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Comparativa: Fiat 500L / Ford B-MAX

El otro día «juntamos» en la redacción estos dos monovolúmenes. Ya hemos publicado en km77.com sus pruebas de forma independiente (prueba del Fiat y prueba del Ford)y ahí se puede encontrar mucha información. Aquí vamos a dar un punto de vista distinto. Los motores que tenían las unidades probadas no tienen nada que ver, con lo cual no vamos a entrar en muchos detalles.

Fiat 500L / Ford B-MAX


Aunque el Fiat 500L y el Ford B-MAX compiten en el mercado, hay diferencias notables entre ellos. La primera es la longitud: 4,07 metros el Ford y 4,15 metros el Fiat. No parece una diferencia muy relevante, pero hay que añadir que el modelo italiano también es más ancho, más alto y tiene mucha más distancia entre ejes. En definitiva, vistos los dos juntos, el Ford parece claramente más menudo frente al inflado Fiat.


Las diferencias de tamaño son tan claras que marcan diferencias definitivas de practicidad. El Ford será un modelo más valioso para quien tenga una plaza de aparcamiento justita y habitualmente conduzca por calles muy estrechas. Por su parte, el Fiat tiene unas dimensiones interiores que deben estar dentro de lo aceptable para una familia de cuatro individuos adultos. Sí, es grande por fuera, pero no cabe duda que es un modelo bien aprovechado por dentro. De hecho, es uno de los monovolúmenes más amplios entre los que tienen un tamaño exterior semejante. Por dentro, el Ford es más pequeño especialmente a la anchura de los hombros de las plazas posteriores, donde es hasta 10 cm más estrecho que su contendiente.
El maletero del Fiat tiene entre 343 y 400 litros, en función de la posición de los asientos posteriores (se pueden mover sobre un carril). Los asientos del Ford son fijos y el volumen del maletero es 318 litros (un Ford Fiesta tiene 290 litros).

Ford B-MAX. Asientos posteriores


Fiat 500L. Asientos posteriores


Ford B-MAX / Fiat 500L. Boca de carga del maletero


La «gracia» de la carrocería de B-MAX viene dada por sus puertas posteriores deslizantes en vez de batientes. Ofrecen varias ventajas, como la facilidad de acceso o salida en lugares estrechos, pero sobre todo, la comodidad con la que se deben colocar los niños en sus sillitas infantiles . Bien digo «deben» porque no lo he comprobado en primera persona, pero lo cierto es que las pruebas que he hecho simulando lo que podría ser dicha operación revelan que la ausencia de pilar central (el que habitualmente hay entre las puertas delanteras y traseras) deja mucha libertad de movimientos.

¿Merece la pena el B-MAX por esta configuración de las puertas que favorece el acomodo de un niño en su silla?. Pues depende de cada uno y sin olvidar la edad a la que los niños ya son autosuficientes para sentarse en sus sillas especiales y colocarse correctamente el cinturón. Si el Ford B-MAX se va a utilizar para llevar adultos en lugar de niños, me parece que esas puertas posteriores ya no ofrecen ventajas tan claras. De hecho, incluso quitan más de lo que aportan porque hay una pieza de carrocería que sobresale a la altura del acceso que puede molestar al entrar o salir. A continuación hay una foto con ese detalle:

Ford B-MAX. Acceso a las plazas posteriores


Además, la configuración de las puertas  del B-MAX presentan determinadas peculiaridades que conviene conocer y tener en cuenta. Algunas aparecen a continuación:

Ford B-MAX. Grosor puertas posteriores


Ford B-MAX. Cierre superior puertas delanteras


Ford B-MAX. Articulación puertas traseras y cableado


Ford B-MAX. Anclaje cinturón de seguridad delantero


Un aspecto en el que no me fijé, pero es de gran interés, es si las puertas se cierran de un portazo cuando se aparca en una fuerte pendiente, y también, cómo de difícil es accionarlas en esa circunstancia (es decir, si «pesan» o no). Creo recordar que su movimiento está amortiguado, pero no lo recuerdo perfectamente.
Ahora vamos a las plazas delanteras. En los dos modelos, el acceso se realiza por puertas tradicionales que abren en sentido tradicional. De los dos, el Fiat ofrece un acceso más cómodo pues permite entrar más erguido por tres motivos: la puerta parece más alta, tiene un ángulo mayor de apertura (eso se aprecia bien en alguna de las fotos anteriormente adjuntas) y el asiento queda más cerca del exterior. En el Ford hay que doblar un poco más el tronco para conseguir llegar al asiento, que además está más cerca del suelo.

