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El pasado mes de abril cumplió 60 años uno de los clásicos más importantes (e injustamente olvidados) de nuestro país: el SEAT 850. Aunque su recuerdo ha ido palideciendo con el paso de las décadas frente a modelos de más renombre como el 600, el 124 o el 127, el «ocho y medio» llegó a ser el turismo más vendido de España en 1967 y de 1969 a 1972.

El origen del 850 lo encontramos en FIAT, ya que por entonces SEAT fabricaba bajo licencia vehículos de la casa italiana, si bien con algunos ‘inventos’ propios como el 800 (un 600 de cuatro puertas creado por Carrocerías Costa) o el 1400 C/1500 (que no era más que un FIAT 1800/2100 con un modesto motor de cuatro cilindros, más adaptado a la realidad de nuestro país que los bloques de seis cilindros utilizados en su hermano italiano).

El FIAT 850 vio la luz en 1964. Venía a llenar el hueco que existía entre los 600 y 1100, aunque desde un punto de vista técnico tenía mucho en común con su hermano pequeño, del que tomaba su configuración mecánica «todo atrás» (motor y tracción traseros). Era más grande y potente, pero se trataba más bien de una evolución que de una revolución.

SEAT 850 Normal de dos puertas.

En España tuvimos que esperar dos años para recibirlo. Se trataba de una berlina de dos puertas y 3,57 metros de longitud con un diminuto tercer volumen trasero introducido por motivos aerodinámicos. Este elemento le valió uno de sus sobrenombres más conocidos: «culo pollo». Tenía un motor de cuatro cilindros y 843 centímetros cúbicos capaz de rendir 37 CV DIN, suficiente para alcanzar los 125 km/h de velocidad punta, nada mal para los estándares de la época.

El recibimiento del público fue entusiasta, ya que por entonces la oferta nacional era muy limitada y apenas existían modelos de gama media (el salto del 600 al 1500 era abismal), a pesar del creciente poder adquisitivo de la población. Rápidamente, SEAT empezó a desplegar nuevas variantes, dando a los clientes una mayor cantidad de opciones entre las que elegir, algo hasta entonces prácticamente impensable.

En 1967 se lanzaron dos versiones de cuatro puertas. El modelo «corto» se basaba en el FIAT 850 Lucciola, creado por el carrocero italiano Lombardi. Ensamblado por MARSA (Manufacturas Railly S.A.), mantenía la distancia entre ejes del dos puertas y tuvo una vida comercial extremadamente breve: tras apenas un año en catálogo, se retiró con 419 unidades fabricadas. A día de hoy sobreviven 2 o 3.

SEAT 850 Especial de cuatro puertas.

SEAT articuló una completa gama de versiones y carrocerías

El 850 de cuatro puertas «largo» fue obra de la antes mencionada Carrocerías Costa, radicada en Terrassa. Tenía una batalla 15 cm más amplia, lo que se traducía en una mejor habitabilidad; además, su línea lateral se inspiraba en la del recién presentado FIAT 124. Este fue el modelo que terminó sobreviviendo.

También en 1967 llegó el 850 Coupé, que tenía una carrocería de tipo fastback y un salpicadero más refinado con una instrumentación de doble esfera. Si bien mantenía la cilindrada original, su motor veía aumentada su potencia hasta los 47 CV DIN, algo que se logró mediante la adopción de un carburador de doble cuerpo, unos colectores de escape 4 a 1 y una mayor relación de compresión. Puesto que alcanzaba los 140 km/h, fue necesario instalar unos frenos delanteros de disco.

En 1968 se introdujo el 850 Especial, que combinaba la mecánica del Coupé con las carrocerías de dos y cuatro puertas convencionales. Estéticamente se distinguía por contar con una calandra diferente y unas llantas de 13 pulgadas ventiladas en lugar de las de 12 pulgadas del modelo Normal.

SEAT 850 Coupé.

Esta especie de utilitario deportivo, predecesor de los pequeños GTI que empezarían a proliferar en los años 70 y 80, llegaba a los 135 km/h. En 1969 se sumó el descapotable 850 Sport, que derivaba del FIAT 850 Spider de segunda serie. Se trataba de un biplaza diseñado por un jovencísimo Giugiaro para Bertone, y fue el encargado de estrenar el legendario propulsor de 903 centímetros cúbicos que terminaría sobreviviendo hasta finales de los años 90 montado en el Marbella.

Gracias a sus 52 CV DIN, llegaba a los 150 km/h. Esta mecánica se trasplantó en 1970 al Coupé, que pasó a llamarse Sport Coupé y recibió un rediseño con grupos ópticos dobles tanto delante como atrás, así como una trasera de tipo coda tronca. Por motivos aerodinámicos, se quedaba en 145 km/h.

INDUCAR, una cooperativa formada por los antiguos trabajadores de Carrocerías Costa que unos años más tarde crearía el 1200 Sport «Bocanegra», se hizo cargo de la producción del cuatro puertas, reintroduciendo en 1971 la mecánica Normal (que desde la aparición del Especial solo estaba disponible en el dos puertas).

SEAT 850 Sport ‘Spider’.

Mueres por caduco, pero ya tienes sustituto

También se creó la versión Especial Lujo, asociada exclusivamente a la carrocería de cuatro puertas. Tenía un salpicadero similar al del Coupé (incluida la instrumentación con dos relojes) y una tapicería de tela y escay. En términos de equipamiento, veía sustituida la dinamo por un alternador, y ganaba una luneta térmica y doble circuito independiente de frenos. Se diferenciaba visualmente de sus hermanos por la bigotera específica y las tomas de aire del pilar C.

Coincidiendo con el lanzamiento del 127 en 1972, SEAT presentó el 850 D, primer y último restyling del modelo. Los Sport y Sport Coupé fueron eliminados de la gama, y se extendieron a los Normal y Especial algunas de las novedades vistas en el Especial Lujo (concretamente, el circuito de frenos revisado y las tomas de aire posteriores).

La producción terminó en 1974 tras un total de 662.832 unidades fabricadas. Los trabajadores lo despidieron con un cartel que rezaba «Mueres por caduco, pero ya tienes sustituto». Un tratamiento muy diferente al que había recibido solo un año antes el 600, que fue despedido con el lema «Naciste príncipe, mueres rey». Un presagio de cómo la historia iba a tratarlos de forma muy diferente.

La concentración por el 60º aniversario del modelo reunió a prácticamente todos los representantes de la gama.

Sin embargo, todavía quedan unos cuantos aficionados al «ocho y medio» que buscan salvaguardar su legado, como demuestra la concentración realizada el pasado fin de semana en Polinyà del Vallès (Barcelona), que logró reunir a más de una veintena de unidades en el marco de la 6ª Exposición de Coches y Motos Clásicas de Ratoneros Moteros.

A pesar de que se trata de un clásico algo olvidado, el futuro del SEAT 850 parece asegurado, pues la concentración fue organizada por Fran, un chaval de dieciséis años, con ayuda de su padre, con el que comparte afición. ¡Para que luego digan que no hay relevo generacional!