El sistema de parada y arranque automático del motor (Start-Stop o Stop & Go) se introdujo de forma masiva en la industria con el objetivo prioritario de homologar consumos más bajos y reducir las emisiones de dióxido de carbono y contaminantes en los ciclos urbanos.
Sin embargo, esta optimización traslada una carga de trabajo notable a la red eléctrica de a bordo. Durante cada fase de apagado temporal, la batería de arranque de 12 voltios se convierte en la fuente de energía para numerosos servicios auxiliares, como el ventilador de climatización, la iluminación y los módulos electrónicos de control. Este escenario genera dudas recurrentes entre los usuarios sobre si el ahorro de carburante compensa el desgaste del acumulador.
Ciclos continuos de microdescarga
En un vehículo sin sistema de parada automática, la batería realiza una única descarga de alta intensidad para alimentar el motor de arranque y, una vez en marcha el propulsor, el alternador alimenta la red eléctrica y repone la energía utilizada durante el arranque.
Con el sistema Start-Stop operativo en tráfico denso, este ciclo cambia por completo:
- Descargas repetidas durante las paradas: Con el motor térmico apagado, los servicios auxiliares siguen consumiendo energía de forma continuada.
- Picos transitorios de demanda: Al reanudar la marcha, el motor de arranque solicita picos instantáneos que oscilan entre 150 y 300 amperios para vencer la inercia del volante de inercia y la compresión en los cilindros, repitiendo esta secuencia decenas de veces en un trayecto urbano.
Una batería convencional sufriría una degradación mucho más rápida bajo este régimen de funcionamiento. Por ello, los vehículos con Start-Stop exigen acumuladores específicamente diseñados:
- Baterías EFB (Enhanced Flooded Battery): Incorporan mejoras en las placas y en la retención de la masa activa que aumentan su resistencia al ciclado, soportan un número de ciclos considerablemente mayor que una batería convencional.
- Baterías AGM (Absorbent Glass Mat): El electrolito está absorbido en separadores de fibra de vidrio bajo compresión mecánica. Esta estructura minimiza la resistencia interna, permite aceptar tasas de recarga dinámica muy elevadas (ideales para la frenada regenerativa) y mejora sustancialmente la resistencia a los ciclos de descarga respecto a una batería convencional.
Sensor inteligente y más
La creencia extendida de que el Start-Stop agotará la batería en un atasco hasta dejar el coche inmovilizado carece de fundamento técnico en un sistema moderno en buen estado. Muchos vehículos incorporan en el borne negativo un sensor inteligente de batería (IBS) o un sistema equivalente.
Este microcontrolador mide o supervisa parámetros como la corriente, la tensión y la temperatura de la batería. Con estos datos, la centralita calcula mediante algoritmos dos parámetros críticos:
- Estado de Carga (State of Charge – SoC): El porcentaje de energía disponible en la batería.
- Estado de Salud (State of Health – SoH): La capacidad residual y la degradación por envejecimiento interno.
Si el sistema detecta que el estado de carga ha caído por debajo del margen de seguridad establecido, o si la temperatura de la batería es excesivamente fría o roza los límites térmicos del vano motor, la unidad de control de la carrocería inhibe de inmediato el apagado automático. El motor térmico permanecerá encendido al ralentí para que el alternador recupere la reserva energética. Por tanto, mantener el Start-Stop activo no destruye la batería siempre que se respete la tecnología (EFB o AGM) y la codificación prescrita por el fabricante al sustituirla.
