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Los coches están diseñados para moverse, y por paradójico que parezca, un coche puede sufrir más «envejecimiento» estando parado durante largos periodos de tiempo que circulando de manera habitual. La inactividad prolongada altera las propiedades químicas de los fluidos y ejerce presiones mecánicas estáticas que degradan componentes esenciales.

No existe una cifra exacta de cuánto tiempo es «demasiado» tiempo, ya que depende en gran medida del entorno (humedad, temperatura, etcétera) y de la preparación previa. Sin embargo, en términos generales, a partir de las tres o cuatro semanas de inactividad, ya comienzan a manifestarse los primeros efectos adversos, especialmente en la electrónica y la batería. Si el periodo va a superar los tres meses, se necesita llevar a cabo un protocolo más estricto.

Componentes más afectados por el reposo

El efecto más inmediato y conocido de la inactividad es la descarga de la batería. Incluso con el contacto quitado, los módulos electrónicos de control, sistemas de alarma y memorias consumen una corriente mínima. En unas pocas semanas, esta demanda constante puede agotar la carga por debajo de su voltaje crítico, provocando un proceso irreversible de sulfatación de las placas internas que reduce su vida útil o la inutiliza por completo.

A nivel mecánico, los neumáticos sufren debido a la carga estática. El peso del vehículo sobre un mismo punto durante semanas deforma la estructura de goma. En el mejor de los casos, esto genera vibraciones al volver a circular que desaparecen tras unos kilómetros, pero si la inactividad es prolongada y la presión de inflado es baja, la deformación puede ser permanente. Además, la goma se reseca y agrieta, especialmente si está expuesta a la radiación ultravioleta, lo que compromete la seguridad.

Rueda de coche pinchada
Imagen de Freepik

Los fluidos son otro factor crítico. El aceite del motor se oxida y se acidifica con el tiempo, degradando sus aditivos, aunque el motor no gire. El líquido de frenos, debido a su propiedad higroscópica, absorbe humedad del aire. Si el coche está parado, esta humedad no se evapora y puede provocar corrosión interna en los pistones de la pinza y en el módulo del ABS. Por su parte, el combustible (especialmente la gasolina) se degrada; sus componentes más volátiles se evaporan, formando barnices y lodos que pueden obstruir inyectores y filtros al intentar arrancar tras mucho tiempo de inactividad.

Protocolo de preparación si no vas a mover el coche

Si se sabe que el vehículo no se va a utilizar durante un periodo que exceda los tres meses, se debe preparar el coche en cierto modo para la inactividad. El objetivo es estabilizar los componentes químicos y mecánicos para evitar daños estructurales.

El primer paso es la gestión de los fluidos. Se recomienda encarecidamente realizar un cambio de aceite y filtro justo antes del almacenamiento. El aceite usado contiene contaminantes y ácidos derivados de la combustión que pueden corroer las superficies metálicas internas del motor si se dejan reposar. Además, es aconsejable llenar el depósito de combustible por completo para minimizar el volumen de aire en el interior (reduciendo la condensación de agua) y añadir un aditivo estabilizador de combustible para ralentizar la oxidación.

Para los neumáticos, lo mejor que se puede hacer es sobreinflar las gomas hasta la presión máxima de seguridad recomendada por el fabricante (generalmente entre 3,5 y 4 bares). Esto reduce la superficie de contacto y minimiza el riesgo de puntos planos. Si el almacenamiento va a estar por encima de un año, la opción más sensata es colocar el vehículo sobre caballetes o borriquetas para eliminar la carga sobre la suspensión y los neumáticos. En cuanto a la batería, si es posible, se debe conectar a un cargador o mantenedor inteligente que simule ciclos de uso. Si no hay electricidad, desconectar el borne negativo retardará la descarga, aunque no evitará la autodescarga natural.

Y en lo que respecta a la carrocería y al interior, también hay que tomar acciones. Un lavado a fondo, seguido de un encerado, protege la pintura de contaminantes. Si se puede evitar accionar el freno de mano, será lo mejor, ya que las pastillas pueden oxidarse y quedarse pegadas a los discos o tambores. En su defecto, es preferible usar calzos para bloquear las ruedas. Si no queda más remedio que dejar un coche parado durante mucho tiempo en exteriores, una funda de alta calidad (transpirable) es esencial. En un garaje con poca humedad y bien ventilado, se pueden dejar ligeramente bajadas las ventanillas para permitir una mínima circulación de aire y evitar que se forme moho.