Fiat 500L / Ford B.-MAX. Salpicadero


El Fiat 500L tiene un interior muy luminoso y ofrece buena visibilidad en todas las direcciones: es una buena noticia porque la tendencia de los fabricantes es diseñar carrocerías con menos cristal en los laterales y más en el techo. Lo mejor en cuanto a visibilidad son los estrechos montantes del parabrisas, que dejan ver perfectamente en los giros más pronunciados. Otro factor que favorece el manejo del Fiat 500 es que sus espejos retrovisores son grandes. El Ford también deja ver bien hacia delante, eso sí, no tanto como el contendiente que le hemos buscado y hacia detrás tiene claramente peor visibilidad.

Fiat 500L. Montante del parabrisas


Sobre cómo van no voy a entrar en muchos detalles. Básicamente porque conviví muy poco tiempo cada uno y no me parece un valor fundamental en vehículos que no parecen destinados a entusiastas de la conducción. De todas formas, el B-MAX es otro Ford con ese “algo” especial que resulta en un agrado de conducción muy elevado. Tiene un dirección que informa perfectamente al conductor y que facilita que el trazado de las curvas pueda ser de calidad. Sin embargo, a mí me ha parecido que el B-MAX es un poco menos ágil (más morrón) en curvas lentas de lo habitual en Ford. Y eso que nuestra unidad de pruebas no tenía, ni mucho menos, unas ruedas estrechas, ni malas (Bridgestone Potenza RE050A 205/45 R17).
El Fiat 500 L no ofrece un tacto de conducción tan especial, pero sí correcto y acorde con el planteamiento del modelo. Me gustaría señalar que las reacciones del 500L poco tienen que ver con las del 500. Para empezar, la suspensión posterior es distinta, pero es que además, el modelo de mayor tamaño no tiene ninguno de esos rebotes del eje posterior que sí tiene el 500 sobre firmes irregulares. Y no solo eso, sino porque el 500L ofrece una frenada completamente estable y segura. En definitiva, es un coche que transmite la sensación de estar «mejor plantado»  que su hermano pequeño de gama.

No vamos a entrar en detalles con los motores, pues los que tenían las unidades probadas no se parecen en nada. El Fiat tenía uno Diesel de 1,3 litros de cilindrada y 85 caballos, mientras que el Ford llevaba uno de gasolina de tres cilindros, 1,0 litros de cilindrada y 120 caballos. Ford está equipando a muchos modelos con este motor (lo hay en diferentes niveles de potencia y espera que sea un superventas).
Sí me gustaría dar algún detalle por separado sobre cada motor. Sobre el del Ford, el aspecto más sobresaliente es que está lleno de fuerza a todo régimen, lo que se traduce en que es fácil circular a buen ritmo sin necesidad de «tirar» mucho del cambio de marchas. Y un punto poco favorable es precisamente el aspecto más ensalzado en la campaña publicitaria correspondiente: el consumo. Aunque no he hecho comprobaciones con detenimiento, parece claro que no gasta poco ni en ciudad ni en carretera, y desde luego, no consume parecido a un Diesel.

Ford B-MAX. Motor 1.0 Ecoboost


El motor Diesel del Fiat es corriente que cumple bien su función sin sobresalir para bien o para mal. Este motor no hace que el 500 L sea un coche rápido, algo que por otra parte es normal puesto que es voluminoso y no precisamente ligero.

Cogolludo

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