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En el análisis de un automóvil, el oído es una de las herramientas de diagnóstico más potentes de las que dispone un conductor. Cada vehículo posee una acústica propia, es decir, un patrón de sonidos mecánicos y aerodinámicos que consideramos normales. Sin embargo, la aparición de una frecuencia nueva, un ritmo inesperado o un cambio en la textura del sonido suele ser la primera señal de que un componente ha abandonado su zona de tolerancia operativa.

Diferenciar entre un ruido de confort, como puede ser un desajuste de un plástico, y un ruido de seguridad, como una holgura en una rótula, es clave para evitar que una incidencia menor se convierta en una avería importante o, peor aún, en un riesgo para la conducción.

Ritmo del sonido

El primer paso para evaluar un ruido es determinar su frecuencia y su relación con el movimiento.

  • Ruido que aumenta su cadencia en proporción más o menos directa a las revoluciones del motor suele estar localizado en las correas de accesorios, válvulas, bomba de agua o incluso el propio alternador.
  • Si el sonido varía en función de la velocidad del vehículo con independencia de la marcha engranada, el origen se encuentra probablemente en el bastidor o la transmisión.
  • Ruidos cíclicos que aparecen durante la rodadura suelen delatar problemas en los rodamientos de las ruedas o un desgaste irregular de los neumáticos (taqueado).
  • Zumbido constante que se agudiza al girar hacia un lado suele indicar que el rodamiento del lado opuesto está fatigado.
  • Si aparece un claqueteo rítmico que solo aparece al girar el volante en maniobras de baja velocidad, estamos ante un síntoma clásico de una junta homocinética dañada en su guardapolvos, lo que provoca la pérdida de lubricación y el desgaste por fricción del metal.

En el motor, debemos prestar especial atención a los sonidos metálicos agudos en frío. Un «tic-tic» constante puede ser un síntoma de falta de presión de aceite en los taqués hidráulicos, algo que puede solucionarse con un nivel correcto (aunque también se puede deber a un desgaste excesivo), pero un golpeteo más sordo y profundo en la parte baja del bloque suele anticipar problemas graves en los casquillos de biela, una de las averías más temidas por su coste de reparación.

Joven conductor revisando el motor de su coche averiado por un mal uso
Un mal uso de nuestro vehículo puede terminar en costosas reparaciones. Foto: Freepik

Textura del sonido

La naturaleza del sonido nos da pistas directas sobre el material que está fallando.

  • Un silbido agudo que aparece al acelerar suele estar relacionado con el sistema de sobrealimentación. Podría existir una fisura en un manguito del intercooler, lo que provoca una pérdida de presión y una caída de rendimiento.
  • Los ruidos a golpe seco suelen tener su origen en la suspensión y el chasis. Si al superar un bache o un resalto escuchamos un impacto seco, los sospechosos habituales son los silentblocks de los brazos de suspensión, las copelas de los amortiguadores o las bieletas de la barra estabilizadora. Estos componentes se degradan con el tiempo y el uso, por lo que cuando el caucho se agrieta, el metal golpea contra el metal.
  • Ten en cuenta que, si pasas por alto estos ruidos, no solo estarás reduciendo el confort de la conducción, sino que también se podría ver afectada la calidad de guiado del chasis.

Mención aparte merecen los frenos. Un chirrido agudo al frenar suele avisarnos de que las pastillas han llegado a su límite de desgaste, o que ya acumulan mucha suciedad. Sin embargo, si el ruido es un raspado metálico, puede indicar que el material de fricción se ha agotado por completo y el soporte de la pastilla está rozando el disco de freno, lo que requiere una sustitución inmediata de ambos componentes.

A pesar de todo lo anterior, en muchas ocasiones no es sencillo aislar un ruido y determinar con precisión su origen.