Lavar el motor de un coche es una tarea que muchos conductores realizan con la intención de mantener todo lo que hay bajo el capó limpio y prevenir acumulaciones de suciedad que puedan afectar a piezas o sensores. Sin embargo, el uso de agua a presión genera dudas: ¿puede dañar componentes eléctricos, sistemas de admisión o provocar corrosión? A continuación, explicamos cómo abordar la limpieza del motor de forma segura y qué precauciones conviene tener en cuenta.
Riesgos de lavarlo a presión
El motor moderno no es simplemente un bloque de piezas metálicas. Alberga numerosos componentes eléctricos y electrónicos, desde sensores de temperatura y presión hasta centralitas de gestión del motor, bobinas de encendido o sistemas de inyección directa. Aplicar un chorro de agua a presión directamente sobre estas piezas puede ocasionar daños importantes, fallos en la electrónica o incluso cortocircuitos si el motor está caliente o la carcasa no está correctamente sellada.
Otro riesgo relevante es la posible entrada de agua en tomas de aire, filtros o admisiones. Esto podría afectar al rendimiento e incluso llegar a provocar daños internos en el motor en casos extremos. La alta presión también puede desplazar lubricantes, sellantes o conectores, dejando piezas críticas desprotegidas frente a la suciedad, la humedad y la corrosión.
Y aunque tras la limpieza muchas veces parece que todo funciona perfectamente, los problemas pueden aparecer con el tiempo, con sensores que fallan de manera intermitente, centralitas que dan errores o conectores corroídos que generan averías difíciles de diagnosticar.
Cómo limpiarlo sin riesgos
Aunque no se recomienda el lavado a presión, sí existen alternativas seguras que permiten mantener el motor limpio sin comprometer la seguridad de sus componentes:
- Motor frío y cubierta protectora: Antes de limpiar, asegúrate de que el motor esté completamente frío. Además, cubrir piezas sensibles, como la batería, alternador, los sensores, bobinas de encendido y las centralitas, con bolsas de plástico o trapos.
- Productos desengrasantes específicos: Los desengrasantes diseñados para motores permiten retirar suciedad y grasa sin necesidad de agua a presión. Se aplican con un pulverizador o pincel y se dejan actuar unos minutos antes de retirarlos. Algunos productos incluso están fabricados con la idea de no afectar juntas de goma ni componentes plásticos.
- Aclarado suave: En lugar de una manguera a presión como la que tienen las gasolineras, se recomienda usar un chorro de agua de baja presión o una manguera con boquilla regulable. El objetivo es retirar el producto desengrasante sin empapar la zona y evitando el contacto directo con elementos eléctricos.
- Secado y ventilación: Una vez limpio, es fundamental secar el motor con aire comprimido o paños absorbentes. Esto reducirá mucho el riesgo de humedad acumulada en zonas críticas y previene la corrosión de conectores o piezas metálicas.
- Revisión posterior: Después de la limpieza, conviene encender el coche y revisar si algún sistema electrónico muestra errores o testigos. En caso de duda, hacer un diagnóstico en taller puede garantizar que todo funcione correctamente.
Evita estos errores
Muchos conductores cometen el error de limpiar el motor con el vehículo recién usado y caliente, pensando que así se elimina mejor la grasa. Esto puede provocar deformaciones en plásticos, daños en juntas y un riesgo real de quemaduras. Otro fallo frecuente es el uso de productos domésticos agresivos o detergentes no específicos, que pueden corroer metales, gomas y recubrimientos protectores.
