Durante el proceso de limpieza exterior del automóvil, no son pocos los conductores que, de forma manual, levantan los brazos del limpiaparabrisas para facilitar la limpieza de la luna delantera y trasera y evitar que las escobillas de goma acumulen suciedad jabonosa. Aunque a simple vista este gesto parece un hábito inofensivo para mejorar el acabado final del cristal, en la arquitectura de los vehículos modernos tiene unos riesgos que conviene tener en cuenta.
La evolución del diseño del vano delantero y la búsqueda de una mejor aerodinámica ha cambiado la articulación de las escobillas, haciendo que su manipulación inadecuada pueda derivar en costosas averías estéticas y funcionales.
Riesgos bajo el capó
En muchos vehículos actuales, los brazos de los limpiaparabrisas ya no descansan de forma totalmente expuesta sobre la base del cristal. Por motivos de eficiencia aerodinámica, los fabricantes alojan el eje de articulación y la base de los brazos por debajo del borde posterior del capó.
Cuando un usuario intenta levantar el brazo del limpiaparabrisas de manera directa desde su posición de reposo, la bisagra metálica puede tropezar contra el borde pintado del capó. Esto puede descascarillar la pintura del canto del capó o dañar el brazo del limpiaparabrisas.
Para evitar este problema, muchos fabricantes integran en la gestión electrónica del vehículo la función conocida como «modo de servicio» o «modo de cambio de escobillas», cuyo propósito principal es posibilitar la sustitución periódica de las escobillas desgastadas. Sin este modo electrónico, el cambio de los elementos de goma resultaría una operación físicamente imposible sin dañar la carrocería. Al activar esta función, ya sea a través de la pantalla multimedia o mediante una pulsación específica en la palanca de mando tras apagar el encendido, el motor electromecánico desplaza los brazos hacia arriba y los detiene en posición vertical. Solo en ese punto la geometría del vehículo permite articular los brazos hacia afuera de forma segura, ya sea para reemplazar las escobillas o para trabajar en la zona durante la limpieza.
Muelles y riesgos de impacto
Hay un riesgo físico inmediato durante el proceso de lavado. Si el brazo se encuentra levantado y recibe un golpe accidental con la manguera de agua a presión, la mano del usuario o una toalla de secado, la fuerza del muelle interno hará que el brazo caiga con extrema violencia contra el parabrisas. Al carecer de la protección de la escobilla de goma o si esta se encuentra desmontada, el extremo metálico del brazo podría impactar contra el vidrio templado o laminado. La concentración de energía en un punto tan reducido provoca, en una gran cantidad de casos, una fisura del parabrisas. Por todo ello, lo recomendable es limpiar las escobillas pasando un paño suave sobre la goma, sin necesidad de levantar completamente el brazo cuando el diseño del vehículo no lo requiera.
