En la parte inferior de la mayoría de los vehículos modernos se encuentra una pieza que cumple funciones importantes para la longevidad mecánica y la eficiencia energética. El cubrecárter es, en esencia, una pieza situada bajo el motor que cumple diferentes funciones dependiendo del uso que se vaya a dar al vehículo y del material en que esté construido.
Históricamente, el cubrecárter era una plancha resistente reservada a vehículos todoterreno o de uso industrial y que servía (y sirve) para proteger los elementos mecánicos, especialmente el cárter de aceite. Sin embargo, hoy es un estándar en prácticamente cualquier turismo destinado a circular por carretera. La presencia de este elemento se debe a que las exigencias de homologación de consumos y la creciente complejidad de los componentes eléctricos situados en el vano motor han convertido a este protector en un aliado indispensable.
Protección y aerodinámica
La función más evidente del cubrecárter es la protección contra impactos. Durante la conducción, las ruedas delanteras pueden proyectar piedras, gravilla o restos de asfalto hacia las partes móviles y delicadas del motor. Un impacto directo en el cárter podría fisurarlo. Asimismo, protege elementos como las correas auxiliares o sensores de la humedad y la suciedad directa.

Sin embargo, el cubrecárter es en los coches modernos una pieza aerodinámica clave ya que ayuda a que la parte inferior de la carrocería tenga una forma más plana y se reduzcan las turbulencias a alta velocidad, lo que se traduce en una reducción directa del consumo de combustible y de las emisiones. En los vehículos eléctricos e híbridos, esta función es todavía más importante, ya que la autonomía depende en gran medida de un flujo de aire que no penalice el avance a altas velocidades. Además, actúa como un aislante acústico, mitigando parte del ruido mecánico que se proyecta hacia el exterior y el habitáculo.
¿De qué material es?
No todos los cubrecárter son iguales ni ofrecen el mismo nivel de seguridad. La inmensa mayoría de los coches de serie equipan estos protectores de polipropileno o plásticos reforzados. Estos son ideales para el uso diario, dado que son ligeros, económicos de fabricar y cumplen con la función aerodinámica y de evitar que residuos entren al motor. No obstante, su capacidad para absorber impactos de objetos contundentes es limitada.
Por otro lado, encontramos los cubrecárter metálicos, fabricados habitualmente en acero o duraluminio. Su función no es tanto aerodinámica, como de protección en conducción fuera de asfalto (off-road), donde el riesgo de golpear rocas o rozar el coche en crestas de tierra es importante. También son recomendables para conductores que circulan habitualmente por carreteras secundarias en mal estado, zonas rurales y montañosas o áreas donde la presencia de animales sueltos o desprendimientos sea frecuente.
Es importante señalar que la sustitución de un protector de plástico por uno metálico debe hacerse con criterio técnico. Un cubrecárter metálico añade peso al eje delantero y puede alterar ligeramente la disipación térmica del motor si no cuenta con las canalizaciones de aire adecuadas. Además, en caso de colisión grave, el protector debe estar diseñado para no interferir con la deformación programada del chasis ni con la caída del motor (un sistema de seguridad pasiva que evita que el bloque penetre en el habitáculo).
Últimos Comentarios