La marca estadounidense Hennessey ha presentado su tercer deportivo tras los Venom GT y Venom F5: el nuevo Blackbird, un modelo que debe su nombre (que significa «mirlo» en castellano) a uno de los aviones más rápidos de la historia, el famoso Lockheed SR-71 Blackbird.
En una era en la que la mayoría de fabricantes apuestan por la sobrealimentación o en su defecto por la hibridación para alcanzar cifras de potencia elevadas, la firma texana ha decidido dotar a su nueva creación de un motor V8 atmosférico de 6,2 litros de cilindrada en posición central-trasera asociado a una caja de cambios manual de seis relaciones.
Desarrollado con colaboración con Ilmor Engineering, este motor tiene una potencia proyectada de entre 800 HP (811 CV) y 850 HP (862 CV). Sobre el papel debería ser capaz de superar las 9000 rpm. El Blackbird es un vehículo de tracción trasera, lo que no le impide completar el paso de 0 a 60 mph (0 a 96,6 km/h) en 2,5 segundos, lo mismo que necesita un Ferrari SF90 Stradale de 1000 CV en alcanzar los 100 km/h. La velocidad máxima es de 220 mph (354 km/h).

El Hennessey Blackbird tiene un peso de apenas 1360 kg
La filosofía old school tiene continuidad en el habitáculo, ya que se han priorizado las soluciones analógicas: no hay ningún tipo de pantalla ni indicador digital; en su lugar, se ha optado por instalar un total de cinco esferas tradicionales a modo de instrumentación, siendo la central un cuentarrevoluciones de generosas dimensiones. El volante carece de botones.
Gracias al uso de una carrocería de fibra de carbono (tanto el monocasco como los paneles exteriores están realizados en este material), el nuevo modelo de Hennessey tiene un peso de 1360 kg. La empresa afirma que se trata de un vehículo menos radical que el Venom F5, ya que su habitáculo (al que se accede mediante unas puertas de tipo «ala de gaviota») es más espaciosa; además tiene suspensión adaptativa. El maletero delantero tiene espacio para dos maletas de cabina.
Según Hennessey, la influencia del SR-71 no se limita al nombre, ya que elementos como los estabilizadores laterales activos se inspiran en la mítica aeronave. Estos alerones se despliegan de forma automática a partir de 114 km/h y toman un ángulo de aproximadamente 71 º. Esta no es la única referencia al mundo de la aviación; por ejemplo, el escape cuádruple en forma de diamante rinde homenaje al Bell X-1, el primer avión que superó la velocidad del sonido.
La producción comenzará en 2029-2030
«Blackbird no es solo el siguiente capítulo en la historia de Hennessey, representa el comienzo de un nuevo libro. Nuestro tercer hipercoche […] es exactamente lo que quería crear y lo que nuestros clientes nos han estado pidiendo. Desafiar las expectativas siempre ha sido parte de nuestro ADN», declara John Hennessey, fundador y CEO de la compañía.
«Desde sus inicios, Blackbird se guió por una idea simple: ofrecer una experiencia analógica donde la belleza y la emoción definen cada momento. Este no es un coche de cifras. Nos propusimos crear una experiencia emocional sin igual, desde el primer momento en que lo ves hasta que te pones al volante y sientes la conexión entre el conductor y la máquina». La producción comenzará en 2029-2030 y estará limitada a 71 ejemplares, mientras que el precio de partida del vehículo será de 2,5 millones de dólares antes de impuestos.
Vieja escuela, únicamente por tener un motor atmosférico. Por lo demás sigue siendo un amasijo de formas con menos carisma que Feijoo que ocurren cuando tu gato se pasea por el teclado mientras has dejado el Blender abierto.
El mismísimo HP Lovecraft calificaría de exageradas las formas aberrantes y ángulos imposibles de otra broma para el mundo del diseño, justificada bajo la dichosa aerodinámica.
Para mi un coche «de la vieja escuela» (sea la escuela que sea esa escuela vieja) debería ser poder dibujada por un niño. Porque cuando yo era niño (estaba en una de esas viejas escuelas) un niño podía dibujar en la pizarra un deportivo con unas pocas líneas de tiza, y reconocías perfectamente un Ferrari GTO. Uno de esos Ferraris que llenan tiktoks de hyperestimulados tardoinfluencers que gritan 4 datos refritos de coches que se matan por comprar en las cajas de hotwheels.
Esos coches, con pocas líneas, rebosaban carisma. Podías diferenciar fácilmente un GTO, un 911, un Countach. Hasta el Mclaren F1 tenía su cosa diferenciadora.
Yo veo esto y no se si mi pantalla está fallando, si la caballa estaba en mal estado, o de si debería estar llamando al 112.
En cualquier caso seguro que lo venden. Que es realmente el fin último de este «deportivo». Ser comprado, guardado, y con suerte, revendido en algún evento de motor dentro de 50 años, si quedan humanos por entonces.
Porque salvo algún circuito, todos sabemos que ese coche tiene menos sentido que un temporero votando a Vox.