La práctica totalidad de los vehículos comercializados hoy en día cuentan con un selector de modos de conducción. Entre ellos, el modo ECO es el elegido para intentar reducir el gasto de combustible en el día a día. Sin embargo, bajo la promesa de una mayor eficiencia, este programa altera la respuesta del motor para mantenerlo, por lo general, a muy bajas revoluciones. Una gestión electrónica que, si se combina con un estilo de conducción perezoso o un uso exclusivamente urbano, puede favorecer la acumulación de carbonilla y la saturación de los sistemas anticontaminación.
Qué hace el modo ECO
El modo ECO es una reprogramación electrónica temporal. Actúa principalmente en tres frentes:
- Suaviza la respuesta del acelerador (requiriendo más recorrido del pedal para obtener la misma potencia).
- Adelanta el paso a marchas superiores en cajas automáticas para mantener el motor a regímenes mínimos.
- Limita el consumo de periféricos como el compresor del aire acondicionado.
El verdadero origen del problema: conducir a muy bajo régimen
El riesgo mecánico aparece cuando el motor funciona a muy bajo régimen y se circula casi de forma exclusiva en ciudad. Al rodar de forma constante a muy bajas revoluciones (a menudo por debajo de las 1.500 rpm), la combustión en los cilindros es menos enérgica y se genera una mayor cantidad de residuos sólidos y hollín.
EGR y filtro de partículas
Piezas clave y costosas como la válvula EGR o el filtro de partículas necesitan alcanzar altas temperaturas durante un tiempo para quemar los residuos y realizar sus ciclos de regeneración automática. El modo ECO no impide regenerar si el coche circula en las condiciones adecuadas, siempre que se hagan trayectos largos donde el motor pueda alcanzar una temperatura óptima.
Cómo usar el modo ECO
Por tanto, el secreto para evitar averías no es dejar de usar el modo ECO, sino entender que es una herramienta diseñada para escenarios concretos. Su terreno ideal son las circunvalaciones, vías rápidas o autopistas donde mantenemos una velocidad de crucero constante sin exigir fuertes aceleraciones. Por el contrario, a la hora de callejear, incorporarnos a una autovía o subir un puerto de montaña, lo más saludable para la mecánica podría ser volver al modo Normal. De esta forma, y dándole alguna pisada puntual al acelerador con el motor ya caliente, permitiremos que el propulsor trabaje en un régimen de revoluciones más desahogado, logrando el equilibrio perfecto entre el ahorro de combustible y funcionamiento efectivo de los sistemas anticontaminación.
