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En la industria del automóvil actual, el uso de tapicerías sintéticas, frecuentemente denominadas piel vegana, cuero ecológico o polipiel, se ha extendido de forma notable. La mejora en las técnicas de confección ha permitido que estas alternativas ofrezcan un aspecto visual y un tacto superficial casi indistinguibles de la piel de origen animal. Sin embargo, más allá de los criterios estéticos, medioambientales o de costes de producción, las propiedades físicas de ambos materiales difieren de forma importante, especialmente en lo relativo a la gestión de la temperatura y la disipación del calor dentro del habitáculo.

Cuando un vehículo permanece estacionado bajo la radiación solar directa durante el verano, el cuero sintético tiende a alcanzar temperaturas superficiales más elevadas y suele resultar más caluroso al contacto que la piel natural.

Porosidad y transpirabilidad

La diferencia fundamental entre ambos revestimientos está en su estructura interna a escala microscópica. La piel natural es un material orgánico complejo compuesto por una red tridimensional de fibras de colágeno cruzadas. Esta arquitectura natural cuenta con una densidad de microporos que permite que el aire y la humedad circulen de forma pasiva a través del tejido.

Por el contrario, el cuero sintético comercial es, en esencia, un polímero derivado del petróleo (habitualmente poliuretano o policloruro de vinilo, PVC) aplicado sobre una base textil de poliéster. Este recubrimiento plástico forma una barrera continua, sellada e impermeable que carece de la porosidad natural característica de la piel animal.

Cuando la radiación solar atraviesa los cristales del vehículo, la energía térmica calienta la capa exterior plástica. Al no disponer de una estructura porosa por los que pueda disiparse el aire caliente acumulado en las capas inferiores del espumado del asiento, la superficie sintética acumula calor de forma continua. Asimismo, cuando el ocupante se sienta sobre el respaldo, la ausencia de transpiración impide la evacuación del sudor y del calor corporal, creando un efecto de bochorno sobre la piel.

Imagen de km77

Absorción y transmisión del calor

El segundo factor determinante es la forma en que cada material absorbe, transmite y libera el calor. Los recubrimientos sintéticos utilizados en automoción, normalmente de poliuretano (PU) o policloruro de vinilo (PVC), tienden a absorber una parte importante de la energía procedente de la radiación solar y, además, presentan una baja conductividad térmica. Como consecuencia, el calor se concentra inicialmente en la superficie del revestimiento, que es la zona que entra en contacto con el ocupante.

En condiciones de fuerte insolación, la temperatura superficial del cuero sintético puede superar con facilidad los 60 o 70 °C, llegando a resultar muy incómodo al tacto. La piel natural, por su estructura fibrosa y su mayor capacidad para intercambiar humedad con el entorno, suele calentarse de forma menos intensa y ofrecer una sensación térmica más agradable.

Para mitigar esta desventaja termodinámica del material sintético, los departamentos de ingeniería de los fabricantes recurren cada vez más a la perforación mecánica del tejido y a la instalación de sistemas de ventilación activa mediante ventiladores integrados en la banqueta y el respaldo. Sin embargo, en configuraciones de tapicería sin perforación ni climatización interna, la piel natural conserva una clara ventaja física en términos de regulación térmica y confort habitacional durante las épocas de mayor radiación solar.