Forofos en la carretera

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Viajar en coche 09-06-2000
  Paco M.
Me llamo Paco M y soy forofo. Soy forofo desde hace tanto tiempo que ya ni me acuerdo. He tratado de llevar mi vicio en secreto. Sólo los rincones de mi habitación conocen mi síndrome de abstinencia, mi terror al sádico descanso veraniego de la liga, mi odio por los años impares sin Campeonato del Mundo ni Campeonato de Europa, mis patéticos intentos por llenar mi vacío con sustitutivos, con el Tour, las Olimpiadas, el golf.

La primera vez que mi problema salió a la luz fue cuando el Real Madrid ganó la Séptima. La tensión que me provocó no haberme atrevido a viajar a Amsterdam se liberó con la finalización del partido y se dirigió a la Cibeles. Toda mi familia, mis amigos, toda mi empresa, pudieron verme en la televisión tratando de subirme a la Cibeles por encima de un doble cordón policial. Todavía recuerdo la vergüenza, la negación, la depresión...Nunca más.

Este año he salido del armario. Busqué un cómplice y, apoyándonos el uno al otro, decidimos ir a París. Con la cabeza alta, sin complejos, con valentía, nos hicimos a la aventura, a la carretera, al ... ¡¿ATASCO?!" Durante los días 23 y 24 de mayo la carretera Madrid - París vio multiplicar su tráfico por cuatro. A bordo de todo tipo de vehículos se desplazaron a París una multitud de individuos con vestimentas semejantes y una mirada ansiosa y febril. ¿Abducidos?¿Inmigrantes ilegales?¿Lemmings? Simplemente forofos.

La celebración de la final de la Copa de Europa, entre el Real Madrid CF y el Valencia CF - ¿la Octava? ¿la Primera? - llevó a más de 50.000 forofos a París. De ellos más de la mitad fueron por carretera y la cifra de forofos que hicieron el trayecto Madrid-París-Madrid superó las 10.000 personas. 10.000 personas que se metieron en el cuerpo 2.600 kilómetros para ver un partido de fútbol. Forofos. ¿Te parece increíble?¿Crees que para hacer eso es necesaria algún tipo de tara mental severa? Te equivocas. Paco M podrías ser tú. El forofismo esta permitido por la sociedad. No sólo está permitido. Se comprende y se fomenta. Se provoca la realización de los actos más irracionales en nombre del fútbol ¿Escéptico? Lo demostraré.

Cincuenta mil personas tuvieron que recabar apoyo y comprensión en su entorno para realizar una actividad que en cualquier otro caso se les hubiera dificultado o impedido. Cincuenta mil personas se vieron en, al menos, una de estas situaciones.

-Papá, dame 50.000 pts, que me las voy a gastar en dos días de vacaciones.
-Has salido a la familia de tu madre. Eres igualito que tu abuelo: demente senil ¡Qué pena, a tu edad!
-Papá, que no te enteras, que me voy a ver al Madrid
-Haber empezado por ahí. Toma 60.000 y tráele un banderín a tu hermano.

-Jefe, me voy a coger tres días de vacaciones.
-¡¿Ahora?! ¿estás loco? ¡Con todo lo que tenemos encima, Peláez enfermo y el señorito se quiere ir de vacaciones. Diossss!
-Jefe, es que es para ir al fútbol.
-Ah coño, haber empezado por ahí. ¡Qué cabrón!

-Sr. García, no podemos servirle su pedido el día 23.
-Siempre igual, no se puede confiar en vostros, me voy a la competencia, estás hundido.
-Sr. García, es que me voy a ver la final.
-Ah, Qué cabrón, haberlo dicho. ¿No tendréis entradas de sobra?

-Cariño, me voy tres días con los amigotes, a dormir en hoteles de carretera y a tomar copas con desconocidos. -Estaré en casa de mi madre. No, mejor: estarás tú en casa de la tuya.
-Cariño, es que me voy a ver el futbol a París.
-¡Llévame!

