La escalada bélica en Oriente Medio, con Irán como epicentro del conflicto desde hace unas semanas, ha provocado una reacción inmediata en los mercados energéticos globales. Para el conductor español, esta tensión se traduce en un incremento directo del precio por litro en las estaciones de servicio, que se acerca vertiginosamente a los dos euros.
Para comprender por qué el precio reacciona con tanta volatilidad, es necesario desgranar los mecanismos de mercado y la logística que rige el flujo del petróleo.
El mercado del crudo no se mueve únicamente por la disponibilidad física actual de petróleo, sino por las expectativas de disponibilidad futura. El Brent, que es el crudo de referencia en Europa, es un activo financiero que cotiza en mercados de futuros. Ante un conflicto en una zona que produce o transporta una parte sustancial de la energía mundial, los inversores compran seguridad, elevando el precio ante el riesgo de un desabastecimiento inminente, incluso si los tanques de reserva están llenos en ese momento.
Estrecho de Ormuz, la clave
Es la clave de la subida actual de los precios de la gasolina y el gasóleo. El principal factor que explica el incremento de precios no es solo la capacidad de producción de Irán, sino su posición geográfica estratégica. El estrecho de Ormuz es el punto de paso más crítico a nivel mundial para el comercio de petróleo. Por este angosto paso marítimo transita aproximadamente el 20 % del consumo mundial de petróleo líquido y una proporción similar del gas natural licuado.
En un escenario de guerra como el que presenciamos, el riesgo de cierre o de bloqueo parcial de este estrecho es una amenaza real para el suministro global. Si el flujo por Ormuz se viese interrumpido, los países exportadores como Arabia Saudí, Kuwait o Irak no podrían dar salida a gran parte de su producción por vía marítima. Esta posibilidad obliga a las navieras a pagar primas de seguro de guerra exorbitantes, un coste logístico que se traslada directamente al precio del barril. Además, la búsqueda de rutas alternativas, en caso de que existan, implica más días de navegación y un mayor consumo de combustible de los propios buques, encareciendo toda la cadena de suministro antes de que el crudo llegue siquiera a las refinerías europeas.

¿Cómo sube el precio?
El precio no sube de manera proporcional, es decir, si el barril de Brent sube un 10 %, el precio de la gasolina en España no sube exactamente en la misma proporción. La realidad es más compleja debido a la estructura de costes de los carburantes. En el precio final que paga el consumidor en el surtidor intervienen tres factores principales: el coste de la materia prima (que incluye la cotización internacional y el margen de refino), los costes de logística y comercialización y, finalmente, la carga impositiva.
Los impuestos (IVA e impuestos especiales) suponen una parte fija y porcentual muy relevante del precio final, alrededor del 50 %. Dado que el Impuesto Especial sobre Hidrocarburos es una cuantía fija por cada mil litros, hace de amortiguador: cuando el petróleo sube, el peso porcentual del impuesto baja, lo que evita que el precio final se dispare tan drásticamente como la materia prima.
Sin embargo, en el lado opuesto, el efecto de la cotización del dólar frente al euro puede agravar la situación. Dado que el petróleo se negocia en dólares, si el conflicto de Irán hiciese perder valor al euro (desde que empezó la guerra, la cotización euro-dólar ha pasado de 1,16 a 1,15), el coste de importación para las empresas españolas se dispararía por partida doble: por el aumento del precio del barril y por la pérdida de poder adquisitivo de nuestra moneda.
Por tanto, la subida de precios que estamos viendo, que a viernes 13 de marzo hace prácticamente imposible encontrar una estación que ofrezca el litro de gasolina 95 por debajo de 1,60, sobre todo en las grandes ciudades, es una suma de muchos riesgos. Por un lado, a nivel geopolítico, pero por otro, por el incremento en los costes de transporte marítimo e incluso por la respuesta especulativa de los mercados de futuros.
Mientras el conflicto en Irán mantenga la incertidumbre sobre la seguridad del Estrecho de Ormuz, la presión sobre el bolsillo de los usuarios de vehículos de combustión seguirá siendo elevada, independientemente de que el suministro físico real hacia las refinerías europeas se mantenga, por ahora, garantizado por las reservas estratégicas.
Sube rápido, baja lento
El efecto cohete-pluma: subida inmediata, bajada progresiva. Las estaciones intentan anticipar los costes futuros, subiendo el precio del litro inmediatamente. Cuando el precio del petróleo baja, siguen vendiendo combustible comprado previamente a precios más altos, lo que redunda en un incremento de su margen comercial.
Pero conviene tener en cuenta que, en este juego, normalmente las estaciones de servicio son las que menos beneficio consiguen porque su margen comercial es pequeño. En la cumbre de la pirámide están las grandes refinería (empresas como Repsol o Shell). La mayoría, además, no solo controlan el refino, sino que también son extractoras, distribuidoras y poseedoras de redes de servicio propias. Y el Estado, claro (gracias @Juan).
En la cumbre de la pirámide está el fisco, que ve crecer sus ingresos sobre la parte más importante del precio de la gasolina, que son impuestos.
En la cumbre de la pirámide está el fisco, que ve crecer sus ingresos proporcionalmente sobre la parte más importante del precio de la gasolina, que son impuestos.
Os olvidais de la principal razón de la subida, LAS PETROLERAS SON UNOS SINVERGUENZAS. La energia, como el agua debiera decestar nacionalizado.
Que culpa tendrá el fisco, si los sinverguenzas son las petroleras. Ya esta bien de quitarnos dineros de lis servicios para compensar los mega beneficios de estos oligopolios.