Los navegadores son una herramienta indispensable para cualquier conductor que necesite llegar a un sitio que desconoce. Google Maps y Waze, ambos propiedad de Google, prometen llevarnos por la ruta más rápida posible teniendo en cuenta el tráfico en tiempo real. Sin embargo, cualquier conductor habitual habrá visto situaciones en las que el navegador propone desvíos poco intuitivos, carreteras secundarias lentas o rutas que no ahorran nada de tiempo.
Lo interesante es que no se trata de un fallo puntual de la aplicación, sino de un correcto y peculiar funcionamiento de estos sistemas, además de las limitaciones de los datos que utilizan. Los navegadores toman decisiones basadas en modelos probabilísticos, históricos y en información que no siempre refleja exactamente lo que ocurre en la carretera en ese momento.
Cómo calculan la ruta más rápida
El criterio principal es el tiempo estimado de llegada, que se calcula combinando varios factores. El primero es la velocidad media histórica de cada tramo. Cada carretera tiene un perfil construido a partir de miles de recorridos anteriores, que indica a qué velocidad se suele circular en distintos momentos del día y de la semana.
A esto se suman los datos en tiempo real, obtenidos principalmente de los propios usuarios. La posición y velocidad de los teléfonos móviles permiten detectar retenciones, si el tráfico es denso o incluso si la circulación va fluida o no. Si muchos vehículos reducen la velocidad en un tramo, el sistema interpreta que esa zona está congestionada.
El problema es que estos datos no siempre son completos ni instantáneos. En carreteras poco transitadas, el número de usuarios es mucho menor y la información llega tarde o es poco precisa, por lo que en esos casos, el navegador se apoya casi exclusivamente en datos históricos. El problema es que estos datos podrían no reflejar una situación puntual que se está dando en ese momento, como una obra, un accidente o un vehículo averiado ocupando un carril.
Además, los algoritmos tienden a evitar cambios constantes de ruta. Si la diferencia entre dos opciones es mínima, el sistema puede mantener la ruta original para no generar confusión, aunque otra alternativa termine siendo ligeramente más rápida.

Importancia del tráfico
Uno de los factores clave es que Google Maps y Waze trabajan con estimaciones, no con certezas. Cuando el sistema calcula que una ruta ahorra, por ejemplo, dos o tres minutos, lo hace asumiendo que las condiciones actuales se mantendrán. Pero el tráfico es dinámico y puede cambiar en cuestión de segundos.
También influyen los propios usuarios. En Waze, los avisos de accidentes, obras o vehículos detenidos dependen de que alguien los reporte y de que otros usuarios los confirmen. Hasta que eso ocurra, el navegador puede seguir considerando ese tramo como válido. En Google Maps, aunque hay avisos similares, no tienen tanto peso en las estimaciones.
Por qué a veces evitan autopistas
Muchos conductores se sorprenden cuando el navegador propone una carretera secundaria en lugar de una autopista. Esto suele ocurrir cuando el sistema detecta, o cree detectar, una pérdida de tiempo en la vía principal. Esto puede deberse a un pequeño accidente, un tramo en obras o incluso una retención puntual.
Además, Google Maps y Waze tienen en cuenta factores como peajes, restricciones de giro, semáforos o intersecciones. En ocasiones, una ruta más corta y directa puede resultar más lenta si implica varios cruces urbanos o semáforos, aunque pueda parecer la mejor opción.
También hay que tener en cuenta que el algoritmo no valora el confort de conducción. Una carretera estrecha, con curvas o atravesando zonas residenciales puede ser «más rápida»” en términos matemáticos, aunque en la práctica resulte más incómoda o estresante.
Cómo evitar rutas lentas
- La experiencia del conductor es clave. En zonas que conocemos bien, puede ser evidente que una ruta alternativa propuesta no funcionará, por ejemplo, porque atraviesa calles escolares a ciertas horas o zonas con aparcamiento en doble fila habitual.
- Conviene ser prudente cuando el sistema propone encadenar muchos desvíos para ahorrar pocos minutos. Esos cálculos son los más sensibles a errores, ya que dependen de que cada tramo funcione exactamente como se espera.
Son de ayuda, no hay que tomarlos directamente como fiables totalmente, sobre todo cuando dan varias rutas. Hay que examinar las rutas y después elegir la más adecuada y sobre todo llevar combustible en el depósito por si tienes que dar marcha atrás y dar un rodeo grande. Recuerdo una vez, hace años, que iban varios coches de Panticosa al Pueyo de Jaca por un camino y había gente muy amable que les decían que por ahí no iban a poder pasar. Entonces se daban la vuelta, excepto alguno que no hacía caso y claro seguro que tendría problemas. También a veces te dan la ruta más corta y tienes que ir por varios kilómetros de curvas y con peligro. Por eso considero que son una referencia, pero no hay que hacerles caso sin estudiar la ruta. Llevar también un mapa es positivo. La tecnología tiene sus fallos y los navegadores tienen un programa de origen y siempre lo van a hacer así. No te fíes, porque la tecnología no es la panacea de las soluciones. Con la tecnología somos unos robots y llamadme antiguo pero viajar sin tanta tecnología hace que disfrutes más de la conducción y de todo. Solo hay que estar atentos a señales y mapas. Y si hay que preguntar se pregunta. Opino que la tecnología tiene que tener un límite, porque destruye mucha mano de obra, y siempre favorece al inversor y accionista, pero como no interesa, pues no se habla de ello. Os acordáis de las fábricas de coches sin tanta tecnología? . Y la mano de obra que eliminaron? Abismal y brutal. Ahora en un almacén de cientos de metros cuadrados trabajan dos personas y antes varias personas y por lo tanto comían varias familias.