Los coches chinos ya no llaman la atención únicamente por su precio. Entre otras cosas, porque también hay coches chinos caros. Pero basta conducir unos cuantos modelos para descubrir que detrás de ellos hay una forma distinta de entender el automóvil. No digo que sea mejor ni peor que la europea. Simplemente es distinta.
Hay tres características que se repiten con frecuencia. La primera está en la tecnología, donde conviven ideas realmente ingeniosas con ocurrencias que parecen pensadas para impresionar a tus amigos durante los primeros cinco minutos. La segunda, en las suspensiones, donde el confort suele tener prioridad frente a la precisión. Y la tercera, en unas plazas traseras más amplias… aunque eso implique sacrificar parte del maletero. La cuarta la dejo para el final.
Tecnología: entre lo ingenioso y lo innecesario
Subirse a determinados coches chinos recuerda un poco a estrenar un teléfono móvil de última generación: hay tantas funciones que durante las primeras horas resulta difícil saber cuáles vas a utilizar realmente. Pantallas enormes, menús de personalización interminables…y también megafonía exterior, melodías de dibujos animados o sistemas capaces de convertir el habitáculo en algo parecido a una discoteca, con iluminación ambiental que cambia al ritmo de la música. ¿Necesario? En absoluto. ¿Divertido durante un rato? Posiblemente sí. Sobre todo para un niño o para enseñárselo a un amigo.
Pero sería injusto quedarse únicamente con los fuegos artificiales tecnológicos, porque junto a estas funciones más llamativas aparecen algunas soluciones realmente interesantes. El aparcamiento es un buen ejemplo. Algunos fabricantes chinos están explorando sistemas cada vez más sofisticados para maniobrar automáticamente, complementados en algunos modelos con ideas tan sorprendentes como la posibilidad de desplazarse prácticamente en diagonal o realizar giros que parecerían imposibles en un coche convencional.

La industria europea suele ser relativamente conservadora a la hora de introducir determinadas funciones. Primero comprueba que sean útiles, después que funcionen bien y finalmente las incorpora. Muchas marcas chinas parecen seguir el camino contrario: prueban muchas cosas y dejan que sea el usuario quien decida cuáles tienen sentido.
Es precisamente esa mezcla lo que resulta interesante. El resultado es un coche que puede esconder una función brillantísima al lado de otra que probablemente utilizarás dos veces durante toda su vida útil. O nunca. Pero también genera una sensación que hacía tiempo que no era tan frecuente en el automóvil: la de estar descubriendo cosas nuevas. Y aquí hay que reconocer parte del mérito a Tesla, que con sus constantes actualizaciones de software ha acostumbrado a sus clientes a esperar qué nueva función aparecerá en su coche meses después de haberlo comprado.
Suspensiones cómodas antes que deportivas
Existe otro detalle que se percibe rápidamente al conducir muchos coches chinos: las suspensiones suelen estar claramente orientadas al confort.
En Europa llevamos décadas asociando un buen coche a conceptos como precisión de dirección, control de la carrocería o rapidez en los cambios de apoyo. Incluso muchos SUV familiares reciben suspensiones firmes para transmitir una cierta sensación de dinamismo.
China parece tener otras prioridades. Cuando toca elegir entre que el coche apoye inmediatamente en una curva o que los pasajeros apenas noten un bache, muchos modelos chinos parecen ponerse del lado de los pasajeros. Eso significa suspensiones más suaves, mayores movimientos de carrocería y una conducción que intenta aislar a los ocupantes de lo que sucede debajo de las ruedas.

A algunos conductores puede parecerle una puesta a punto demasiado blanda (a lo que hay que sumar unas direcciones que informan entre poco y nada). Y, si el objetivo es ir rápido por una carretera de los Pirineos, probablemente un buen coche europeo se «meriende» a muchos de sus equivalentes chinos. En esto, de momento, hay un claro vencedor.
Pero os hago una pregunta: ¿cuántos conducís buscando el límite del chasis? Para alguien que utiliza el coche para ir al trabajo, llevar a los niños al colegio o pasar una hora al día atrapado en una ronda urbana, quizá resulte más importante llegar descansado que saber exactamente cuánto agarre queda en el eje delantero. Porque desde el punto de vista de la seguridad, a tenor de los resultados que estamos observando en nuestra prueba de esquiva, no parece que esa puesta apunto confortable afecte negativamente.
Aquí puede surgir una duda: ¿los fabricantes chinos ajustarán las suspensiones de sus coches a los supuestos gustos de los europeos o serán los fabricantes europeos los que acabarán cambiando porque los clientes van a preferir coches más cómodos?
Plazas traseras más grandes… pero ¿qué pasa con el maletero?
La tercera diferencia es, para mí, la más curiosa. Si habéis estado en China —o vais en algún momento— observaréis que muchos (la mayoría) coches europeos se comercializan solo en versiones alargadas específicas para aquel mercado. Sucede con berlinas, pero también con SUV. El Mercedes-Benz Clase C chino tiene una batalla alargada, al igual que ocurre con el BMW X3.
La ganancia de longitud se da, exclusivamente, en las parte posterior. El objetivo es conseguir unas plazas traseras mucho más espaciosas, donde las rodillas de los más altos no chocan con los asientos delanteros y las piernas de los que no lo son pueden ir más estiradas. Esta característica se repite en numerosos coches chinos. Basta consultar nuestras tablas de mediciones interiores para comprobar que muchos modelos chinos ocupan los puestos de cabeza en espacio longitudinal para las piernas (y también destacan por altura).

