Un capricho atractivo y divertido
Las carreteras sinuosas, con buen firme y donde es difícil
sobrepasar 100 km/h, son el lugar idóneo para sacar partido
al Smart Roadster o Roadster Coupé con el techo quitado (o
la cortinilla de tela enrrollada).
Naturalmente puede ir más deprisa. En carreteras mejores
puede alcanzar y mantener con facilidad más de 160 km/h (la
velocidad máxima anunciada es 175 km/h para el Roadster y
180 km/h para el Roadster Coupé), pero como el ruido del
viento es tan elevado y las turbulencias del aire molestan, lo mejor
es usar el techo, que aísla bien del exterior. En esas condiciones
lo que se escucha claramente es el sonido del motor.
Es
un coche muy bueno desde el punto de vista dinámico. Tiene
unas reacciones en curvas lentas y medias que aprecian quienes disfrutan
conduciendo deprisa en estas circunstancias. La carrocería
se inclina muy poco y, como el conductor y el acompañante
van muy bajos, no notan mucho los cambios de apoyo.
Con neumáticos 205 (en llantas de 15 y 16 pulgadas de diámetro)
es un coche que entra muy bien en las curvas, es ágil, subvira
muy poco y cambia de dirección con facilidad. La dirección
tiene buen tacto. Aunque no lo he conducido en las circunstancias
ideales, parece que mantiene muy bien la trayectoria a la hora de
frenar o levantar de golpe el pie del acelerador en una curva. Sobre
suelo seco no tiende a sobrevirar por exceso de tracción
a la salida de las curvas. Tiene control de estabilidad de serie,
que se puede desconectar mediante un botón dispuesto en el
salpicadero.
Las suspensiones sujetan muy bien los movimientos de la carrocería
y, aunque son firmes, me parece que tienen una cierta capacidad
de absorción de irregularidades; no son secas.
El motor de 82 CV de potencia tiene una buena respuesta en todo
momento y es progresivo. No tiene ningún momento donde haya
un incremento sustancial de la fuerza en un margen reducido de revoluciones.
Tiene suficiente fuerza para mover al Smart y a dos ocupantes con
agilidad en todo tipo de carreteras. Su sonido deportivo se hace
muy patente en el interior, no es un estruendo pero puede molestar
después en un trayecto largo.
Durante
el recorrido de la toma de contacto que transcurrió la mayor
parte del tiempo por carreteras de montaña, acelerando a
fondo muy a menudo y a un ritmo rápido, el ordenador de viaje
marcaba 8,5 litros cada 100 km.
En la versión Roadster Coupé, el techo (de plástico
duro) se desmonta en dos mitades y se guardan en el maletero trasero,
sobre un molde de corcho. En carreteras onduladas una de las dos
mitades rozaba con el soporte y en ocasiones hacía ruído.
En el interior he echado en falta más huecos para dejar
objetos. Las bolsas de las puertas son pequeñas y no dan
para meter más que el teléfono móvil y la cartera.
Entre los asientos delanteros también hay una forma practicada
para meter algún objeto pequeño (el mando del garaje
o unas llaves). La guantera (que es donde va la palanca para abrir
el capó) es muy pequeña; no cabe la documentación
o el libro de instrucciones. Ambas cosas van detrás de los
asientos, adheridos con velcro al tapizado.
La posición al volante es extraordinariamente baja. El volante
no tiene ningún tipo de ajuste y el asiento no tiene regulación
en altura, pero yo me sentí cómodo en todo momento.
No lo he conducido por ciudad. En carretera va mucho mejor con
el cambio en modo secuencial que en automático. Es básicamente
el mismo de los Smart «City Coupé y Cabrio»,
pero para su nuevo modelo, Smart ha hecho alguna modificación
en la gestión electrónica para que sea más
rápido.
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