Animados por la sociedad 50.000 personas se ponen en camino. Desde el primer momento se ve que hay clases de forofos. Algunos invitados y vips viajan en avión del club. Luego vienen los que se dejan 100.000 pts para ir y volver en el día en un vuelo charter. Otros cogen un tren y van durmiendo en litera. Y luego, los que quedan, los 10000, carretera y manta ¿Todos iguales? En absoluto. La carretera está polarizada. Hay dos grupos de forofos que no coinciden en el vehículo, ni en los horarios, ni en el menú. Ni siquiera mean en los mismos sitios. Siempre ha habido gregarios y líderes.

Los gregarios salen de Madrid el martes por la tarde en autobús y forran cada centímetro de la ventanilla trasera con bufandas y banderas del Real "chavales, sentaos, coño". Y los chavales de 17 a 50 años se sientan. Llevan camiseta del Madrid, gorro del Madrid, una capa con la bandera del Madrid e intercambian con entusiasmo datos estadísticos publicados en el Marca "sabes que Gento es el que más copas de Europa ha ganado" "¿sabías que Del Bosque jugaba en el equipo que perdió en Liverpool?" El entusiasmo dura una hora. A las dos horas comienzan los calambres y ya sólo quedan otras 16.

Los líderes, en cambio, salen de Madrid entre las 5 y las 7 am. Viajan en Audi A8, Mercedes o BMWs . La mayoría son propiedad de la empresa. Sus multas también, así que viajan "a 180 - 190, tranquilitos". Ponen el intermitente de pedir paso en Alcobendas. Ya no lo quitarán hasta el parking del Stade de France. A 190 km/h, para ti son una mota en el retrovisor. Te dan destellos y un segudo después te saludan con la bufanda (sólo una vez, son gente seria) y ya se han ido, que quieren merendar en el Cafe de la Paix.

Y por último, la tercera vía. Los sibaritas. Los que hemos decidido disfrazar el forofismo de turismo y relax. Salimos por la tarde del martes y adelantamos a los gregarios en Aranda. Compartimos urinarios con ellos cerca de Burgos. El León atraviesa Vitoria, Navarra y baja hacia San Sebastián. Cenamos cocochas rebozadas en Hondarribia. ¿Y para dormir? El tema se simplifica si tu compañero de viaje tiene apellido compuesto y casa en Biarritz. Hasta aquí va todo según el plan. Nos sentimos bon vivants. Gracias a Dios el casino no está abierto. A dormir.

Al día siguiente cruzamos a Francia, la carretera mejora y se endereza. Se monotoniza y eterniza y... encarece. Comienza el peaje continuo. Vas calentando poco a poco, 6Fr, 8 Fr, 14 FR. Luego un poquito más y al final, la traca, 220 Fr. Nos acercamos a París y se nos va calentando la cabeza. Llegamos al atasco de París a las cuatro y media. En el periférico cogemos la dirección contraria y nos mosqueamos porque no se ven coches ni autobuses españoles. Un último vistazo al mapa nos indica que vamos a dar tres cuartos de vuelta a París. Nadie es perfecto. Queda poco tiempo y los insultos arrecian. Por fin el hotel.

"Teníamos dos reservas. No mesié, una. Dos. Una. Para ti la moto, gabacho, cabrón. ¡Al fútbol!. ¿Comemos algo?" Un bocata en una mano y una cerveza en la otra y a correr por París. Comiendo, bebiendo y andando . Qué lejos quedan las cocochas. El trayecto en metro nos convierte definitivamente en lo que somos: forofos. Aquí nos encontramos con los gregarios y los líderes y ya no nos distinguimos. El sorteo de entradas ha democratizado la distribución en el estadio. Todos juntos. Pipas en el primer tiempo, bocadillo en el descanso y puros, buenos puros en el segundo.

La victoria nos hace condescender. Casi volvemos a la civilización "qué cara se les ha quedado a los del Valencia, qué pena" "más pena me daría si hubiera perdido el Madrid, que se jodan". Casi.

* Paco M. es colaborador inhabitual de km77.com

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