El neumático es la única superficie de contacto entre el vehículo y el asfalto. A través de la huella de pisada se transmiten la totalidad de las fuerzas de aceleración, retención y guiado lateral. Para que el compuesto mantenga sus propiedades dinámicas, la banda de rodadura requiere una profundidad mínima en sus canales que garantice la evacuación de agua y el agarre en distintas condiciones de la vía.
Con el fin de permitir que cualquier usuario o técnico identifique el grado de desgaste del caucho de forma rápida y sin necesidad de herramientas de medición específicas, los fabricantes integran el indicador TWI (Tread Wear Indicator).
¿Dónde está el marcador TWI?
Las siglas TWI responden a la denominación en inglés Tread Wear Indicator (indicador de desgaste de la banda de rodadura). Se trata de una serie de pequeñas protuberancias o resaltes de goma de altura calibrada que están moldeados dentro de las ranuras longitudinales principales de la cubierta.
En todos los neumáticos homologados para turismo en Europa, estos tacos de caucho poseen una altura exacta de 1,6 milímetros. Esta cifra no es arbitraria: coincide con la profundidad mínima de dibujo que exige la legislación española (Reglamento General de Vehículos) y la directiva europea para autorizar la circulación de un turismo en vías públicas.
Para facilitar la localización visual de estos resaltes sin necesidad de inspeccionar a ciegas el interior del dibujo, los fabricantes graban una serie de marcadores de referencia en el flanco exterior e interior de la cubierta, alineados de forma radial con los tacos internos. En la mayoría de las marcas de neumáticos se emplean directamente las siglas TWI, aunque algunos fabricantes utilizan símbolos propios: un pequeño triángulo orientado hacia la banda de rodadura, la figura estilizada de una mascota corporativa (como el Bibendum en las cubiertas Michelin) o indicadores porcentuales de desgaste progresivo.
Cuando la goma del dibujo se desgasta debido a la fricción continuada con el asfalto y su superficie queda al mismo nivel que los resaltes del TWI, el neumático ha alcanzado el final de su vida útil.
Consecuencias de alcanzar el límite
Más allá del ámbito regulatorio y de las sanciones administrativas derivadas de circular con neumáticos desgastados, la presencia del indicador TWI responde a una necesidad crítica de la dinámica del vehículo: la prevención del fenómeno de aquaplaning y la conservación de la capacidad de frenado sobre firme mojado.
La función primordial de los canales longitudinales y las laminillas de la banda de rodadura es evacuar el agua. Al rodar sobre una capa de agua, los canales recogen el fluido y lo expulsan hacia los laterales y la parte posterior del neumático. El caudal de agua que el compuesto es capaz de evacuar es directamente proporcional al volumen interno de estas ranuras.
A medida que el dibujo se erosiona y se aproxima a la cota del indicador TWI (1,6 mm), la capacidad volumétrica de los canales disminuye de forma drástica. Diversos ensayos técnicos demuestran que un neumático rodando con 1,6 mm de profundidad puede requerir hasta un 40 % más de distancia para detener el vehículo sobre asfalto mojado a 90 km/h en comparación con un neumático nuevo (con una profundidad habitual de entre 7 y 8 mm).
Asimismo, la velocidad crítica a la que la rueda pierde el contacto directo con la calzada y flota sobre la película líquida cae de forma sustancial. Por este motivo, aunque la norma legal fije el límite en los 1,6 mm marcados por el TWI, las recomendaciones técnicas de seguridad activa aconsejan sustituir la cubierta cuando la profundidad del dibujo baje de los 3 mm en neumáticos de verano y de los 4 mm en neumáticos de invierno o todo tiempo.
