Amigos y amigas,

Queridos todos.

Qué tal?

Sigo con mi maratón que hace ya veinte años que dura y que consiste en ver todas las series y películas que se estrenan. Al principio era mucho más fácil, lo reconozco: hablamos de cinco o seis estrenos a la semana y cero series. Bueno, a veces caía alguna pero en formato dvd (en aquella época no sabía yo mucho de torrents, lo confieso abiertamente) cuando me iba de viaje a Nueva York o a Londres y me metía en alguna tienda. Qué tiempos aquellos de hurgar en montañas de dvds como si no hubiera una mañana.

Sueno como un boomer, principalmente porque lo soy.

Ahora la tarea me obliga a pasar innumerables horas frente al televisor viendo una innumerable cantidad de mierdas. La producción ha llegado a un nivel en la que más es menos y es difícil encontrar algo realmente bueno.

Pero lo hay.

No sería el caso de los dos productos de los que les voy a hablar a continuación: El hombre de Florida y Obsesión.

La primera debo admitir que no he entendido muy bien de qué cojones va. No sé si me habla de un estafador o de un criminal y no sé exactamente qué hace ese estafador/criminal. Sé que el protagonista es Edgar Ramírez, que es un actor estupendo que tuvo un breve periodo de moda (salió en par de películas de la saga de Jason Bourne) y luego se esfumó en ese océano de rostros que uno recuerda ligeramente, aunque no podría decir exactamente de qué.

Aquí el hombre hace lo que puede, pero en los dos capítulos que he visto se le ve ya más vencido que a su personaje. La sinopsis dice que se trata de un expolicía caído en desgracia que vuelve a su pueblo o algo así. Yo no he acabado de seguir bien la trama, también podría ser que porque soy muy mayor.

En cualquier caso, no se la recomiendo.

La otra serie de la semana (que seguro que será número uno en Netflix en un rato) se llama Obsesión y es una especie de remake de Herida, aquella obra maestra de Louis Malle sobre un tipo que se lía con la novia de su hijo. Claro, en aquella película eran Jeremy Irons y Juliette Binoche. Palabras mayores.

En esta revisión televisiva de Netflix, los protagonistas son una actriz a la que yo no tenía el gusto de haber visto demasiado, más allá de sus papeles en Peaky blinders y Happy valley, llamada Charlie Murphy. Al otro lado, uno de los actores con menos carisma del mundo: Richard Armitage.

Armitage ya nos dio la turra en El hobbit en su papel del atormentado Thorin. No sé si fue él el que arruino las películas, pero algo hay.

La cuestión es que la química entre esta pareja de intensa vida interior que se mira muy fuerte todo el rato y se quita la ropa como si fuera a romperse, es inexistente. Si a eso le sumamos que las escenas de sexo parecen filmadas por un koala en incipiente estado de ebriedad y añadimos a la ecuación una música de misterio muy misterioso, pues pasa lo que pasa.

Cuatro capítulos más largos que una maratón de Masterchef.

Terrible.

Nada, si quieren pasarlo bien y ver algo interesante, el documental sobre Brooke Shields en Disney + está muy bien y no sale el pesado de Armitage, que -quieras que no- siempre es positivo.

Les prometo que intentaré ver algo decente este fin de semana. El martes voy a ver la nueva de Posesión infernal, que siempre sienta bien.

Les cuento en breve.

Cuídense, pónganse crema solar y pórtense bien.

Abrazos,

T.G.R.