Citroën C3 (2017) | Impresiones del interior

13/03/2017 |Carlos Fernández (@CarlosFP_77)

El C3 no es un coche recomendable para aquellas personas que valoren la practicidad o la facilidad de uso por encima del diseño. Sin embargo, sí puede serlo para quien busque un interior distinto y con más posibilidades de personalización que otros coches similares.

Citroën no ha utilizado plásticos agradables al tacto para recubrir el interior salvo en la franja superior del salpicadero (imagen) y los reposabrazos de las puertas (imagen), para los que hay distintos plásticos y tejidos. El C3 que hemos probado, cuyas fotografías acompañan a este texto, tenía un tapizado opcional denominado Colorado— en el que se combina la tela y el símil cuero (imagen). Esta opción cuesta 500 euros y cambia mucho el aspecto del interior. También se pueden pedir otras tapicerías que cubren las mismas zonas y que son más económicas. Todos los elementos de equipamiento disponibles se pueden consultar en el apartado de equipamiento de nuestras fichas técnicas.

La calidad de ensamblado es correcta; no se escuchan ruidos provenientes del contacto entre piezas cuando se conduce. Hay excepciones, como ocurre, por ejemplo, con la pieza que va colocada entre los asientos delanteros (imagen), que se mueve con facilidad si esto se hace intencionadamente. 

El C3 2017 es cinco centímetros más largo y dos más ancho que el C3 2013. La mayor longitud supone un mayor espacio para las piernas de los pasajeros traseros, aunque hay alternativas como el Ford Fiesta, el Opel Corsa o el Škoda Fabia que tienen un valor más grande para esta cota (tabla comparativa). Yo, que mido 1,83 m, si coloco el asiento del conductor en mi posición habitual y me siento en la plaza trasera, apenas tengo espacio suficiente para que las piernas no toquen con el respaldo del asiento delantero.

La anchura del habitáculo sí es más grande que en sus alternativas, por lo que el C3 es una opción recomendable entre sus rivales para transportar tres adultos —poco corpulentos— atrás (imagen). El espacio hasta el techo es normal, pero más pequeño que en el modelo anterior (hay unos 5 cm menos); la altura de la carrocería también es menor (1,47 metros, en vez de 1,52 m). Las personas de más de 1,85 metros de estatura tocarán el techo al acomodarse en los asientos posteriores. En el caso de que se instale el techo panorámico opcional, que da mayor sensación de amplitud y tiene un precio de 500 euros, la altura de todas las plazas se reduce 5 cm. El ángulo de apertura de las puertas no es grande (60º), por lo que esto quizás suponga un problema para, por ejemplo, colocar a un niño en su sillita.

En esta generación del C3 es mucho más sencillo encontrar una posición de conducción cómoda porque el volante y el asiento tienen ajustes con recorridos más amplios, y los pedales no quedan tan cerca como antes. 

 

Los asientos delanteros (imagen) son muy anchos y cómodos, pero proporcionan poca sujeción lateral, algo que resultaría útil en este coche que se balancea mucho en las curvas. El mullido es blando y el tejido tiene una apariencia mejor que el que se puede encontrar en el C4 Cactus. Del puesto de conducción también me ha gustado la instrumentación (imagen) porque da abundante información y se lee con facilidad.

La consola (imagen) tiene un diseño limpio. Arriba están las salidas de aire y debajo de ellas, en el caso de que se haya instalado (es de serie en el nivel Shine y opcional en el Feel), una pantalla táctil de 7,0 pulgadas desde la que se controla el sistema multimedia y otros elementos del coche como el sistema de climatización (imagen). Más abajo hay algunos botones grandes y huecos portaobjetos. No nos gusta que las pantallas táctiles aúnen los mandos de tantos elementos, porque para utilizarlas durante la conducción hace falta desviar la vista de la carretera demasiado tiempo, algo que no ocurre si existen botones específicos. Además, la pantalla debería estar situada más arriba, como ocurre en el Citroën C4 Cactus (imagen) porque, para tocarla o consultar la información, hay que bajar mucho la vista. 

Sin ser de los mejores entre sus alternativas, el sistema multimedia es satisfactorio porque funciona de forma fluida, puede llevar todos los elementos habituales en sus alternativas y además la pantalla responde rápido a los toques y produce pocos reflejos. Tiene una resolución normal y los gráficos del navegador (que cuesta 550 euros, imagen) son básicos, aunque suficientemente claros. La pantalla siempre va asociada al climatizador: los coches que no la llevan sólo pueden tener aire acondicionado.

Una opción novedosa e interesante que puede instalarse en este coche es la cámara integrada en la carcasa del retrovisor interior y que Citroën denomina ConnectedCAM (300 euros, imagen). Además de grabar el minuto anterior y posterior a un suceso extraño como un accidente, permite hacer fotos y vídeos que se pueden descargar de forma instantánea en un teléfono móvil si se tiene instalada una aplicación específica. Esta aplicación, con la que he tenido una experiencia de uso algo farragosa, se puede configurar para que comparta en redes sociales automáticamente el material que se descarga. La calidad de las imágenes que toma es normal, como se puede apreciar en este vídeo y en esta imagen de la galería.

El volumen del maletero es de 300 litros. Está algo por encima de la media de sus alternativas (listado de turismos de cinco puertas de entre 3,70 y 4,10 metros de longitud, ordenados por volumen de maletero) y además sus formas regulares lo hacen aprovechable. Tiene aspectos negativos como que el borde de carga está muy alto (76 cm, imagen) y que el escalón que hay que salvar hasta el piso del maletero cuando se introduce el objeto es muy grande (imagen ilustrativa). Además, no tiene soluciones como ganchos para fijar la carga, compartimentos más pequeños o un hueco para guardar la bandeja cubreequipaje si no se va a usar o molesta al llevar un objeto voluminoso, por ejemplo. Algunas de sus alternativas, como el Škoda Fabia, sí tienen soluciones de este tipo (imagen).

Debajo del piso del maletero hay un hueco donde se puede guardar una rueda de repuesto opcional —120 €— con llanta de 15 pulgadas (imagen). El volumen de carga se puede ampliar abatiendo los respaldos de las plazas traseras (imagen), pero la superficie que resulta no es plana, sino que hay una diferencia de unos 12 centímetros entre el nivel del maletero y el de los respaldos. 

Algo que no me ha gustado del C3 es la falta de huecos prácticos para dejar los típicos objetos cotidianos que se llevan en los bolsillos. No hay un buen lugar donde dejar un teléfono móvil y esto es algo que no sucede prácticamente en ningún coche, ni siquiera en los que son más antiguos. En los portabebidas que hay en la parte baja de la consola (imagen) no entra una botella pequeña y, si se deposita una lata de refresco, después es muy complicado sacarla porque queda muy encajada. Los bolsillos de todas las puertas (imagen) son grandes y están pintados de blanco para poder localizar las cosas rápido, pero como el resto de los huecos, no están tapizados y los objetos van moviéndose y haciendo ruido cuando el coche pasa por encima de baches. Además, no tienen moldeada la forma de una botella grande, algo que sí ocurre en muchos otros coches.