor HTHS elevado (≥3,5 mPa⋅s), garantizando una película lubricante hidrodinámica extraordinariamente gruesa y resistente ante cargas mecánicas extremas, ideal para conducciones exigentes o mecánicas turboalimentadas de alto rendimiento. Por contra, las categorías C2, C5, C6 y C7 tienen requisitos de HTHS inferiores a los de C3 y C4, aunque no todas establecen el mismo valor. C2 exige un mínimo de 2,9 mPa·s, mientras que C5 y C6 se sitúan en el intervalo de 2,6 a 2,9 mPa·s. Estos fluidos de baja fricción interna minimizan las pérdidas por bombeo y permiten rebajar el consumo de combustible y las emisiones de CO2​.

No obstante, un lubricante de bajo HTHS solo debe emplearse en motores cuyos cojinetes, tolerancias de bancada y bombas de aceite hayan sido dimensionados expresamente por el fabricante para operar con una película molecular más fina. Por el contrario, utilizar un aceite C5 en un motor que requiere C3 puede implicar una viscosidad HTHS insuficiente y, por tanto, no proporcionar las características de protección y lubricación exigidas por el fabricante, especialmente bajo determinadas condiciones de carga y temperatura. Por tanto, hay que respetar la especificación de lubricante indicada por el fabricante del vehículo, que puede incluir tanto una categoría ACEA como una homologación específica de la marca.