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Tú eres tonto 25-03-2005
  Juan Manuel Pichardo

O’Brien ha capturado a Winston Smith. Smith es un funcionario del Ministerio de la Verdad dedicado a reescribir periódicos antiguos. Había confesado a O’Brien su posición contra el Estado, su intención de formar parte de una sociedad secreta sediciosa. Pero O’Brien, miembro del «Partido Interior», resultó ser uno de los espías del Ministerio del Amor.

Dentro del ominoso Ministerio del Amor, el encargado del orden público, O’brien habla con Winston Smith, tras una sesión de tortura preliminar.

—Tienes miedo —dijo O’Brien observando su cara— de que en algún momento algo se te va a romper. Temes especialmente que sea tu columna vertebral. Tienes una imagen mental vívida de las vértebras soltándose y el líquido raquídeo escurriendo entre ellas. Es lo que estás pensando ¿no es así, Winston?

Es 1984.

Es 2005 y algunas cosas han empeorado con relación a lo que narraba George Orwell. Por ejemplo, el estilo.

O’Brien interpreta los pensamientos de forma aterradoramente acertada y los describe con pulcritud estilística. Nuestro Director General de Tráfico, en cambio, nos informa de que «Si ven que un coche despliega todo eso de “Alto a la Guardia Civil, deténgase”, entonces la sensación que tendrá usted es de “la he cagado”». Qué zafio.

Otras cosas van mejor que en la novela. En 1984 tenían la imagen de alguien muy parecido a Stalin, con la advertencia «El Gran Hermano te vigila». A nosotros nos han ahorrado la imagen (¿a quién pondrían?); unas asépticas pantallas electrónicas nos dicen: «Control por coches camuflados».

La idea es la misma, claro. Pero, como tú eres tonto y a lo mejor no lo entiendes, nuestro Director General de Tráfico te lo explica: «no se confíe: cualquiera de los vehículos que están circulando puede ser un vehículo de vigilancia». Eres tonto como mínimo, si no algo peor. A saber lo que harías si fueras confiado por la carretera.

Deberían conducir por ti, tonto, pero no pueden. La solución a los problemas del tráfico es que tú no tomes iniciativas, que ellos te conduzcan. Pero no pueden conducir por ti.

Menos mal.

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