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Sólo cambian por fuera
El Ibiza o el Córdoba Cupra no son claramente
más rápidos que un Audi A3 o un Volkswagen Golf con el motor turbo
de 150 CV, aunque la diferencia de peso y potencia podría indicar
que así es. No se nota mucha más fuerza en este motor que en el
150, pero sí mejor funcionamiento en régimen
alto; aunque da la potencia máxima a 5.800 rpm llega hasta 6.500.
No obstante como suele ocurrir con los motores de turbocompresor
destaca más por cómo funciona a medio régimen que por la fuerza
que da en régimen alto.
Los desarrollos
de transmisión están calculados para que el régimen del motor
a velocidad máxima coincida con el régimen de potencia
máxima. Por tanto, no va largo de desarrollo con relación
a su régimen de potencia máxima, pero sí un
poco con relación a su régimen máximo. Esto
y el escalonamiento
de las marchas con mucho salto entre segunda y tercera
hace que el Ibiza Cupra se desenvuelva mejor en carreteras rápidas,
donde se puede sostener un ritmo alto sin subir mucho de vueltas
(4.500 rpm en quinta es casi 170 km/h). Para carreteras lentas sería
mejor menos salto entre segunda y tercera, y un motor con un margen
de régimen más amplio. El cambio que no es impreciso pero
sí algo lento estorba menos en carreteras rápidas, en las
que hay que cambiar menos.
Con
el bastidor ocurre lo contrario que con motor y transmisión: responde
mejor en carreteras lentas. En las rápidas, sea por rectas o por
curvas amplias, no tiene una precisión en la trayectoria que dan
otros coches más grandes. Es algo relativamente normal en un coche
pequeño, pero este coche pequeño alcanza 218 km/h. No hace falta
ir a esa velocidad para sentir que una desaceleración en curva,
si es fuerte, puede causar un ligero movimiento de la carrocería,
nada agradable. En carreteras lentas, en cambio, la agilidad del
Cupra lo hace muy efectivo; es uno de esos coches que resulta muy
fácil de conducir con el acelerador. El control de estabilidad (llamado
ESP en este caso) es opcional y altamente recomendable, máxime cuando
sólo cuesta 85.000 pesetas; se puede desconectar, pero sólo es aconsejable
hacerlo para arrancar sobre superficie extremadamente deslizantes.
La suspensión se siente muy dura, pero más cuando
los movimientos de las ruedas son rápidos que cuando son lentos.
Por ejemplo, si el coche pisa cosas como un bache pequeño o una
junta de dilatación sobresaliente, la suspensión no lo absorbe bien
y se nota el golpe en el volante y en el asiento. En cambio, cuando
la rueda se mueve lentamente con relación a la carrocería, bien
al entrar en una curva o bien en una frenada, la suspensión sí mantiene
muy bien el contacto con el suelo, sin dar la impresión de ser demasiado
dura. El balanceo
de carrocería es muy reducido y la motricidad
suficiente, teniendo en cuenta la fuerza que puede llegar a dar
el motor.
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