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La industria del automóvil en América del Norte opera desde hace décadas bajo un modelo de integración absoluta. Al amparo de acuerdos comerciales como el T-MEC (USMCA), las cadenas de suministro cruzan las fronteras entre Estados Unidos, Canadá y México en múltiples fases del ensamblaje. La aplicación de un arancel del 50 % a los vehículos y componentes procedentes de Canadá a partir del 1 de enero de 2027 amenaza con alterar drásticamente la estructura de costes, los precios de venta al público y la viabilidad operativa de factorías clave concentradas en la provincia de Ontario.

A colación de esta medida, repasamos cuáles son los modelos ensamblados en territorio canadiense que se encuentran en el epicentro de este conflicto arancelario y cómo afecta a los principales fabricantes.

Modelos afectados

Canadá es uno de los principales exportadores de vehículos hacia el mercado estadounidense: más del 90 % de los vehículos fabricados en el país se exportan actualmente a Estados Unidos. Las instalaciones más expuestas pertenecen a los grandes consorcios globales y a los tres tradicionales de Detroit:

  • Toyota Motor Manufacturing Canada (plantas de Cambridge y Woodstock): En estas factorías se ensambla el Toyota RAV4, uno de los todoterrenos más vendidos en todo el continente norteamericano, junto a modelos de la división premium como los Lexus RX y Lexus NX.
  • Honda of Canada Mfg. (Alliston): Ensambla el superventas Honda CR-V (tanto en versiones de combustión como híbridas) y el Honda Civic sedán, dos de los principales modelos de la marca fabricados en Canadá.
  • General Motors (Oshawa e Ingersoll): Oshawa produce el Chevrolet Silverado, mientras que en la planta CAMI de Ingersoll se fabrican las furgonetas eléctricas BrightDrop ZEVO 400 y ZEVO 600.
  • Ford (Oakville): Ford ha reconvertido la planta de Oakville para producir la Serie F Super Duty, después del final de producción del Edge (información del modelo 2019) y el Lincoln Nautilus.
  • Stellantis (Windsor): En la planta de Windsor se fabrican actualmente el Dodge Charger, tanto en versiones eléctricas como de combustión, y los monovolúmenes Chrysler Pacifica (información del modelo de 2023) y Grand Caravan. La producción del Dodge Charger comenzó allí en 2025.
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Dodge Charger

Consecuencias para el comprador

La imposición de un gravamen arancelario de esta magnitud plantea un reto logístico sin precedentes debido a la naturaleza compartida de la fabricación de componentes. Un motor fundido en Estados Unidos puede viajar a Canadá para ser mecanizado y montado en un chasis que, finalmente, regresa al mercado estadounidense como vehículo terminado.

El impacto económico dependerá de cómo se aplique finalmente el arancel y de qué parte del coste puedan asumir los fabricantes, pero previsiblemente tendría dos consecuencias principales:

  1. Encarecimiento del precio final: Trasladar el coste arancelario al comprador estadounidense incrementaría el precio medio de todoterrenos y camionetas populares en decenas de miles de dólares, reduciendo mucho la demanda.
  2. Paralización de líneas de montaje: Ante la imposibilidad de reubicar plataformas de producción de la noche a la mañana, algo que exigiría años e inversiones multimillonarias en nuevas factorías en suelo estadounidense, podría obligar a los fabricantes a reducir turnos, ajustar volúmenes o replantear parte de la producción canadiense si mantenerla deja de resultar rentable

Esta coyuntura pone en riesgo la competitividad de un tejido industrial que genera decenas de miles de empleos directos y pone de manifiesto hasta qué punto la industria del automóvil norteamericana depende de unas cadenas de suministro integradas entre Canadá, Estados Unidos y México.