BMW Serie 2 Gran Tourer (2015) | Impresiones de conducción

11/09/2015 |Alfonso Herrero (@alf_reguart)

Una característica del Serie 2 monovolumen (tanto del Gran Tourer como del Active Tourer) es que, en las versiones que no son de tracción total, las ruedas delanteras son las que mueven el coche en vez de las traseras  a diferencia del resto de modelos de BMW. Esto no pasa de ser algo anecdótico en un coche alto con un enfoque familiar, ámbito en el que cumple satisfactoriamente por confort y agilidad.

Con la suspensión de serie, que tiene un enfoque más orientado al confort que a una conducción «deportiva», el coche apoya con cierta lentitud y suavidad en las curvas. Quien prefiera una suspensión firme que sujete mejor la carrocería debería probar un Serie 2 Gran Tourer con la suspensión deportiva M o ver cómo reacciona con la de serie combinada con los amortiguadores de dureza variable (ninguno de los Gran Tourer que hemos conducido las tenían).

Desde el puesto de conducción no se ve el capó, ni el principio ni el final, independientemente de la altura a la que se vaya sentado pero es fácil hacerse una idea de dónde termina tras conducir un poco. Los sensores de proximidad y la cámara trasera son opcionales. Su adquisición me parece recomendable, en especial la de la cámara, que muestra una imagen de calidad (con cualquier condición de iluminación) y aporta seguridad a la hora de maniobrar marcha atrás.

La versión 218d tiene un motor Diesel de 150 CV de potencia. Es un motor ruidoso a ralentí y con ventanillas bajadas. En marcha, cuando se va con las ventanillas subidas, pasa completamente desapercibido en carretera salvo cuando se acelera con intensidad y en ciudad se oye poco y no resulta molesto.

Es un motor que según mi criterio encaja muy bien en este coche. Desde solo 1500 rpm mueve al Gran Tourer con facilidad, por lo que se puede circular en marchas largas, beneficiando el consumo, sin que ello suponga no disponer de una reserva de aceleración si es necesario. Por debajo de ese régimen hay poca fuerza disponible pero suficiente para llanear a 80 km/h en 8ª (el motor gira a unas 1200 rpm) sin que haya vibraciones.

Las prestaciones (tabla comparativa de mediciones hechas km77.com) son normales para la potencia del motor y adecuadas para viajar con el coche ocupado por cuatro personas y su equipaje. Tal vez, quien tenga que utilizarlo más cargado por carreteras de montaña en las que haya que adelantar con frecuencia y realice una conducción rápida, eche en falta algo de más potencia para poder adelantar con mayor facilidad, en cuyo caso debería probar la versión 220d de 190 CV.

Sea por la disposición transversal del motor en este modelo o por otro motivo que desconocemos, no transmite al ralentí las vibraciones que sí hay en un Serie 1 o Serie 3 con este mismo motor (aunque con 143 CV). La mejoría es aún más evidente durante el funcionamiento del sistema de parada y arranque durante las detenciones, ya que en el Grand Tourer no se produce en el habitáculo la sacudida que se da en los otros dos modelos.

El cambio automático de ocho marchas es una opción en esta versión que cuesta 2396 € (ficha comparativa de las versiones manual y automática). Hace los cambios con rapidez y, sobre todo, con suavidad. Su funcionamiento es excelente. La forma en la que trabaja depende del modo seleccionado de conducción. En modo ECO PRO cambia antes a la marcha superior que en COMFORT y mucho antes que en el SPORT. Además, en el modo ECO PRO está activa la función de «navegación a vela», por la que el Serie 2 Gran Tourer avanza en punto muerto  (el motor no se para) por la inercia en las bajadas cuando el conductor levanta el pie del acelerador y no vuelve a engranar una marcha hasta que se frena con algo de intensidad (una deceleración suave no lo desactiva, por lo que se puede controlar la velocidad durante un descenso moderado) o se vuelve a pisar el acelerador.

La dirección, más asistida que en un Serie 1 o Serie 3, se maneja con suavidad y tiene buen tacto. El aro del volante es fino. A mí no me ha gustado el tacto del freno, porque muchas veces hay que acabar haciendo más fuerza sobre el pedal de la que se ha calculado para detener el coche (por ejemplo al llegar a una rotonda). No sé si es algo puntual de la unidad que he probado o es así en todos.

El programador de velocidad activo tiene cosas buenas —suele frenar y recuperar la velocidad con relativa suavidad y, cuando detecta un vehículo en el carril, si se activa el intermitente, deja de frenar porque entiende que se va a proceder a adelantarlo— pero también algún aspecto mejorable para ser más utilizable: me ha parecido innecesariamente grande la distancia a la que empieza a frenar. Es especialmente molesto en el caso de los camiones (que circulan a unos 90 km/h en autovía), porque se frena cuando queda mucho espacio y tiempo para alcanzarlo, obligando a pasar al carril izquierdo con una anticipación que no es intuitiva y que puede molestar a otros vehículos que van más rápido y no esperan que se inicie la maniobra con esa antelación. Se puede programar una velocidad entre 30 y 200 km/h aunque es capaz de detener el coche y volverlo a poner en movimiento.

Combinado con el programador de velocidad hay un asistente de conducción en atascos. Solo es operativo en vías rápidas (que identifica por la cartografía del navegador) y funciona cuando hay una retención y la velocidad es inferior a 60 km/h. Cuando esto sucede, el coche toma el control del acelerador, el freno y la dirección para seguir al vehículo precedente sin salirse del carril.  El programador de velocidad y el asistente en atascos forman parte de un paquete opcional llamado Driving Assistant Plus.

Las versiones 220d y 220i tienen un depósito de combustible de 61 litros. En las de menor potencia, el depósito tiene 10 litros de capacidad menos pero es posible sustituirlo por el de 61 litros por 57 euros.

En nuestra prueba de consumo comparativa —un recorrido por autovía con un único ocupante, cambios frecuentes de desnivel, conduciendo con suavidad en la marcha más larga y buscando una media real de 120 km/h— ha gastado 5,9 l/100 km.  En un viaje por carretera con tres ocupantes y equipaje, circulando a ritmo ágil y adelantado numerosas veces, el consumo fue 7,1 l/100 km.