La conducción sobre nieve es todo un reto para los sistemas de seguridad activa de nuestros vehículos. Entre ellos está el control de tracción —también conocido como TCS, de Traction Control System—, una función diseñada para evitar el deslizamiento de las ruedas motrices, las que se encargan de impulsar el coche.
Sin embargo, en superficies de adherencia muy baja, como es la nieve o el hielo, puede ser conveniente desconectarlo. Para resolver estas dudas es necesario comprender cómo funciona y cómo se comporta en distintos escenarios.
¿Cómo trabaja el control de tracción en superficies deslizantes?
El control de tracción actúa monitorizando el giro de las ruedas mediante los sensores del ABS. Cuando detecta que una rueda motriz empieza a patinar (gira a distinta velocidad que el resto), interviene reduciendo la entrega de par desde el motor y/o frenando dicha rueda para tratar de recuperar el agarre. Su objetivo es evitar que la fuerza del motor se pierda por esa rueda que no tiene adherencia.
Sobre nieve, este sistema es útil en la mayoría de las situaciones, ya que corrige los excesos sobre el acelerador y puede conseguir que el coche avance de manera más controlada y progresiva. Esto es especialmente beneficioso en pendientes suaves, arranques en llano o trazados con curvas donde, si el coche patina, podría tomar una trayectoria inadecuada. En ese caso, sería el control de estabilidad el que intentará controlar el coche.

Pero cuando la nieve es muy profunda o si bajo ella hay hielo, llegan los problemas. En esas condiciones, el sistema puede ser demasiado restrictivo. Si la electrónica corta con insistencia el par al detectar el más mínimo deslizamiento de la rueda, puede suceder que el coche no tenga la inercia suficiente para salir del lugar donde se ha quedado detenido. Es aquí cuando se recomienda desactivar el control de tracción puntualmente.
En los vehículos modernos, el TCS está calibrado para permitir cierto grado de deslizamiento sin llegar a perder el control, logrando un equilibrio entre ofrecer seguridad y que el coche avance. Pero en las mencionadas ocasiones, puede no ser suficiente.
También hay algunos coches que cuentan con programas de conducción específicos para nieve (snow) que gestionan el control de tracción de manera particular para esa situación.
Cuándo desactivarlo
Los fabricantes coinciden en que el control de tracción debe estar siempre activado en conducción normal. Desconectarlo solo tiene sentido cuando el coche no puede iniciar la marcha o cuando las ruedas necesitan patinar un poco para limpiar o expulsar la nieve suelta y así agarrarse a una superficie más firme y que permita una mejor tracción, dado que así intentará contactar con un firme más sólido.
Su desconexión se podría acotar básicamente a estas dos situaciones en asfalto:
- Cuando el vehículo no pueda iniciar la marcha.
- Cuando se quede atascado.
Una vez superado el obstáculo, hay que acordarse de volver a activarlo para asegurar la estabilidad del vehículo durante la marcha: conviene tener en cuenta que, en muchos coches, al desactivar el control de tracción, también se reduce o se desconecta parcialmente el control de estabilidad (ESP). Ambos sistemas comparten sensores y actuadores, por lo que el fabricante suele agrupar su funcionamiento.

Cómo desconectarlo
Depende de cada coche. Al principio, el control de tracción tenía su propio interruptor, pero con el tiempo su funcionamiento se ha asociado al del control de estabilidad, gestionando ambos simultáneamente. Con la aparición de las pantallas y la consiguiente desaparición de botones, la desconexión del TCS se suele realizar en algún menú específico (muchas veces en el apartado de asistentes a la conducción).
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