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​Qué pasa si usas el agua del grifo en lugar de anticongelante

En el sistema de refrigeración del automóvil, la función del fluido circulante es crucial para la estabilidad termodinámica del motor. Su misión consiste en absorber el exceso de calor generado por la combustión en la culata y los cilindros para transportarlo hacia el radiador frontal, donde se disipa a la atmósfera. Ante una bajada imprevista del nivel en el vaso de expansión, algunos conductores recurren al agua del grifo como solución rápida de emergencia. Sin embargo, aunque el agua pura posee una alta capacidad calorífica específica, emplear agua común de manera continuada en lugar de un líquido refrigerante desencadena una serie de reacciones químicas y físicas perjudiciales para la mecánica.

Calcificación, corrosión e incompatibilidad

El primer problema inherente al agua del grifo está en su composición química. El agua potable contiene minerales disueltos, principalmente sales de calcio y magnesio (lo que se conoce como dureza del agua). Al someterse a los ciclos térmicos continuos del motor, donde el fluido alcanza de forma habitual temperaturas de entre 90 °C y 105 °C, estos minerales se precipitan y cristalizan. Con el tiempo, los depósitos de cal forman una capa incrustante sobre las paredes internas del bloque, la culata y los finos tubos del radiador y del radiador de la calefacción. Esta capa hace de aislante térmico para reducir drásticamente la capacidad de transferencia de calor y termina por obstruir la circulación del refrigerante.

A esto se suma la ausencia total de inhibidores de corrosión. El circuito de refrigeración está compuesto por una combinación de metales diversos, como aluminio, hierro fundido, cobre y soldaduras. El agua del grifo, combinada con el oxígeno disuelto y la presencia de metales disímiles, genera un entorno electrolítico ideal para la corrosión galvánica y la oxidación. Los productos de corrosión resultantes pueden degradar las galerías internas y dañar componentes como el radiador.

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Por último, el agua del grifo carece de glicoles, como el etilenglicol o el propilenglicol, que permiten modificar los puntos de congelación y ebullición. El agua pura se congela a 0 °C y hierve a 100 °C a presión atmosférica. Si el vehículo duerme a temperaturas bajo cero, al congelarse, el agua aumenta aproximadamente un 9 % su volumen, pudiendo generar fuerzas suficientes para dañar componentes del circuito. En el extremo opuesto, en días calurosos o bajo alta carga, el agua reduce el margen frente a la ebullición respecto a una mezcla de refrigerante adecuada.

Cavitación y deterioro prematuro

Más allá de la química y las temperaturas de cambio de fase, el uso de agua del grifo provoca un fenómeno físico devastador en el corazón del sistema: la cavitación en la bomba de agua. La bomba es la encargada de mantener el fluido en movimiento constante mediante un rodete de álabes impulsado mecánicamente por la correa de distribución o de accesorios.

Al girar el rodete a altas revoluciones, se generan zonas de muy baja presión local en la cara posterior de los álabes. Si el fluido es agua común a alta temperatura, esa caída de presión local hace que el agua entre en ebullición de forma instantánea a escala microscópica, formando pequeñas burbujas de vapor. Cuando estas microburbujas se desplazan hacia zonas de mayor presión dentro de la propia bomba, colapsan e implosionan de manera violenta. La energía liberada por estas microexplosiones proyecta chorros de fluido a gran velocidad contra el metal de los álabes, arrancando material microscópico ciclo tras ciclo. En poco tiempo, la cavitación erosiona el rodete metálico o plástico de la bomba, reduciendo su caudal y provocando la avería del componente.

Asimismo, el líquido refrigerante formulado específicamente incluye agentes lubricantes para preservar la estanqueidad del sello mecánico de la bomba de agua y el correcto deslizamiento del termostato. El agua del grifo carece de estas propiedades lubricantes y disuelve los depósitos de lubricación de los retenes, favoreciendo fugas prematuras a través del eje de la bomba. Por todo ello, el uso de agua debe restringirse a casos de emergencia y siempre empleando agua destilada o desmineralizada de forma temporal, procediendo a la sustitución y purgado del circuito con refrigerante homologado a la mayor brevedad posible.

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