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Márquetin 26-04-2002
  Juan Manuel Pichardo

— Pues sí amigo mío, el márquetin es una disciplina abstrusa e intrincada. Iniciarse en ella requiere dos o tres másteres, haber trabajado al menos en una empresa que tenga el nombre en inglés, y hablar con soltura y destreza un lenguaje que no puede entender cualquiera.

— ¿Y usted lo entiende señor Pichardo?

— No, no; yo ni idea. Bueno, yo voy atisbando los secretos del márquetin gracias a que leo cosas en las carpetas de prensa de los coches.

— ¿Y de qué cosas se ha enterado, por ejemplo?

— Bueno, es muy importante tener una idea de a qué se dedican los que van a comprar el coche. Los que se van a comprarse un Renault Vel Satis, por ejemplo, están «dispuestos a transgredir los códigos sin por ello sacrificar en absoluto los valores fundamentales».

— Ah.

— Y Lancia sabe a lo que se dedica la clase alta que se va a comprar un Phedra: «Lejos de los reflectores y el bullicio, la clase alta quiere disfrutar de un bienestar más sofisticado y culto, donde el "entendido" se convierte en la nueva figura de referencia».

— Mira tú.

— Por lo que yo he visto, casi todos los que se compran un coche son jóvenes, con estudios universitarios, solteros, nivel económico medio alto o alto y hacen actividades al aire libre en su tiempo de ocio, rafting, snowbording...

— ... petanca

— No no, petanca no. Tienen que ser cosas que acaben en «ing»

— Ah ya, como el parapuenting

— Sí, cosas de esas. Por eso las marcas se preocupan mucho de saber las cosas que les gustan a los que se compran coche. Por ejemplo, cuando Lancia hizo el Thesis, sabía que les gusta: «la filosofía de un recuperado "arte de vivir", de una satisfacción más personal e intimista, de una búsqueda del bienestar con uno mismo, que hoy caracteriza la manera de sentir de la nueva clase dirigente».

— Oiga y eso de la satisfacción personal con uno mismo ¿lo hace la clase dirigente dentro del coche?

— Sí, pero en un sentido elevado del término. La espiritualidad y los valores morales son muy importantes para vender un coche. Por ejemplo: «Ford espera que el Fusion atraiga a clientes con preocupaciones sociales, que valoren la confianza, la honestidad y la responsabilidad personal».

— Menos mal que soy de una peña del aleti, que si no lo mismo no me venden un Fusion de esos.

— Usted, que es una persona juiciosa, quizá se sienta más atraído por un Peugeot 307 SW porque sus: «características innovadoras son capaces de atraer a los aficionados a un coche diseñado inteligentemente y en condiciones de proponer nuevas sensaciones emocionales».

— ¡Atiza! Y lo de las nuevas sensaciones emocionales ¿es legal?

— Es una forma de expresarlo amigo mío. Las palabras adquieren una dimensión supracontextual para trascender a un plano metalinguístico ¿ve como me voy enterando?

— El que no se entera soy yo.

— Pues eso, que las palabras son muy importantes. Por ejemplo ¿por qué cree usted que un Fiat Ulysse se llama Ulysse?

— pues...

— ¡Exacto! porque: «El mismo nombre ya recuerda las características y los valores de un vehículo destinado a ofrecer una dimensión nueva de "vivir el automóvil", entendida como placer de viajar en su significado más amplio y fascinante, como deseo de descubrir nuevos horizontes».

— ¡Que cosas lee usted señor Pichardo!

— Uy, si yo le contara. Venga, pida usted dos cañas más, que no tenemos que conducir.

— ¡Niñoooo! Procede a expender dos unidades troncocónicas, con un objetivo refrescante y socializador a la vez que, por mor de producir una cierta estupefacción, refuercen el rol grupal de estos dos individuos que están al final de la barra.

— Marchando dos concreciones de la germinación de la cebada con aromatismos de lúpulo ¿Quieren ustedes algo de pieza que cierra por la parte superior cajas o recipientes?

Todos los textos en naranja son reproducciones literales de documentación de prensa. Dedicado a mi querido compañero Arturo de Andrés, que ha escrito lo mejor que he leído sobre este asunto.

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