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Por qué Waze te mete por calles imposibles

Para cualquier usuario habitual de aplicaciones de navegación, no es tan raro ir circulando por una vía principal con un nivel de tráfico moderado y que de repente Waze te sugiera un desvío por un laberinto de calles estrechas, zonas residenciales o vías secundarias con asfalto en mal estado.

Es importante entender que este comportamiento no es un error del sistema como tal, sino la ejecución estricta de una de las filosofías que mandan en este tipo de aplicaciones: se prioriza principalmente el tiempo estimado de llegada por encima de cualquier otro parámetro de confort o lógica.

Por qué lo hace

A diferencia de otros navegadores más conservadores, Waze basa su funcionamiento en el procesamiento masivo de datos en tiempo real reportados por sus usuarios. El algoritmo, además de buscar la ruta más rápida para el individuo, algo normal en un navegador, actúa también como un gestor de tráfico.

Uno de los fenómenos más curiosos de su ingeniería es la validación de rutas alternativas. Cuando una vía principal se satura, el algoritmo necesita saber si las calles adyacentes son realmente una solución viable. Para ello, el algoritmo puede probar rutas alternativas con distintos usuarios y, si esos vehículos logran cruzar ese sector a una velocidad superior a la de la vía principal, el algoritmo valida la ruta y comienza a desviar al resto del flujo.

Por algún motivo. Waze, en el mismo lugar, no avisa del atasco.

Este comportamiento explica por qué, en ocasiones, somos los primeros en entrar en una calle desierta y complicada: estamos actuando, sin saberlo, como conejillo de indias para la aplicación. El algoritmo sacrifica el confort de unos pocos conductores para obtener datos que optimicen el viaje de miles. Además, Waze aplica un principio parecido a lo que en matemáticas se conoce como equilibrio de Nash aplicado al tráfico: si todos los conductores tomaran siempre la ruta teóricamente más rápida, esa ruta se colapsaría instantáneamente. Por ello, el sistema diversifica las trayectorias para mantener el movimiento en toda la red de carreteras de la ciudad.

Falta de datos y limitaciones

El segundo factor que explica por qué acabamos en calles difíciles de transitar es la naturaleza de su cartografía. Waze se nutre de una comunidad de editores voluntarios que actualizan los mapas. Sin embargo, hay una importante asimetría entre la información de velocidad y la información de geometría de la vía.

El algoritmo sabe perfectamente a qué velocidad media circula un coche por una calle estrecha, pero no siempre dispone de metadatos precisos sobre la anchura de la calzada, el radio de giro de las esquinas o la presencia de resaltos agresivos. Si un vehículo ligero (un utilitario compacto) cruza con éxito una calle de dos metros de ancho a 30 km/h, el sistema interpreta que esa vía tiene una capacidad de flujo alta. Cuando el siguiente usuario llega con un SUV de gran tamaño o una berlina, se encuentra con una realidad física, en este caso, un espacio que el algoritmo, basado puramente en la velocidad de desplazamiento, no ha sabido ponderar.

Además, los receptores GPS de los móviles sufren en entornos urbanos densos el rebote de la señal en los edificios, lo que puede inducir a un error de posicionamiento de varios metros. Si el dispositivo cree que estamos en la calle lateral en lugar de en la principal, el algoritmo recalculará la ruta basándose en esa posición errónea, forzando giros que no tienen sentido lógico para la conducción real.

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