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No va más
A
finales de febrero SEAT entregará las primeras unidades del León
TDi Sport con motor de 150 CV, del que ya se pueden hacer peticiones.
Tiene el mismo motor del Volkswagen
Golf TDI 150, un cuatro cilindros de 1,9 litros de cilindrada.
Para sacarle 150 CV tiene alimentación por bomba-inyector
y un turbocompresor
de geometría variable cuya presión máxima absoluta es muy alta (2,5
bares). El par máximo también es muy alto: 320 Nm; la fuerza que
hay sobre el pistón de este motor es mayor que la de otros mucho
más grandes y potentes, como cualquiera de los V8 Diesel de última
generación.
Al volante se siente claramente esa fuerza. Más que el empujón
que da el coche en marchas cortas si se acelera a fondo, resulta
sorprendente cómo puede subir rampas pronunciadas en sexta velocidad.
Aún no tengo mediciones, pero creo que este motor -por fuerza- supera
al mejor cuatro cilindros Diesel que había hasta el momento, que
era el de BMW. Y eso es decir mucho, porque el del BMW 320d es un
motor también extraordinario en este sentido.
Lo
que no tiene el motor Volkswagen es la suavidad de algunos de sus
competidores. En ciudad no es agradable porque a régimen muy bajo
empuja poco y, si se pisa más el acelerador para compensarlo, al
subir de régimen da un fuerte tirón. Para que no ocurra, justo antes
hay que levantar un poco el pie del acelerador, cuestión de costumbre.
Tiene un tacto un poco áspero, no vibra demasiado y, en aceleración,
el sonido es bronco.
A velocidad sostenida, si no hay que acelerar mucho, el motor se
oye menos que el aire. Esto se debe principalmente a la sexta velocidad;
como el motor tiene fuerza a medio régimen, puede ir en esa marcha
en un margen de velocidad muy amplio y aún conserva cierta capacidad
para acelerar. A 140 km/h va a menos de 2.700 rpm; a 180 un poco
por encima de 3.000.
No he medido el consumo, pero el homologado es muy bajo. Según
SEAT, el rendimiento de este motor es aún mejor que el del TDi 110.
He
conducido el León TDi 150 en autovía primero y, después, en una
carretera muy lenta y retorcida. De reacciones, en autovía va más
o menos igual que el León TDi 110, con la ventaja de una suspensión
más bien dura. Con relación a éste, la suspensión delantera es un
20 por ciento menos flexible, algo necesario en parte porque el
150 CV pesa más y casi todo ese aumento de peso está en el eje delantero.
No es incómodo, pero las irregularidades del suelo se sienten más
claramente que en el 110.
En carreteras lentas me ha sorprendido que no es muy subvirador,
que pierde tracción con la facilidad que cabría esperar y que la
tercera sirve para casi todo. Incluso de curvas muy lentas el coche
sale bien en tercera. Para adelantar, si hace falta la máxima aceleración,
hay que reducir a segunda cuando el coche va a menos de unos 70
km/h. El motor llega con fuerza a unas 4.400 rpm, pero de ahí pasa
malamente.
El TDi 150 cuesta 3.425.000 pesetas, 312.000 más que el 110 Sport.
A cambio da esos 40 CV, la caja de seis velocidades y para
quien lo valore unas llantas de 7 x 16 en lugar de 6 x 15,
ya que el resto del equipamiento es igual. Se distingue por fuera
en el letrero «TDi», en el que ya no quedan letras que
no sean rojas.
La
diferencia de velocidad y aceleración en carreteras rápidas es notable
en condiciones ideales, pero no tanto en las condiciones reales
de circulación; los 20 km/h de ventaja en velocidad punta que da
el 150 no son fáciles de aprovechar. Creo que viajar con menos ruido
es una razón más poderosa para recomendar el 150 que esa ventaja
de prestaciones. A no ser, claro, que produzca una gran satisfacción
experimentar la fuerza que tiene, o bien poseer un coche capaz de
subir cuestas en sexta con la misma aceleración que otros en cuarta.
Habida cuenta de que en ambos casos el control de estabilidad es
opcional y cuesta 85.000, si el presupuesto está limitado a esos
3,4 millones que cuesta el 150 CV, mi consejo es el 110 con control
de estabilidad en lugar del 150 sin él.
Habrá un Toledo con este motor más adelante.
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