Las actualizaciones inalámbricas, conocidas como OTA (Over The Air), son muy importantes en los coches modernos. Gracias a ellas, los fabricantes pueden corregir errores de software, mejorar el rendimiento de determinados sistemas o incluso añadir funciones nuevas sin que el vehículo tenga que pasar por el taller.
Sin embargo, esta evolución tecnológica también ha abierto un debate razonable: ¿existe un riesgo detrás de estas actualizaciones remotas? La respuesta que comparten expertos y organismos del sector bien merece ser matizada porque, aunque los riesgos existen, no eclipsan las ventajas ni quiere decir que sea una tecnología insegura.
Funciones de las OTA
Las OTA permiten que el vehículo evolucione durante su vida útil. Marcas como Tesla popularizaron este sistema, pero hoy es habitual en todos los fabricantes. Para el usuario, las ventajas son evidentes: menos visitas al servicio técnico y un coche que puede mejorar con el tiempo, similar a un dispositivo móvil.
Además, estas actualizaciones permiten que las marcas actúen rápido ante vulnerabilidades de ciberseguridad detectadas tras la comercialización del vehículo. No obstante, el hecho de que un coche dependa cada vez más del software también puede llegar a ser un problema.
Posibles riesgos
Y ahí está su principal problema, ya que no hay un estándar común ni un criterio homogéneo en la industria. Shrikant Acharya, presidente de la eSync Alliance, organización que trabaja en la estandarización de plataformas OTA, ha señalado en diversas ocasiones que el problema no es la actualización en sí, sino la fragmentación. Cada fabricante ha desarrollado su propio ecosistema, con arquitecturas electrónicas, protocolos de comunicación y medidas de seguridad diferentes. Esta disparidad puede perjudicar la calidad de las actualizaciones y los mecanismos de protección frente a fallos.
Algunos ejemplos de fallos reproducidos a través de actualizaciones OTA son:
- Ford Mustang Mach-E: El fallo se dio en 2024 y 2025, haciendo que el vehículo se volviese inoperable, con la imposibilidad de poner punto puerto, debido a un fallo en la gestión de la batería de 12 V tras la actualización OTA.
- Volkswagen ID.4: Un error en la escritura de memoria durante la actualización OTA provocó la inhabilitación total del sistema eléctrico, lo que obligó a remolcar los vehículos afectados a taller.
El riesgo más evidente no es que una actualización estropee el coche, algo improbable, sino que un proceso mal diseñado pueda provocar errores funcionales o incompatibilidades. Por ello, los fabricantes suelen implementar sistemas capaces de restaurar la versión anterior del software si algo falla durante la instalación.
Además, el marco regulatorio europeo ha empezado a abordar esta cuestión. Reglamentos como el UNECE R155 y el UNECE R156 regulan la ciberseguridad y la gestión de actualizaciones de software, y son obligatorios en la Unión Europea. Además, dichas normativas exigen a los fabricantes demostrar que cuentan con procesos seguros para desplegar estas mejoras.
Cómo evitar fallos al actualizar
- Realizar las actualizaciones preferiblemente en el domicilio, con el vehículo estacionado y en una zona con buena cobertura o Wi-Fi estable.
- Mantener la batería de 12 V. Muchos fallos de actualización en modelos como el Mustang Mach-E o el Volvo XC40 se deben a que la batería de 12V no tiene carga suficiente para mantener los sistemas activos durante el flasheo de memoria.
- No interrumpir el proceso o mover el vehículo una vez iniciada la fase de instalación, ya que esto puede parar la escritura en las ECUs y provocar el bloqueo del sistema.
Dependencia del software
También está el riesgo obvio de que, al estar el vehículo conectado a internet, sobre todo a través de estas actualizaciones, el riesgo de ciberataques sea mayor. Sin embargo, los sistemas OTA suelen emplear cifrado avanzado, con autenticación de servidores y requerimiento de firmas digitales para garantizar que el software proviene del fabricante y no ha sido manipulado. De hecho, actualizar el vehículo puede ser precisamente la mejor forma de protegerlo frente a las amenazas que van surgiendo.
También existe el riesgo de que el usuario ignore una actualización crítica. Algunos fabricantes permiten posponerla, aunque cuando afecta a la seguridad, suelen insistir en su instalación o limitar ciertas funciones hasta completarla.
Lo que sí es preocupante es que los coches cada vez dependen más de las funciones de software y, como consecuencia, de actualizaciones que mantengan el sistema seguro y blindado. Esto obliga a que los procesos de validación sean extremadamente exigentes.
¿Merece la pena actualizar?
A pesar de estos riesgos que, como hemos dicho, son altamente improbables, las OTA son necesarias. El automóvil actual es, en gran medida, un producto digital sobre ruedas, y mantener su software actualizado forma parte del mantenimiento normal.
Para el conductor, la recomendación es instalar las actualizaciones cuando el fabricante lo indique, hacerlo preferiblemente con el vehículo estacionado y asegurarse de que la batería tenga suficiente carga si así se exige.
