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Conducir sobre asfalto mojado conlleva pérdida de adherencia, aumento de la distancia de frenado y aparece el riesgo de aquaplaning, lo que hace que el neumático sea un elemento clave para la seguridad. Aunque no existen neumáticos de lluvia como categoría legal independiente para turismos de calle, sí hay modelos específicamente diseñados para rendir mejor en estas condiciones.

El principal enemigo en mojado es la película de agua que se forma entre el neumático y el asfalto. Si el neumático no es capaz de evacuarla con rapidez, el contacto se pierde parcial o totalmente. A partir de ahí, la dirección se vuelve imprecisa, el coche tarda mucho más en frenar, e incluso se hace incontrolable. Por eso, el diseño del neumático para lluvia tiene el objetivo de mantener el máximo contacto posible con el suelo incluso cuando hay agua.

Dibujo de la banda de rodadura

El elemento que más influye en el rendimiento sobre mojado es el dibujo de la banda de rodadura. Los mejores neumáticos para lluvia suelen tener surcos longitudinales anchos y profundos, combinados con canales transversales que ayudan a expulsar el agua hacia los laterales. Este diseño crea caminos por los que el agua puede salir rápidamente de la zona de contacto.

La forma en V también es un diseño eficiente para la evacuación de agua en línea recta. A medida que el neumático rota, los surcos en V expulsan el agua desde el centro del neumático hacia los lados. Esto minimiza la acumulación de la cuña hidrodinámica frontal. Estos son los neumáticos direccionales, que obligan a respetar estrictamente el sentido de rotación indicado por el fabricante, ya que montarlos al revés empeora notablemente su comportamiento.

Imagen de Freepik

La profundidad del dibujo es clave. Un neumático nuevo evacua mucha más agua que uno desgastado, aunque la banda de rodadura aún no haya llegado a los testigos de desgaste (la profundidad mínima legal de los surcos es de 1,6 mm).

Materiales de la goma

Además del dibujo, el compuesto de goma marca grandes diferencias. Los neumáticos que funcionan bien en lluvia utilizan compuestos con un alto contenido en sílice. Este material mejora la adherencia sobre superficies frías y húmedas, permitiendo que la goma se adapte mejor a estas condiciones.

La sílice también ayuda a que el neumático alcance antes su temperatura óptima de funcionamiento, algo importante en días lluviosos, ya que el asfalto suele estar más frío. Un compuesto demasiado duro puede funcionar bien en seco y a alta temperatura, pero ofrecer poco agarre en mojado. Por eso, muchos neumáticos pensados para lluvia priorizan el equilibrio entre agarre y durabilidad frente a un rendimiento puramente deportivo.

Otro aspecto relevante es la flexibilidad de los bloques de la banda de rodadura. Los neumáticos eficaces en lluvia suelen tener laminillas y pequeños cortes que permiten que los tacos se deformen ligeramente, mejorando el contacto con el suelo y la capacidad de frenado.

Etiquetado europeo

Para el conductor, la referencia más clara a la hora de comparar neumáticos es la etiqueta europea. En ella aparece un apartado específico sobre agarre en mojado, clasificado de la A (mejor) a la E. Esta calificación se basa principalmente en la distancia de frenado sobre asfalto mojado, por lo que es un indicador objetivo.

Introducido bajo el Reglamento (CE) Nº 1222/2009 y actualizado por el Reglamento (UE) 2020/740 (efectivo desde mayo de 2021), el sistema de etiquetado de la UE exige que los neumáticos vendidos en la zona exhiban una etiqueta indicando el rendimiento en tres áreas clave: eficiencia de combustible, agarre en mojado y ruido de rodadura externo.

Sin embargo, tiene sus límites. Dos neumáticos con la misma calificación pueden comportarse de forma distinta en situaciones reales, como charcos profundos, lluvia intensa o carreteras con muchos baches. La etiqueta no mide directamente la resistencia al aquaplaning ni el comportamiento en curva, aspectos donde el diseño del dibujo y su profundidad cobra especial importancia.