Honda Prelude (2026) - Regresa el cupé de Honda, 25 años después y en formato híbrido | Impresiones del interior
El conductor y el acompañante del Prelude van sentados ligeramente más cerca del piso que en un Civic. Desde el asiento del conductor se controla relativamente bien lo que hay delante del coche y a los lados, puesto que el salpicadero no es muy profundo y los pilares del parabrisas no son gruesos en exceso. El peor ángulo de visión para el conductor son los tres cuartos traseros, ya que apenas se ve el tráfico que se aproxima en determinados cruces e incorporaciones que abundan en la ciudad.
El asiento del conductor es distinto al del acompañante, aunque su diseño parezca casi idéntico. El mullido es más duro y los soportes laterales más altos y firmes; la diferencia no es nimia, no es un tema de matices: el conductor de un Prelude va más sujeto en su asiento que el pasajero, y este más cómodo que el conductor.
El aspecto del salpicadero es prácticamente idéntico al del Civic. Hay una pantalla para la instrumentación (10,2 pulgadas) y otra central que no es grande para los estándares actuales (9 pulgadas), compatible con Android Auto y Apple CarPlay (en una de las dos unidades que hemos conducido el Prelude, hemos experimentado problemas con la conexión al vincular un teléfono móvil. Solo CarPlay es inalámbrico, algo que empieza a ser raro hoy en día. El sistema de navegación también parece de hace unos años por el aspecto de sus mapas, que muestran pocos detalles.
El sistema de climatización se maneja muy bien en marcha porque tiene sus propias ruletas físicas (de buen tamaño) para regular la temperatura y el caudal. También hay botones físicos para otras funciones, como para elegir por dónde se desea que salga el aire.
Habitabilidad y maletero
En las plazas delanteras del Honda Prelude no falta espacio. Hemos medido la misma distancia entre puertas que en un Honda Civic (144 centímetros, un buen dato), el mismo recorrido del asiento delantero respecto al freno y la misma altura libre al techo, aunque en ese Civic de referencia tenía techo solar, elemento que no está disponible en el Prelude.
En comparación con un BMW Serie 2, el Honda tiene más anchura entre puertas, mientras que el modelo de BMW tiene dos centímetros más de altura libre al techo y el asiento se puede colocar ligeramente más alejado de los pedales. Todo lo anterior significa que dos personas de elevada estatura probablemente vayan mejor en el BMW, aunque a costa de sacrificar un poco la distancia de sus hombros respecto a las puertas.
Las plazas posteriores del Prelude son poco útiles. El espacio disponible en todas las cotas es escaso y no valen ni como plazas de emergencia, aunque sí para llevar abrigos o para incrementar la capacidad del maletero cuando se abante los respaldos. Las plazas equivalentes de un BMW Serie 2 Coupé son más amplias y se pueden utilizar para salir de algún apuro.
Al maletero se accede abriendo un portón muy largo y que despeja una gran boca de carga, lo que facilita la tarea de meter y sacar enseres, y aprovechar el espacio (que no es generoso pues tiene 264 litros de capacidad). El equipaje queda protegido de miradas ajenas por una malla extraíble (imagen).
Si se abaten las plazas traseras (algo que se puede hacer estirando el brazo desde la zona trasera de la carrocería), Honda dice que queda espacio para llevar un juego completo de ruedas, y el redactor que escribe esto cree que cabe una bicicleta de carretera con la rueda delantera desmontada.
La calidad de los materiales es correcta. Hay zonas que dejan buena impresión, como la zona media del salpicadero, que está recubierta con una especie de piel vuelta y que tiene bordada la palabra Prelude. El nombre del coche también aparece en relieve en los reposacabezas.
Otras muchas piezas, la mayoría, tienen un aspecto normal y corriente. Uno podría esperar, con buen criterio, que fueran de mayor calidad, más exclusivos, dado que el precio del Prelude no es precisamente bajo. Pero no, los materiales son esencialmente los mismos que los de un Civic.