Es fácil asumir que todas sus superficies acristaladas de un coche comparten una misma composición y estructura. Al fin y al cabo, su función primaria parece idéntica: garantizar la visibilidad de los ocupantes, aislar el habitáculo de las inclemencias meteorológicas y soportar las fuerzas aerodinámicas durante la marcha. Sin embargo, ante un impacto severo o un accidente, el comportamiento de estos elementos es muy distinto. Mientras que las ventanillas laterales estallan de forma instantánea en pedazos diminutos, el parabrisas delantero absorbe el golpe, se agrieta con un patrón similar a una telaraña, pero mantiene su integridad estructural sin desprenderse.
La diferencia en la forma de fracturarse responde a que el procesado del vidrio es totalmente diferente en cada caso.
Vidrio laminado en el parabrisas
El parabrisas delantero es uno de los componentes más exigidos en la arquitectura de seguridad pasiva del habitáculo. No solo es el elemento que recibe el impacto directo de piedras, gravilla o detritos a alta velocidad en carretera, sino que también es un pilar de apoyo fundamental para el correcto despliegue del airbag del acompañante y aporta resistencia estructural en caso de vuelco. Para soportar tales esfuerzos, la normativa exige que el parabrisas esté fabricado con vidrio laminado.
La estructura de un parabrisas laminado consiste en un «sándwich» compuesto por dos láminas de vidrio unidas mediante una capa intermedia de PVB, mediante un proceso de presión y calor. Cuando un objeto golpea el parabrisas, la energía del impacto fractura las capas de vidrio externas, pero las fisuras se detienen al llegar a la elástica.

La lámina de PVB retiene los fragmentos adheridos a su superficie, impidiendo que salgan proyectados hacia el interior del habitáculo y causen lesiones a los ocupantes. Asimismo, esta elasticidad evita que los objetos del exterior atraviesen el cristal y, en caso de una colisión severa donde los pasajeros no lleven el cinturón de seguridad, previene la eyección de las personas fuera del habitáculo, manteniéndolas protegidas dentro de la célula de supervivencia del coche.
Vidrio templado en las ventanillas
El escenario cambia por completo al analizar las ventanillas laterales y, en la mayoría de los casos, la luneta trasera. En estas zonas, el objetivo prioritario no es mantener la rigidez estructural del panel, sino garantizar que, si el cristal llega a romperse, lo haga de una forma que no resulte letal para los pasajeros y que permita una vía de evacuación rápida. Para ello se utiliza el vidrio templado.
El templado es un tratamiento térmico y físico. Durante su fabricación, la pieza de vidrio se calienta a temperaturas muy altas (cercanas a los 650 ºC) para luego sufrir un enfriamiento súbito mediante chorros de aire frío a alta presión. Este proceso enfría las superficies exteriores de forma mucho más rápida que el núcleo interno del cristal, y como consecuencia, las capas externas quedan sometidas a una fuerte tensión de compresión, mientras que el interior retiene una alta tensión de tracción.
Esta distribución de tensiones internas multiplica la resistencia mecánica del vidrio templado hasta cuatro o cinco veces más que la de un cristal ordinario ante impactos. Sin embargo, si un impacto consigue romper la capa superficial sometida a compresión exterior y alcanzar el núcleo en tensión, el equilibrio físico se rompe de forma instantánea.
Toda la energía interna acumulada se libera, provocando que el cristal se desintegre por completo en fragmentos granulares de contornos redondeados y con bordes poco afilados. Este tipo de rotura previene los cortes profundos que causaría el vidrio común al romperse en grandes cuchillas afiladas. Además, al desplomarse el cristal por completo, se genera un espacio libre inmediato que facilita la salida de los ocupantes o el acceso de los servicios de emergencia en caso de que las puertas queden bloqueadas tras un accidente.
Algunos fabricantes recurren al vidrio laminado también en las ventanillas laterales de determinadas versiones para mejorar el aislamiento acústico y la seguridad frente a robos o eyecciones. Como contrapartida, este tipo de cristal dificulta la evacuación a través de las ventanillas y hace más compleja su rotura en caso de emergencia.
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