Y resulta todavía más curioso porque no se puede explicar diciendo que los chinos sean más altos que los europeos. Según el informe oficial sobre nutrición y salud de la población china publicado en 2020, los hombres chinos de entre 18 y 44 años miden de media alrededor de 1,70 metros, mientras que las mujeres se sitúan en torno a 1,58 metros. Por tanto, ese mayor espacio en las plazas traseras no responde a una necesidad antropométrica, es una prioridad diferente a la europea a la hora de repartir el espacio dentro del coche.
El contrapeso aparece cuando abrimos el portón. Ese generoso espacio reservado a los pasajeros traseros se consigue en muchos casos a costa de un maletero menos espectacular de lo que cabría esperar teniendo en cuenta el tamaño exterior del coche.

Ahora es cuando comienzo a divagar: Los europeos viajamos a la montaña, a la playa, al pueblo. Nuestro estándar es —o al menos era— bastante fácil de reconocer: vacaciones, cuatro ocupantes y un maletero lleno hasta el techo. Ahí tienen que caber maletas, mochilas, bolsas, juguetes y unas cuantas cosas más que no usaremos. En China las vacaciones se organizan de una manera diferente. Un trabajador con menos de diez años de antigüedad tiene derecho a solo cinco días de vacaciones pagadas al año (aunque hay que sumar los grandes periodos festivos nacionales).
¿Tiene eso algo que ver con la manera en la que los fabricantes chinos reparten el espacio interior? No tengo ninguna prueba. Y probablemente la explicación sea bastante más compleja.
La duda: ¿la fiabilidad será la cuarta diferencia?
Cuando alguien quiere referirse despectivamente a un coche chino, el argumento acaba apareciendo tarde o temprano: «Ya veremos cuánto dura». ¿Tendrá razón? No lo sabemos. Aún.
Ese es el problema cuando hablamos de fiabilidad. En km77 podemos medir consumos, prestaciones, espacio interior o distancias de frenado desde el primer día. Podemos probar un coche durante una semana y recorrer un par de miles de kilómetros con él. Pero para saber cómo envejece realmente hacen falta años. Hacen falta kilómetros, averías, talleres, recambios y, sobre todo, miles de coches circulando en manos de clientes reales.
Las marcas europeas, japonesas o coreanas llevan décadas acumulando ese historial. De muchas de las marcas chinas que ahora empiezan a ser habituales en nuestras carreteras todavía no tenemos esa perspectiva. Cuando sus coches tengan diez o quince años veremos cómo envejecen sus sistemas híbridos, cuánto cuesta reparar determinadas averías y durante cuánto tiempo están disponibles los recambios.
Puede que dentro de unos años descubramos que sus coches envejecen exactamente igual de bien que los europeos. Puede que incluso mejor. O puede que la fiabilidad termine siendo, efectivamente, la cuarta diferencia entre los coches chinos y los europeos.
Prueba de 100k con un híbrido enchufable chino?
Y….., En los chinos, garantías largas para acabar de pagar el coche en los mantenimientos anuales, obligatorios y caros.
A…., y se se usa fuera de las grandes ciudades, comprobar servicio técnico (por si acaso)
A las diferencias reseñadas en el artículo (todas ciertas) se pueden añadir algunas más.
Los coches chinos (y en general asiáticos) llevan muchos más avisos sonoros que los occidentales. A nosotros nos resulta molesto tanto pitidito pero allí por lo visto lo aceptan (o les obligan)
Otra diferencia es la tendencia al barroco en la decoración, con más cromo o superficies brillantes que los occidentales.
A nivel de información muchos chinos no te dicen el consumo real de tu trayecto, sino que te muestran el consumo medio de los últimos 50 o 100km capado por encima, esto imagino que lo hacen por no mostrar datos alarmantes de consumo en determinados instantes.
Por último los coches chinos son por lo general tragones en comparación con los europeos, tanto los eléctricos como los térmicos.
Los coches chinos van a terminar merendándose a europeos y japoneses. Son expertos en copiar. Solo quedarán las marcas de nicho que se mantendrán con el que quiere reinvidicar algo de estatus por el emblema en el capó. Por otro lado se anticipa un resurgimiento del coche clásico. El que tenga un buen coche europeo previo a la obsolescencia programada tiene un tesoro. Acabaremos en una versión Cuba 2.0 con buenos coches de los 90 y primeros 2000 en la carretera y muchos chinos recién comprados.