Honda Prelude (2026) - Regresa el cupé de Honda, 25 años después y en formato híbrido | Impresiones de conducción
Con esta generación del Prelude, Honda ha hecho un coche con el que se puede disfrutar al volante tanto a un ritmo relajado como vivo. Para construir el Prelude, Honda ha partido de una base de eficacia conocida por sus cualidades dinámicas: la plataforma del Civic. Y con ella, ha hecho una puesta a punto muy polivalente, gracias a unos amortiguadores de dureza variable. Estos permiten disponer de un coche cómodo para un uso tranquilo y firme (pero lejos de ser radical) cuando se quiere ir a buen ritmo.
Hay cuatro configuraciones de conducción —Comfort, GT, Sport e Individual— que varían la respuesta del acelerador, el sonido del motor, el nivel de asistencia de la dirección y la dureza de la suspensión. Cuando se elige el modo Comfort, los amortiguadores retienen poco el movimiento de la carrocería; de hecho, al sobrepasar algunas irregularidades (especialmente las que mueven las ruedas con lentitud) da la impresión de que la parte delantera del coche describe movimientos verticales amplios. El modo GT es un compromiso muy bueno para todo uso porque ajusta la amortiguación en un punto intermedio de dureza (no tan blando como Comfort) y permite que el conductor tenga más confianza y pueda conducir con mayor precisión. En el modo Sport el Prelude se transforma en algo más radical, pero no llega, ni de lejos a ofrecer unas sensaciones de conducción tan intensas como tenía un Type R.
Honda ha hecho con el Prelude un coche con un comportamiento razonablemente ágil y que no requiere ni ir muy deprisa ni ser un as del volante para sacarle partido. Hay dos detalles de su conducción que me han llamado la atención, ya no sólo en comparación con un Honda Civic, sino también respecto a otros muchos coches que hay actualmente en el mercado.
En primer lugar, que el eje posterior no está «anclado» a la carretera; su puesta a punto permite que las ruedas traseras deriven o deslicen de forma progresiva en función de cómo el conductor gestione las transferencias de masas (mediante el volante y los pedales). En todo caso, el movimiento de la parte posterior nunca es grande porque lo ataja el control de estabilidad, aun en el modo de conducción Sport). Este comportamiento del eje trasero contribuye a que el Honda Prelude tenga un tacto especial, no muy habitual de encontrar en el mercado, y hace que su conductor se sienta más conectado con el coche y con un pequeño margen para sacar a relucir sus habilidades.
En segundo lugar están los frenos, tomados directamente del Civic Type R y sobresalientes para un coche de este precio. La respuesta es contundente desde el inicio del recorrido del pedal y el tacto permite modular la frenada con mucha precisión. Transmiten una confianza enorme y tienen una capacidad de detención tal que, en conducción rápida, se tiene la impresión de que se podría haber retrasado algo más el momento de frenar. También me han dado la impresión de soportar muy bien el esfuerzo continuado y las altas temperaturas derivadas de una conducción exigente, aunque no he realizado las pruebas específicas necesarias para poder asegurarlo con certeza.
Los neumáticos que utiliza este Prelude son grandes, unos 235/40 R19, de la marca y modelo ContiPremiumContact 6; es decir, un neumático que no es de una gama deportiva. Eso es otro indicador de que Honda no ha buscado la máxima eficacia, sino un comportamiento más fácil.
Honda también ha tomado el sistema impulsor del Civic, un conjunto híbrido en el que el motor eléctrico suele ser el encargado de mover las ruedas, dejando al motor de combustión la tarea de generar electricidad (aunque no siempre es así, ya que en determinados momentos también mueve las ruedas).
Los 184 CV de potencia máxima pueden parecer escasos en una realidad como la actual, donde estamos acostumbrados a cifras de potencia enormes, incluso sin sentido. Mi experiencia es que son suficientes para pasárselo bien en una carretera de curvas y uno no se siente sobrepasado por la potencia.
Según nuestras mediciones, el Honda Prelude ha necesitado 5,7 segundos para pasar de 80 a 120 kilómetros por hora, que es un valor correcto para un coche de su potencia y peso. Una parte del empuje que proporciona el sistema de impulsión del Prelude proviene de la energía que almacena una batería y esta puede llegar a descargarse si se acelera a fondo a unas cuantas veces seguidas, por ejemplo en conducción exigente por zonas de curvas.
El consumo es bajo y normalmente suele estar entre 5 y 6 litros de media en un uso normal. En nuestro recorrido de referencia por autovía gastó 5,7 l/100km, casi lo mismo que el Civic e:HEV, mientras que un BMW Serie 2 de 184 caballos (de la gama 2022; no hemos probado el nuevo, pero el motor es el mismo) consumió 6,5.
Función S+ Shift
En el Civic, el sistema híbrido está bien afinado para que su respuesta no empañe el disfrute al volante, pero no ofrece las mismas sensaciones que los coches con cambio de marchas porque el ruido del motor no está relacionado de la misma manera con los cambios de velocidad. En el Prelude, Honda le ha dado una vuelta de tuerca implementando una función S+ Shift. Al activarla (hay un botón en la consola), el conjunto simula el funcionamiento como si estuviera engranado a una caja de cambios de ocho relaciones (dicha caja no existe, el Prelude no tiene distintas relaciones).
Honda, o Toyota, ya habían hecho cosas parecidas intentando disimular el funcionamiento lineal del motor de combustión, pero en ningún caso logrando lo que consigue la función S+ Shift: al subir marchas, simula exactamente los cambios de régimen e incluso esa sensación breve de interrupción de aceleración; al reducirlas, incrementa la retención e imita sonoramente la maniobra de punta-tacón. Esos «saltos de marcha» pueden producirse automática o manualmente mediante las levas del volante. En total, se dispone de ocho relaciones artificiales.
Cuando la función S+ está desactivada, las levas se pueden seguir utilizando, pero para variar la retención que produce la regeneración eléctrica, en siete niveles. Uno de ellos elimina cualquier tipo de frenado, permitiendo que el Prelude avance por su inercia. Esto resulta útil para reducir el consumo, por ejemplo, al viajar.